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Música

Paolo Bortolameolli: "Siento una bella felicidad por volverme a encontrar con la Sinfónica de Chile, que fue la orquesta que me formó en muchos sentidos"

abril 12, 2024

El director chileno habla de los conciertos que tendrá en su retorno a la orquesta, tras cinco años, y de sus próximas presentaciones en el ciclo Clásica No Convencional y con la Sinfónica Nacional Juvenil. También se refiere al documental Veni Creator, que documentó el estreno de la Octava de Mahler y que será liberado en YouTube.

Paolo Bortolameolli: "Siento una bella felicidad por volverme a encontrar con la Sinfónica de Chile, que fue la orquesta que me formó en muchos sentidos"

Foto: Juan Pablo Garretón.

La última vez que había actuado con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile fue hace cinco años y fue un éxito en todos los sentidos: el teatro Universidad de Chile estuvo absolutamente lleno y las críticas fueron muy positivas.

Desde entonces, el director chileno ha debutado con numerosas orquestas de distintas partes del mundo, y se ha consolidado como la batuta nacional con mayor proyección internacional. Asimismo, protagonizó uno de los hitos musicales de las últimas décadas en nuestro país: estrenó con más de 600 intérpretes la Octava Sinfonía de Mahler en Chile, para celebrar los 30 años de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, cuya titularidad asumió en 2002.

Ahora, vuelve a conducir a la Sinfónica de Chile, en dos conciertos. Serán a las 19:30 horas del viernes 12 y del sábado 13 de abril, con un programa que celebra el centenario del nacimiento de Leni Alexander, la más relevante compositora del siglo XX en Chile y que, además, exhibe un intenso acento lírico, con un ciclo de canciones de Montsalvatge y una de las sinfonías de Tchaikovsky favoritas de las audiencias, la Quinta.

Sobre este retorno conversó Paolo Bortolameolli con Radio Beethoven, profundizando en su vínculo personal y profesional con la Sinfónica. También se refiere a sus próximos compromisos en Chile, que incluyen un concierto en una bodega y una presentación con la Sinfónica Nacional Juvenil.

¿Cómo se toma este reencuentro con la Sinfónica, considerando que hace cinco años no le había tocado dirigirla?

«Exacto. Y siendo que esa última vez que me tocó trabajar con la Sinfónica fue una experiencia bellísima, porque fue cuando hicimos La Canción de la Tierra en una circunstancia poco usual, porque fue una colaboración artística con la compañía Teatrocinema, en este proyecto que además se había estrenado el año anterior en Los Angeles, junto a la Filarmónica de Los Angeles y con Gustavo Dudamel liderando. Fue un encargo de él el hacer esta Canción de la Tierra montada y, claro, las circunstancias de la vida inesperadamente se cruzaron. En ese momento yo, sin tener la más remota idea, porque estaba recién asumiendo como director asistente de la Filarmónica de Los Angeles, de que el principal proyecto que iba a estar haciendo yo, comenzando mi período de asistente, era trabajar con una compañía chilena. Es una cosa muy graciosa, porque era algo como ‘Yo, que estoy trabajando en Los Angeles, voy a tener que ir a Santiago de Chile a trabajar con una compañía de teatro chilena porque van a hacer La Canción de la Tierra acá. O sea, realmente era medio surrealista el nivel de coincidencia. En esa preparación para el concierto de Gustavo me toca venir un par de semanas a trabajar con Yuval Sharon, que era el director en residencia y el creador conceptual detrás de esta mezcla entre Mahler y Teatrocinema. Vinimos a Santiago, ahí me toca conocer obviamente muy de cerca a los chicos de Teatrocinema y en algún momento surge la inevitable idea de decir ‘Oye, si esto se va a estrenar en Los Angeles, no podemos no hacerlo en Chile’, y de alguna manera súper natural surge que el que tenía que dirigirlo era yo, y todo se cruza con Teatro a Mil, con la participación de la Sinfónica de Chile y terminamos haciendo este concierto que fue súper bello, la verdad. Fue un concierto muy lindo, con gran convocatoria de público, con una energía muy bonita de la Sinfónica. Vale recordarlo, fue un concierto además premiado, fue premio de la crítica de ese año. Entonces me quedé con esa sensación de con la Sinfónica de ahí en adelante íbamos a seguir viéndonos seguido, pero bueno… Hubo una pausa de cinco años que me hace regresar con un sentimiento que no es solamente el agradecimiento, sino que de bella felicidad por volverse a encontrar con un grupo de músicos que representan muchas cosas para mí. La Sinfónica de Chile fue la orquesta que me formó en muchos sentidos. Primero que nada, antes de que yo siquiera tuviese el primer contacto como músico con ellos, era la orquesta que me enseñaba repertorio. Cuando yo tenía 13, 14, 15 años lo que hacía era ir todos los viernes y todos los sábados a la Sinfónica porque sabía que, sí o sí, iban a tocar algo que yo no conocía. No solamente porque me estaba formando desde un punto de vista auditivo, sino que porque la Sinfónica siempre se caracterizó por ser una orquesta que tocaba repertorio poco usual, estrenaba obras, tocaba música menos tocada. La primera vez que escuché la sinfonía Matías el pintor de Hindemith, fue con la Sinfónica, y así tantas obras insignes que para mí eran súper importantes. Después pasa este hito que es dirigir dentro del programa El niño director, después debuto como solista, entonces, no puedo no sentir un tremendo como cariño por la Sinfónica; es parte esencial de cómo me formé como músico. Entonces, el lunes, que fue el primer ensayo, había una genuina emoción de mi parte, de sentir qué lindo es estar trabajando con esta orquesta, con esta gente, que además muchas caras son conocidas de muchos años y otras, que son las caras nuevas, que son los jóvenes, también son caras conocidos, porque los conozco, sea porque venían de la Juvenil que yo venía dirigiendo antes como director invitado, o de otras agrupaciones. Entonces yo creo que no hay cara en la Sinfónica que yo no conozca, y eso para mí ha significado mucho porque ha sido una semana súper positivo, en todo sentido, desde lo musical hasta lo humano». 

