Emilia Noguera: "Haber estudiado música es fundamental para la dramaturgia que yo escribo; para mí una obra de teatro es lo mismo que una partitura"
enero 6, 2026
Desde el 8 de enero, y dentro del Festival Teatro a Mil, ICTUS estrena Caballo, con dramaturgia y dirección de Emilia Noguera. "Es una obra que tiene mucho humor y sirve para reflexionar sobre lo que ha pasado en el último tiempo", adelanta, y revela que este montaje tuvo su origen, literalmente, en un sueño de Paula Sharim. La también actriz profundiza en aquello que la mueve a ejercer el teatro desde tantos roles, y habla de lo que representan la música clásica y Radio Beethoven para ella.
Desde el 8 al 24 de enero, Teatro ICTUS estrena una nueva producción, dentro del 33er Festival Internacional Teatro a Mil. Se titula Caballo y, haciendo nuevamente un ejercicio de ubicarse en dos distintas aristas del trabajo escénico, en Emilia Noguera es la dramaturga y la directora de esta obra que reúne a actores con bastante trayectoria en la compañía y artistas que se han integrado más recientemente.
Esta propuesta se puede ubicar en el teatro del absurdo, pero se despliega como una comedia dramática: una mujer toma conciencia de que está sobre una escultura de Virginio Arias, específicamente, sobre el caballo que antes montaba el general Baquedano en la plaza homónima.
La realidad y el sueño no son fácilmente distinguibles: la protagonista de Caballo conversa con personajes sumamente simbólicos: una hija que es militar, un marido que es detenido desaparecido, además del Dios y el diablo.
Foto: Nathaly Arancibia.
El elenco lo integran María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate y Camila Oliva. Con esta obra, ICTUS cierra las celebraciones de sus 70 años de existencia, después de haber repuesto varios de sus montajes más emblemáticos.
Conversamos sobre Caballo con Emilia Noguera.
¿Cómo ha sido su relación con Teatro Ictus? Imagino que usted la ubicaba desde muy pequeña, por provenir de una familia teatral y por la trayectoria misma de la compañía. Considerando eso, ¿cómo ha sido integrarse a ella?
«Sí, es una compañía que yo conocí de niña, efectivamente. No la visité tanto de niña, pero sabía que existía, sabía que mi papá trabajaba acá también. Alguna que otra vez vine a algún ensayo, a alguna función. Y después, ya en el año 2019, me contactó Paula Sharim para que formara parte del equipo artístico del teatro. El antecedente de esto era que antes ella me había llamado para que le escribiera una obra, para que trabajáramos juntas, y en eso anduvimos bien; luego me ofreció ser parte del equipo artístico del Teatro Ictus, y eso es lo que estoy haciendo aquí desde el 2019. Eso significa trabajar en la curatoría, a veces en la producción, a veces dirigiendo, a veces escribiendo, a veces actuando, a veces todo junto. Así que desde el 2019 tengo una relación formal con el Teatro Ictus».
Es interesante porque ICTUS es una compañía que tiene una tradición propia y que, al mismo tiempo, se ha ido renovando. Y todos hemos sido testigos de cómo se ha ido incorporando más gente en esta vida larga y extensa. ¿Es relevante para usted trabajar con una compañía que tiene una trayectoria y un peso, y que también una identidad política?
«Sí, claro. Es muy importante para mí. Sobre todo, el hecho de tener un espacio en el que yo siento que tengo la libertad para crear. Es un privilegio. Aunque también es la consecuencia del trabajo que uno ha hecho en la vida, sobre todo tiene harto de privilegio, de suerte. Poder tener un espacio en el cual yo me puedo expresar, donde puedo dirigir, escribir, actuar, y donde puedo opinar sobre la curatoría. Y lo que tú dices de que es un espacio que tiene una importancia política, es muy cierto. O sea, es un espacio que en su momento fue muy importante en dictadura: luchó y resistió. Y cuando acabó la dictadura continuó renovándose, pero siempre relacionado con las cosas que están sucediendo en nuestro país, sobre todo en la política».
