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Música

Cristóbal Urrutia debuta en Bach Santiago: "Es un honor participar en un proyecto de esta envergadura y tan interesante"

septiembre 26, 2026

El músico especializado en la interpretación históricamente informada califica como admirable el proyecto que inició el querido maestro Víctor Alarcón y destaca el espíritu de colaboración de quienes son parte del ciclo. El domingo 27 de septiembre, en la Parroquia La Asunción de Santiago, conducirá las cantatas BWV 148, BWV 78 y BWV 100. Actuarán como solistas Claudia Figueroa, Valeria Vega-Matus, Rodrigo del Pozo y Patricio Sabaté.

Cristóbal Urrutia debuta en Bach Santiago: "Es un honor participar en un proyecto de esta envergadura y tan interesante"

Un especialista con una significativa trayectoria internacional llega a conducir, como invitado una nueva entrega del ciclo Bach Santiago: Cristóbal Urrutia. Mientras se especializaba en Europa, fue parte de incontables conciertos abocados a Johann Sebastian Bach y la música barroca fue su espacio artístico como virtuoso violinista. Luego se centraría en la dirección, fundando la Orquesta de Cámara de Valdivia al volver a vivir a Chile, con un trabajo también en la gestión que incluye haber sido director ejecutivo de la Corporación Cultural Universidad de Concepción y ser, hasta la fecha, director artístico del sello Chile Clásico.

«Es un honor, por supuesto, participar en un proyecto de esta envergadura y tan interesante como es Bach Santiago. Un proyecto tan ambicioso, en el mejor sentido de la palabra. Me parece realmente admirable esta idea que empezó el querido maestro Víctor Alarcón hace ya ocho años y es una gran alegría ser parte de este hermoso proyecto», comenta Cristóbal Urrutia.

Este músico chileno estará a cargo de la dirección del concierto Bach Santiago 61, que se efectuará a las 18 horas del domingo 27 de septiembre en la Parroquia La Asunción (Vicuña Mackenna 69, esquina Barón Pierre de Coubertin, inscripción gratuita). Además, se transmitirá en vivo en musica.uc.cl.

Este templo que reabrió reconstruido en mayo de 2025, tras haber sido saqueado en noviembre de 2019 e incendiado un año después, debutará en el circuito de espacios que son parte de la hazaña de interpretar, por primera vez en América Latina, todas las cantatas de Johann Sebastian Bach.

Con la actuación solista de la soprano Claudia Figueroa, la mezzosoprano Valeria Vega-Matus, el tenor Rodrigo del Pozo y el barítono Patricio Sabaté, y junto al Coro y Orquesta Bach Santiago, se abordarán las cantatas BWV 148, Glorificad al Señor en su nombre, BWV 78, Jesús, tú que libraste a mi alma, y BWV 100, Lo que Dios hace, bien hecho está.

Los corales los asumirán los propios solistas más ocho otros cantantes y la orquesta la integrarán cinco profesores, tres alumni y tres estudiantes de Música UC, además de cinco instrumentistas invitados.

Cristóbal Urrutia, además, es uno de los músicos profesionales que ha asistido, como público, a diversas presentaciones del ciclo Bach Santiago.

«Me interesa mucho, he estado tres veces este año en distintos conciertos. Me gusta mucho también el espíritu que tienen el proyecto y las personas que participan en él, que es muy de colaboración. Es evidente que participan porque quieren, les interesa y les gusta esta música, ciertamente, pero también porque le tienen cariño al proyecto. Eso se nota cuando uno va a los conciertos, lo he sentido», asegura el director invitado.

Valora la excepcionalidad del proyecto: «Lo que más se conoce son las grabaciones de la integral. Esto es un hito que va a quedar en la historia de la interpretación de la música de Bach».

Las tres cantatas que interpretarán el domingo 27 de septiembre, aclara, «son bastante contrastantes».