Foto: Juan Pablo Garretón.

Es bonito pensar que cuando fue el lanzamiento de la temporada 2024 de la Sinfónica, habló la nueva directora ejecutiva y habló un representante de los músicos que explicó que la temporada la habían empezado a trabajar antes de que hubiera nuevo director ejecutivo, que habían tomado la decisión de armarla los músicos y que estaban muy agradecidos de que la directora ejecutiva nueva se sumó a sus propuestas. Entonces, en el fondo, esta invitación también tiene que ver con un momento en que la orquesta toma la decisión de programar y eso siempre tiene un peso especial en el caso de los directores, porque significa que hay un gran trabajo previo con ese director y que los propios músicos quieren reconocer al invitarlo.

«Mira, no te puedo contestar otra cosa que lo siguiente: eso para mí es el reflejo más importante de cómo uno construye lazos con los músicos. Hasta la administración más eficaz, más productiva e inteligente en su planificación, no es suficiente si no se toma en suficiente peso lo que los músicos de la orquesta quieren, lo que los músicos de la orquesta opinan, porque finalmente con los que uno trabaja son los músicos. Por eso yo siempre he defendido mucho esta postura de que tanto administración, como director titular y orquesta tienen que ser como una especie de trilogía virtuosa. O sea, no pueden ser mundos aparte. Cada uno tiene áreas distintas, pero tienen que ser absolutamente complementarios en cuanto a una visión que mire en aras de este bien común que es tanto el crecimiento artístico, como la variedad de las programaciones y la forma de mantener a la audiencia sumamente motivada, que tengan un rol educativo, de difusión, o sea, todo eso es un engranaje muy perfecto si es que se encuentran las personas que, de alguna manera, vean en esto fuerzas que reman para el mismo lado, que son todos compañeros de la visión. Entonces, efectivamente, con el cambio de director ejecutivo del CEAC se suma también la voluntad y el fantástico trabajo que ha hecho el maestro Rodolfo Saglimbeni, al cual yo le tengo un cariño enorme, un aprecio, un respeto muy grande, pero por otra parte, como bien dices, también los músicos. Si la Orquesta Sinfónica son los músicos, todas las orquestas son los músicos. Entonces, no hay nada más bello que las relaciones que se generan. Yo no puedo separar lo que es una relación artística con una humana, o sea, para mí no existe eso de que ‘Sí, es bien músico, pero la verdad es que no nos llevamos muy bien con esa persona como persona’. Me cuesta comulgar con esas excepciones, o sea, las cosas son completas. De hecho, un ensayo de orquesta no es solamente ir poniendo notas juntos, ritmos, matices, ¡no! Es ser capaz de lograr esta comunión de seres humanos que estamos literalmente creyéndonos que lo que estamos haciendo vale la pena y que lo que estamos haciendo es sumar fuerzas entre el director invitado, entre los músicos de la orquesta y ahí de nuevo, extiendo, hacia el director titular, hacia la gerencia, hacia todos. Eso es lo que a mí me hace sentido. Entonces volviendo al origen de la pregunta, me pone más que feliz saber que este bello reencuentro es fruto de eso, de ese entendimiento integral».