Cierto. Y es el caso también de Caballo, ¿no? Es una obra que tiene que ver con el acontecer medianamente reciente; es pregunta y al mismo tiempo reflexión. ¿Qué nos puede decir de Caballo, la obra que usted escribió y que usted dirige, especialmente respecto de esta imagen tan fuerte con la cual trabaja, la del caballo de la escultura de Baquedano?
«La verdad es que en e año 2020 más o menos, Paula Sharim tuvo un sueño arriba de un caballo; me lo comentó y entre las dos empezamos a soñar con esta obra. Empezamos a escribirla y luego cae la pandemia, entonces obviamente el devenir del teatro se fue para otro lado porque las necesidades del momento eran otras. Había que hacer teatro por Zoom, había que inventar cápsulas cortas, en fin… Empezamos después con otras creaciones y este año yo me acordé que había empezado a escribir esta obra a partir de su sueño y decidí retomarla, lo que fue bueno porque ya teníamos encima todo el proceso, no sólo de la pandemia, sino sobre todo del estallido. Entonces la obra es una especie de reflexión más emocional que histórica, de lo que nos ha pasado con los últimos años de historia de nuestro país, que han sido bastante confusos».
Foto: Nathaly Arancibia.
Emilia Noguera profundiza. Es una reflexión emocional, con raíces en la dictadura incluso, de un período que ha sido especialmente difícil de procesar e interpretar.
«Como los últimos años de historia de nuestro país, que han tenido muchos giros en la trama, que han tenido muchas sorpresas y que han tenido mucha ilusión para luego vivir una fuerte desilusión, hay algo emocional ahí que queda y que es algo confuso. Eso está representado en una mujer que es María Elena Duvauchelle, que parte la obra montada sobre este caballo que ya no existe en Plaza Baquedano. Ella está confundida, no sabe si está en dictadura, en estallido, en pandemia o en la Guerra del Pacífico, entonces hace un repaso de lo que ha sucedido el último tiempo», adelanta la dramaturga y directora.
¿Qué le gustaría decir sobre los intérpretes con los cuales está trabajando?
«En cuanto a los intérpretes, tengo un equipo muy bonito, muy clásico Ictus también; porque hay clásicos y hay nuevos. De clásicos tenemos a Roberto Poblete, a Paula Sharim y a María Elena Duvauchelle. Y, de ‘nuevos’, está Nicolás Zárate que también es parte del equipo artístico del teatro, está Camila Oliva que se unió al Ictus desde Primavera con una esquina rota, luego hizo con nosotros Vania y ahora está. Ella, al mismo tiempo de ser actriz de la obra, es mi asistente de dirección. Y está Daniel Muñoz, quien también se unió a los elencos desde Primavera con una esquina rota. Entonces hay una mezcla bonita de gente antigua con gente nueva».
Foto: Nathaly Arancibia.
Ahora, ¿cómo es para usted trabajar en tantas facetas distintas del quehacer teatral? ¿Eso obedece a una necesidad creativa, a una forma de expresión? Porque también me llama la atención que usted explora igualmente muchas facetas como intérprete, ha estado en obras de teatro donde la gente canta, otras que son súper reflexivas, o simbólicas o abstractas, y como autora también tiene una creación bastante diversa. ¿Qué es lo que la motiva a desarrollar tantas facetas?
«Sí, qué lindo lo que me dices, muchas gracias. Eso ha respondido a distintos estímulos durante la vida, y el que se mantiene más constante es justamente la necesidad de expresar desde distintos lugares. Pero también tiene que ver con la educación que recibí, tiene que ver con ir probando distintos formatos, y a veces ha tenido que ver con una necesidad de estabilidad. Para ser sincera, es algo que ha sido muy movible a lo largo de la vida, pero lo que se ha mantenido constante es la necesidad de expresión».