Se detiene especialmente en la cantata en Sol menor, la BWV 78. «Tiene un carácter mucho más introspectivo e introvertido, habría que ahondar tal vez en la espiritualidad luterana. Parte desde la angustia y va evolucionando hacia la certeza de la fe; parte con el coro inicial que está en forma de passacaglia, en tres cuartos y con un bajo cromático que baja por semitonos de la tónica a la dominante. Eso se repite 27 veces durante todo el movimiento, y sobre ese ostinato, esa idea repetida en el bajo y después en otras voces, está esta idea de la angustia del pecado. Este primer movimiento es muy, pero muy impactante y conmovedor, tanto por la música como por el texto», detalla Cristóbal Urrutia

Sin embargo, la cantata BWV 78, indica, va evolucionando. «Ya el siguiente movimiento dice textualmente ‘Corremos con pasos débiles, pero diligentes, oh Jesús, oh maestro, hacia ti, para que nos ayude». Será, creo yo, uno de los momentos más hermosos del concierto, un dúo de soprano y de alto, muy bonito y con un bajo muy entretenido, con un solo en el chelo. Normalmente el chelo va asociado al bajo continuo, va tocando lo mismo que el órgano, pero aquí no, aquí el chelo tiene una voz distinta y es muy bonito ese momento. Y se va abriendo desde esta cosa más oscura, un poco tortuosa en el primer movimiento se va abriendo poco a poco hasta el coral final donde viene esta confirmación de la fe», apunta.

Las otras dos cantatas, son diferentes. La BWV 148, señala, «es de espíritu bastante más liviano» y la BWV 100, «es una cantata muy optimista, muy positiva». Sus tonalidades dan cuenta de ello: en re Mayor la primera, y en Sol mayor la última. Características que se reflejan, por cierto, en la instrumentación. Con timbal y cornos que, en este concierto, serán reemplazados por trompetas. «Los bronces suelen usarse para momentos más celebratorios».

Entonces, resume el director invitado, «vamos a partir de una idea más optimista, con el solo de trompeta que parte la cantata BWV 148, después nos vamos a un momento de recogimiento y de reflexión, y volvemos luego a un momento mucho más alegre y optimista con la cantata BWV 100, que repite una frase en cada uno de los seis movimientos: ‘Lo que hace Dios está bien hecho’, la que tiene una función ritual de antífona».

¿Podría profundizar en cómo es el ejercicio de dirigir desde el violín? Entiendo que es algo usted hizo largamente, pero que hace tiempo no lo ejecutaba.

«Es cierto. Vuelvo a hacerlo después de bastante tiempo. Para mí, es la forma más cómoda y más natural de dirigir, la verdad, porque así partí. Partí dirigiendo en el año 2003, un poco sin quererlo. Sucede que yo había estudiado desde 1995 en el Conservatorio de La Haya,  después en el Conservatorio de Bruselas, y en 2003 vine a Chile a hacer talleres para orquestas juveniles de interpretación históricamente informada, es decir, de música antigua, que es lo que yo conocía bien. Y la forma más lógica que toma un taller cuando es para orquesta juvenil es la preparación de un concierto; no tiene mucho sentido estar ahí simplemente trabajando y que eso no vaya a desembocar en la consecuencia, que es el trabajo de orquesta. Así que transformaron estos talleres en la preparación de un programa, y cuando uno está preparando un programa, uno es el director, aunque uno haya llegado pensando que era como el relator del taller. Y lo que hacía yo era demostrar con el violín en la mano, y haciendo eso uno de a poco empieza a dirigir. Es algo que pasa súper naturalmente, y para mí la forma más natural es hacerlo desde el violín. Aunque después dirigí bastante sin el violín, me sigue quedando mucho más cómodo, especialmente para la música barroca. Me parece mucho más eficiente. Porque en el repertorio sinfónico, un buen director lo muestra todo con el gesto de las manos; son capaces de transmitir con las manos lo que quieren. Yo eso lo transmito mucho más fácilmente con el gesto desde el violín, especialmente con el gesto del arco. Es una forma de usar el arco muy distinta, una forma de emisión del sonido muy distinta de la forma ‘moderna'».

Ustedes ya tuvieron un ensayo, el martes 22 de septiembre. ¿Cómo resultó ese ejercicio de dirigir desde el violín? Entiendo que con algunos de los músicos usted ya había trabajado, ¿no?

«Sí, con una buena parte había trabajado ya, ciertamente, con Verónica Sierralta, Gonzalo Beltrán y Camila Navia, y con algunos de los cantantes, con Rodrigo del Pozo, por supuesto. Resultó muy bien, y ciertamente creo que es mucho más fácil desde el violín. Y hay otra cosa que para mí es importante, que es el hecho de yo estar tocando y no moviendo las manos, porque delega un poquito más la responsabilidad en cada músico. Eso es algo que no ocurre tan claramente en la orquesta sinfónica, por la envergadura del conjunto; con 80, 90 músicos tiene que haber una responsabilidad central que sea el director. Pero en esto que es muy de cámara, encuentro que funciona mejor cuando la responsabilidad se delega y eso ocurre más naturalmente cuando la persona que dirige está desde el instrumento».