Foto: Juan Pablo Garretón.

¿Qué les diría a los auditores de Radio Beethoven como invitación a los conciertos del 12 y 13 de abril con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile?

«Los quiero dejar invitado pues el recorrido de las grandes quintas continúa. A mí me toca la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, este viaje desde la oscuridad a la luz, el viaje del héroe que encuentra su victoria hacia el final. Pero en la primera parte, dos obras súper importantes. Por una parte, Equinoccio de la compositora chilena Leni Alexander. Con un lenguaje muy propio, buscando sonoridades, texturas, y luego las Cinco Canciones Negras cantadas por Nancy Gómez. No se lo pueden perder».

Foto: Juan Pablo Garretón.

¿Quisiera destacar algo más del programa, tal vez recuperar la figura de Leni Alexander y que sea conocida por más gente, aunque sea post morten.

«Sí, totalmente. De hecho, lo he estado diciendo bastante estos días. Finalmente cae, además, en un contexto importante como es el centenario, entonces es una buena oportunidad. A nosotros nos toca ahora hacerlo desde lo chileno, pero me parece súper importante que seamos, nosotros músicos, permanentes abogados y difusores de la creación, en el sentido de que muchas veces lo que nosotros hacemos tiene una cosa muy mágica; tenemos la responsabilidad de volver a crear o recrear sonidos que están en una partitura, y eso se aplica incluso para una obra tan tocada como la Quinta de Tchaikovsky. Pero se hace aun más relevante cuando tomamos esa misma responsabilidad, con ese mismo ímpetu, respecto de la creación más reciente, que por razones lógicas se ha tocado menos, pero sobre todo si es que es producción local, porque a final de cuentas es nuestra responsabilidad hacer que la gente se haga familiar de estas sonoridades, de estos lenguajes, que además son tan diversos. O sea, la gracia de la composición es que son infinitas formas de decir lo que se quiere decir, pero siempre de maneras distintas. En el caso de Leni está muy claro que su lenguaje está muy influido por el momento que le tocó vivir, con los maestros que le tocó estudiar, con el momento histórico también del desarrollo de la música desde un punto de vista estético, o sea, se ve en la obra Equinoccio su interés por una narrativa de timbres donde ni la armonía ni la forma tienen un peso tal como lo tiene el juego de las texturas, el de las sonoridades, el de probar colores. Y en ese sentido creo que es súper buena oportunidad el que se encuentre la razón siempre, que siempre haya una razón para dar estas obras y que ya no resulten tan desconocidas, sino que al revés, todo lo contrario, que se dé un ‘Ya sabemos quién es Leni Alexander, ya sabemos cómo escribía’. Cada uno obviamente tiene su propia opinión respecto de si te gusta o no te gusta la música, pero eso pasa con absolutamente con cualquier repertorio. Lo importante es que se haga».

Foto: Juan Pablo Garretón.

Es interesante también el diálogo que se hace en este programa con la Quinta de Tchaikovsky, que ocupa un lugar muy importante en la producción de este compositor que, además, es muy querido por el público, y al mismo tiempo con estas canciones de Montsalvatge.