Se lo pregunto porque uno está acostumbrado en las generaciones anteriores a que puede suceder que los actores desemboquen en la dirección o que, siendo directores a veces tuvieran que actuar, o quisieran hacerlo. Y también estábamos acostumbrados a que algunos dramaturgos devinieran directores o los actores en dramaturgos. Sin embargo, este paso de un rol a otro dependiendo de cada uno de los proyectos y esa habilidad de relacionarse con todos los colegas como pares, es algo más reciente me parece. Da la sensación de que hay una paridad más manifiesta y que no se castiga el hecho de que alguien cumpla roles distintos.
«Sí, yo creo que hay una diferencia grande que tiene que ver con el miedo; creo que yo soy de la primera generación que ha perdido un poquito el miedo. Yo no soy nada de joven, tengo 42 años, pero hablando con gente más grande, me he dado cuenta que ellos no hacían esto que nosotros hacemos ahora, esto de pasarse de una cosa a la otra, sobre todo por miedo. Por miedo a la opinión de las personas, por miedo a no estar lo suficientemente preparado, por un miedo que yo creo que inculcó bastante la dictadura, y que tiene que ver con la censura. Siento que mi generación no tiene ese miedo, somos un poquito más arrojados, incluso un poquito más faltos de respeto en ese sentido. Y hemos ido aprendiendo mientras hacemos. Entonces, sí. Y creo que efectivamente tienes también razón en el punto de la paridad, se juzga menos que antes que una persona más joven te dirija y que escriba, o que una persona más joven sea tu compañera. El teatro tiene eso que es muy bonito, que tu compañera puede tener 83 años y tú 25, y son lo mismo en el escenario».
Foto: Nathaly Arancibia.
Claro. Y también hay una forma de paridad entre los roles, cada uno de los oficios, desde el tramoya hasta el director, cada uno de los roles es fundamental. Sin una persona, la obra no se puede montar y ese respeto por que oficio del otro, por cada oficio de los otros, se nota en los grupos humanos que trabajan en teatro. No hay castas.
«No, no puede haber porque, en el fondo, todas las cabezas están interpretando un mismo texto. Por ejemplo, yo sin el diseñador no podría mostrar lo que estoy pensando, y sin el tramoya no hay función, y tampoco la hay sin el músico».
Y hay otra cosa distinta en las generaciones más jóvenes del mundo del teatro, algo que pasa con los compositores también en la música de tradición escrita, y que tiene que ver con un cierto eclecticismo y una libertad enorme. Antes, la industria del entretenimiento estaba bien diferenciada del teatro serio y las rebeldías eran castigadas. O sea, transitar entre los dos mundos era más difícil, porque salirse de uno de esos mundos se pagaba muy caro, ¿no?
«Sí, yo pienso lo mismo. Era muy cara la salida y era mucho más juzgado. O sea, imagínate que hubo un tiempo muy largo en la historia en que si tú eras actor de teatro no podías hacer televisión. Yo creo que después comprendieron que en el fondo era un privilegio estar trabajando de la actuación, fuera en el teatro, en la tele, donde fuera. Poder hacer sólo teatro es un privilegio para muchos, la mayoría tenemos que ser miles de otras cosas y eso yo creo que las generaciones más nuevas lo comprendieron y dejaron de juzgar tan rudamente».
Sí, y el público también supo moverse y valorar lo que hay que valorar: el trabajo, la creación, la obra, más allá del formato. Respecto de su relación con la Universidad Católica, ¿cómo recuerda sus años de estudio en la Escuela de Teatro UC?
«Le tengo muchísimo cariño a esa escuela, que fue muy importante para mí desde muy niña, porque mi papá trabajó ahí toda la vida y mi mamá trabajó ahí toda la vida. Entonces yo iba mucho de niña, después estudié ahí actuación y después tuve la suerte de trabajar varias veces en el Teatro UC. Es gente que yo quiero mucho, es un lugar que me da mucha alegría, un lugar muy familiar para mí. Todas mis experiencias en esa escuela, aunque suene idílico, han sido buenas. Han sido experiencias importantes, con las que he crecido y he aprendido: fui alumna, fui ayudante, he sido dramaturga ahí, he sido actriz, he sido directora ah. La verdad es que es un lugar que me ha dado un montón».