¿Y qué le parece que en la orquesta se integren profesores e invitados especialistas, personas con mayor trayectoria, así como estudiantes y titulados recientes de la UC?

«Me parece fantástico porque lo que tienen en común es la voluntad, el interés, el entusiasmo. Por lo demás, es un nivel técnico y musical muy alto. Pero lo que más destaco es que todas las personas que están ahí tienen una excelente disposición a trabajar, a aprender donde haya algo que aprender y a colaborar, y es muy grato trabajar así».

¿Y qué opina de que el coro también se organice con criterio histórico y los cantantes solistas se sumen a otros cuatro cantantes para los corales?

«Sí. Soy un ferviente partidario de esta forma de hacerlo. Hace unos 15 o 20 años, leí el libro The Essential Bach Choir, de Andrew Parrott, que se basa en un artículo de Joshua Rifkin de los años 80, en el cual a partir de cuatro o cinco razonamientos distintos, todos basados en fuentes históricas de distinto tipo, como por ejemplo, una carta que mandaba Bach en el año 1727 me parece, al ayuntamiento de Leipzig, donde se queja de la calidad del talento musical de los 67 estudiantes  con los que él debe trabajar, y los divide en cuatro grupos: desde los que realmente no sirven para nada hasta los 15, 16 músicos con los que él realmente puede hacer cualquier cosa: Según recuerdo, hay también fuentes pictóricas. Pero quien lea ese libro o el artículo de Riskin, de hecho, queda muy convencido de que realmente ésa era la forma en que lo concibió Bach, y no por una cuestión de gusto, sino que simplemente porque esas eran las fuerzas que tenía a su disposición. Hasta el siglo XX, los compositores trabajan siempre de acuerdo con los medios, es decir, adaptan su forma de componer a eso. En cambio, la idea del compositor que trabaja en abstracto es una cuestión del siglo XX, hasta el XIX claramente los compositores trabajaban para aquello que tenían disponible. Bach probablemente tenía disponible un pequeño grupo con un instrumentista y un cantante por voz, y por lo mismo va tener mayor libertad para componer con un contrapunto más denso, cosa que no funciona tan bien si uno está trabajando con un coro completo, que puede ser también mucho más virtuoso desde el punto de vista de la escritura para las voces. Hay cosas en las Pasiones y en la Misa en Si menor que son extremadamente virtuosas para el coro y que regularmente uno se encuentran con dificultades cuando se trabaja con un coro, porque no está escrito para una masa. La verdad es que la música se siente muy bien con esta forma de trabajar de uno por instrumento y uno por voz, tiene todo el sentido. Agarra una coherencia, una cohesión orgánica que no está cuando se trabaja con grupos más masivos en la música de Bach, que no es el caso, por ejemplo, de Corelli o de Haendel, que tenían a su disposición muchísima más gente».

¿Podemos hablar de su experiencia previa con Bach, especialmente en los años que se dedicó al Barroco como violinista?

«Me encanta el Barroco, particularmente Bach. Me fascina. He dirigido más bien obras instrumentales, he dirigido y he tocado cinco de los seis conciertos Brandenburgueses, es decir todos menos el que es para violas y no tiene violín. También, algunas de las suites. Aunque no había dirigido su música vocal sí la toqué mucho porque en Holanda, que es una de las cunas del movimiento de la interpretación históricamente informada, se tocan mucho las Pasiones, en cada Semana Santa se tocan entre 80 y 100 conciertos con las Pasiones según San Juan y según San Mateo. Casi no da abasto la cantidad de músicos, entonces a uno lo llaman mucho. Conversábamos en el conservatorio entre los compañeros de estudio cuántas San Mateo y cuántas San Juan tenía cada uno. Así que en Semana Santa estábamos llenos de invitaciones a tocar como parte de la orquesta, y eso me permitió interiorizarme muy bien, desde adentro del repertorio. Fue una experiencia increíble, de cuatro cinco años tocando tres San Mateo cada año y varias veces la Misa en Si menor».

Por Romina de la Sotta Donoso | 23-09-2026 | Originalmente publicado en musica.uc.cl.

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