«Si. Muy lindas canciones a todo esto. Son canciones muy simples, en el mejor de los sentidos posibles digo la palabra ‘simples’, en el sentido de que son transparentes, son directas, son sutiles en cuanto al acompañamiento orquestal. Son canciones originalmente escritas para piano que van todo el tiempo complementando el texto, y los textos son también muy sencillos, y obedecen a esta relación que existe entre los compositores y su encantamiento por culturas que no son las propias. Así como Georges Bizet quedó enamorado de España y escribió Carmen, y resulta que Carmen se transformó en una especie casi de estampa española, siendo que el compositor es un francés que ni siquiera fue a España, ¡imagínate! También está el caso de los compositores que se fascinaron por lo latino, por lo cubano, tenemos a Copland, a Gershwin y en este caso a este compositor que recoge su visión de lo que a él le dicen estos aromas de ritmos de habanera, de ritmos tropicales, con textos que van narrando un poco este sentir, pero que también recogen el cómo un compositor que no es local se hace de sus propios recursos para describirte esta atmósfera que, si bien no le pertenece, la hace suya a través de la música».

Foto: Foji.

¿Cómo se ve el resto del año en la relación con Chile? ¿Cuándo le toca volver? ¿Le toca dirigir a la Sinfónica Nacional Juvenil o hay algo entre medio?

«Sí, claro. Con la Juvenil viene muy prontito, porque tenemos concierto en mayo, que es el segundo concierto de la temporada, habiendo sido el primero, el que inaugura la temporada este miércoles, con Juan Pablo Aguayo. El segundo concierto de la temporada voy yo, vamos a hacer el Romeo y Julieta de Tchaikovsky y Los Pinos de Roma de Respighi, que es un desafío importante para una orquesta que, como lo he explicado muchas veces, siempre tiene un recomenzar. Cada marzo la Juvenil es otra Juvenil, por razones tanto de edad como que hay muchos miembros de la Juvenil que tienen que dejarla por el mismo proceso. Como es una orquesta donde lo principal es lo formativo, el tema de las audiciones es parte de esa formación, entonces todos los años los chicos audicionan, entonces cada vez que comienza el año la orquesta, si bien vuelve a recibir a muchos de los chicos que venían del año pasado porque ganaron la audición otra vez, no por otra razón, también abre las puertas a muchos jóvenes nuevos. Entonces la orquesta tiene un proceso de construcción a lo largo del año, y cada uno de los programas sí es un desafío. Cada programa es, de alguna forma, algo que lo más probable es que ninguno de ellos ha tocado. Y tiene que ver, entonces, con el inmenso e invaluable trabajo que hacen los instructores en la etapa preparatoria, lo que hace el director residente en las primeras lecturas, y lo que aporta el director titular o el director invitado en el proceso. Pero todo es una rica experiencia en cuanto lo que uno está entregando tú sabes que les va a quedar para el resto de sus vidas, porque de una u otra forma el proceso de aprender a tocar en una orquesta es una parte, pero por otra parte está que el repertorio que hicieron con la Juvenil, cuando lo vuelvan a hacer en el futuro en una orquesta profesional seguramente lo van a traer en el adn gracias a esa experiencia, que fue muchísimo más formativa, más que simplemente un concierto de temporada donde todo es muy rápido en las orquestas profesionales. Desde ese punto de vista, para mí es un concierto súper importante el de la Juvenil, además que bueno, es la orquesta donde soy titular en este momento. Pero me refiero a que le sigo dando el mismo peso de siempre a que lo que yo pueda hacer mientras esté a cargo de ellos y eso tiene que ver con ojalá darles lo que más yo pueda darles y que eso signifique para ellos un crecimiento en este último eslabón de su preparación antes de entrar en el mundo profesional».

Ese concierto será el 15 de mayo, en el CA 660 de Fundación CorpArtes, con descarga gratuita de entradas los días previos a la función (ver más).

Antes, este sábado 20 de abril, Paolo Bortolameolli volverá a protagonizar un concierto en un espacio no habitual, dentro del ciclo Clásica no Convencional, después de haber debutado ese ciclo en un subterráneo de Providencia en enero pasado con un lleno absoluto (ver más).