Entiendo que dos hermanos suyos se formaron como intérpretes en el Instituto de Música UC, y que usted estudió piano por bastante tiempo. ¿Cómo es hoy su relación con la música hoy? ¿Y con Radio Beethoven?
«Bueno, yo me crié con Radio Beethoven porque mi mamá no escucha otra cosa (ríe). Entonces, todas las idas al colegio, las vueltas del colegio, y los domingos, la música a todo chancho… Radio Beethoven para siempre en mi casa. Así que también le tengo mucho cariño. Yo estudié piano desde los seis años, estuve en clases con el método Suzuki hasta los 20 años, con mi profesora Maite Daiber. Y toda esa educación musical se traduce mucho en mi dramaturgia. Es fundamental haber estudiado música para la dramaturgia que yo escribo, para mí una obra de teatro es lo mismo que una partitura. Y mis hermanos estudiaron percusión en el Instituto de Música de la UC».
Foto: Nathaly Arancibia.
¿Nos puede explicar en qué sentido la dramaturgia es como una partitura? Lo es en el sentido del tipo de estructura, en el sentido de la expectativa? ¿Qué es lo que tienen en común?
«Siento que la dramaturgia, al menos la que yo escribo, tiene mucho que ver con la partitura en el sentido de su ritmo, de las pausas, de los silencios. Y en el hecho de que tiene distintos actos que podrían ser andante uno, el otro allegro… Y siento que si no se respeta eso, se cae un poco. Es como Bach; tú puedes interpretar Bach, pero hasta un punto puedes salirte de su métrica, de su ritmo, porque o si no se te desarma. Yo siento que las obras que yo escribo tienen un poco que ver con eso».
¿Qué le diría usted a los auditores de Radio Beethoven como invitación a que vayan a ver Caballo? ¿Qué tipo de experiencia van a vivir?
«Les diría que vengan a ver la obra Caballo para que pueda hacerse una idea de lo que ha pasado el último tiempo en Chile a través de personajes que van a entregar material para lograr esa reflexión. Es una obra que además tiene mucho humor, es una obra que sirve para reflexionar sobre lo que ha pasado en el último tiempo».
Nicolás Zárate, Paula Sharim y Emilia Noguera, equipo artístico de ICTUS.
Coordenadas 20 horas, jueves a sábado. 7 al 24 de enero. Sala La Comedia de Teatro ICTS (Merced 349). Entrada general: $12 mil, jueves y viernes, y $15 mil el sábado. $9.600 para estudiantes y tercera edad. Venta de entradas: Ticketplus.
Ficha artística Dramaturgia y dirección: Emilia Noguera | Asistencia de dirección: Camila Oliva | Elenco: María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate, Camila Oliva | Diseño integral: Cesar Toro | Realización escenográfica: José Miguel Carrera | Realización de vestuario: Javiera Labbé | Música y diseño sonoro: Andrés Abarzua & Felipe Bribbo | Diseño gráfico: Cesar Toro | Producción: Alessandra Massardo y Catalina Tapia | Asistente de producción: Paula Galleguillos | Comunicaciones: Sofía Oksenberg | Adaptación sonora y técnica: Lenin Silva | Técnico de iluminación: Matías González | Tramoya: Nelson Vargas.
Por Romina de la Sotta Donoso | 06-01-2025.
El equipo creativo o artístico de ICTUS es: Paula Sharim, Emilia Noguera y Nicolás Zárate
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Con la dirección de Claudio Pueller y protagonizado por Katty Kowaleczko, Maria Mater Dei tiene nueva función gratuita el 21 de agosto. "Es una ficción desde mis pobres conocimientos y desde mi pobreza humana. Pero es lo que yo puedo hacer", señala su autor.
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