«El segundo concierto de este ciclo que irrumpió de forma inesperada hace unos meses, y que fue muy exitoso en la recepción, que es el CNC, Clásica no convencional. que es llevar música a lugares inesperados. La primera vez fue en el subterráneo de un edificio inteligente que se hizo en Eliodoro Yáñez y la verdad es que incluso yo, que fui protagonista, quedé sumamente impresionado del nivel de recepción de la gente. O sea, la gente estaba pero en llamas, porque esta cosa de estar en un espacio que no tiene nada que ver con un teatro escuchando música, y con una orquesta fantástica, que es Solístico de Santiago. Y estuvo Danor Quintetos tocando la sonata de los Adioses. Fue una cosa muy bella. Entonces fue un debut tan auspicioso que se generó inmediata expectativa de qué se venía ahora. Y el que viene es justamente el sábado 20 de abril. Vamos a hacer Bach, Messiaen y Albinoni, con Solístico de Santiago, con invitados, en una bodega en Santa Helena, en el metro Ñuble. Y ésa es la idea, cada vez va a ser en lugares distintos y absolutamente no convencionales, por eso se llama Clásica no Convencional. La verdad es que para mí ha sido una fortuna haber sido convocado desde el origen mismo, desde que tuvieron esta idea donde una de las cabezas gestoras más importantes es Macarena Ferrer, a quien conozco de años por Solístico de Santiago, pero que se alinea tanto, tanto con muchas de las cosas que yo pienso, la verdad, en términos de esa necesidad. Cuando uno dice hay que reinventarse, una cosa es decirlo y otra cosa es cómo, concretémoslo. Ésta es una forma de hacerlo. Una, no la única, pero es una forma de hacerlo porque estás invitando a una experiencia, y mucha de la gente que va va a vivir una experiencia, no necesariamente va solamente a escuchar el concierto, pero eso genera interés y curiosidad que va ampliando el espectro de público en cuanto a diversidad y cantidad, así que es un concierto que a mí, en lo personal, me gusta destacar».

Será a las 20:30 horas del 20 de abril en la Bodega Santa Elena (Santa Elena 1761, Santiago). El programa incluye Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach y Apparition de L’Eglise eternelle de Oliver Messiaen, por el organista Alejandro Reyes, además de La Colombe de Messiaen por Danor Quinteros. También actuará Solístico de Santiago, con la dirección de Bortolameolli, en el Adagio de Tomaso Albinoni y en el Quinto Concierto de Bach, con Quinteros. Las entradas son gratuitas y se podrán descargar desde el lunes 15 y hasta el viernes 19 de abril, en ciclocnc.cl.

Foto: FOJI.

Paolo Bortolameolli concretó, en enero de 2023, la hazaña de estrenar en Chile la Octava Sinfonía de Gustav Mahler, con dos conciertos repletos en el Teatro Municipal y una Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil enriquecida además con distintas generaciones de exintegrantes, más 16 coros y solistas. Ese hito de nuestra historia musical tiene un correlato audiovisual gracias a que el periodista Gonzalo Saavedra, académico de la Facultad de Comunicaciones UC y productor del programa La música que cambió mi vida en Radio Beethoven tuvo la idea de documentar la preparación de ese inédito proyecto y convocó para ello al productor de Imago Pablo Rosenblatt y al director Iván Tziboulka.

Así, tras siete meses de grabaciones y con cerca de 20 horas de material, se desarrolló el documental que registra el proceso de trabajo del estreno en Chile de la Octava de Mahler: Veni Creator, cuya avant premiere se realizó el jueves 11 de abril en la Cineteca Nacional, y cuyo productor asociado y consultor fue Gonzalo Saavedra. En esa actividad se anunció que la producción quedaría liberada a las 19:30 horas del viernes 12 de abril, por dos semanas en YouTube. Es posible verlo aquí.

¿Qué nos puede comentar sobre el documental Veni Creator?

«Del documental te puedo contar que es algo que tanto yo como todos los que estuvimos participando de la Octava de Mahler, los coros, los solistas, los niños, por supuesto que los chicos de la Juvenil, los exmiembros de la Juvenil, los instructores, toda la gente que de una u otra forma fue parte de este gran hito, yo te diría que han estado esperando porque si bien no todo el mundo se enteró de que había alguien que estaba grabando esto por siete meses, que fue el equipo de Imago bajo la dirección de Iván Tziboulka, sí está esa consciencia colectiva de que lo que se vivió, que la historia que se estaba contando, era algo realmente único y que estábamos haciendo historia, además. En el momento en que nosotros nos embarcamos en este proyecto con Miguel Farías, porque fue una idea que surgió de una conversación de ambos, Miguel Farías y yo, la verdad es que la razón por la que hicimos click con la idea fue porque le encontramos todo el sentido del mundo a hacerlo. Nunca se nos pasó por la cabeza que lo que estábamos haciendo tenía que ver tanto con estrenar la Octava de Mahler, sino que el estreno de la Octava de Mahler simbolizaba algo mayor, que era festejar los 30 años de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y festejar un poco el poder transformador que tiene la colaboración de tantos seres humanos. Y el documental parte de la premisa de que nos estábamos embarcando en algo que no tiene precedentes en la historia chilena, que no teníamos adónde echar mano en el proceso de construir todo esto, en las convocatorias, en las dificultades logísticas, pero que poco a poco se fue transformando en esta travesía de tan gente, tanta gente. Y que a medida que más dificultades se presentaban más trascendía la voluntad de que esto tenía que ocurrir, de que esto tenía que ser lo que siempre quiso ser: una manifestación de amor enorme. Muchas veces me han preguntado en distintas circunstancias cuál es el concierto más importante que he dirigido o cuál es el teatro más importante en el que he estado, y lo mismo sobre los repertorios, y yo, por lo menos hasta ahora, no dudo en decir que el concierto de mi vida es la Octava de Mahler, por lo que significó, en todos los ámbitos. Por haber sido partícipe de este hito, de este logro enorme, por haber sido también parte del sacar adelante algo que no fue fácil, que tuvo muchas dificultades, algo que fue difícil desde un punto de vista logístico, pero también desde un punto de vista incluso político porque hubo gente que no estaba de acuerdo con que esto ocurriera, pero por otra parte el estar empujándolo porque creíamos en esto. No solamente yo y Miguel, que quede claro, nosotros fuimos los impulsores del proyecto, pero el hablar con los cantantes, el hablar con los niños, el hablar con los solistas, el ver las caras de los exmiembros de la Juvenil que se las arreglaron como fuera posible para estar participando de las lecturas, de los conciertos, era algo que realmente en esos días te llenaba el alma de una forma que yo no recuerdo haber experimentado. Cuando llegamos al Caupolicán, el sentido de satisfacción en cuanto a que valía la pena, que estábamos haciendo algo realmente importante, fue algo que nos cambió a todos. O sea, literalmente todos los que participamos de eso quedamos rayando con esto por meses, si no todo el año. Hasta el día de hoy recibo mensajes de gente que no conozco personalmente, para decirme que la Octava de Mahler les cambió la vida. Gente que cantó ahí, gente que estuvo en el público, incluso, diciendo que ha sido lo más emocionante que ha ocurrido nunca, y yo siempre vuelvo a lo mismo. Yo creo que tiene que ver con la energía que existía. Creo que fue un hito muy emocionante, independiente de Mahler. Mahler fue lo que nos juntó, Mahler fue la razón para hacer esto, pero lo que estaba ocurriendo ahí tenía que ver muchísimo más con la comunión de almas y con el espíritu de ‘Esto lo vamos a hacer y vamos a darlo todo’. La suma de la cantidad de coros, porque fueron catorce coros, y además que la mayoría de ellos amateurs, que se aprendieron en siete meses una obra que es de las más difíciles que se han escrito en la historia para coro, y a pura fuerza de voluntad, de ensayos. La gente de Rancagua, que venía a los ensayos desde allá sin perderse ni un ensayo… Y después cuando se sumó Concepción, cuando llegaron los solistas… Realmente fue algo tan bonito, tan especial que al final, aunque las dificultades no dejaron de existir ni siquiera después del Mahler, uno mira desde lo hecho y sabe que la gran lección de todo esto fue que se hizo y por lo menos los que fuimos parte activa lo hicimos con el convencimiento de que lo que estábamos haciendo brotaba del amor, y por eso fueron dos noches memorables después de siete meses muy bonitos. Y eso es lo que el documental cuenta. Cuenta la historia detrás de esta gesta que, bueno, ya es parte de la historia de la música chilena».

Foto: FOJI.

Por Romina de la Sotta Donoso | 12-04-2024.

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