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Música

Maximiano Valdés: "Mi madre, Sylvia Soublette, tenía una fe muy profunda y personal que se refleja en su Misa Romana"

junio 7, 2023

El músico se toma "con mucha felicidad y emoción" la invitación para conducir el concierto con el cual la Universidad Católica celebrará sus 135 años, el 15 de junio y que incluirá la Séptima de Beethoven.

Maximiano Valdés: "Mi madre, Sylvia Soublette, tenía una fe muy profunda y personal que se refleja en su Misa Romana"

Maximiano Valdés Soublette. Foto: Manuel Velez.

Maximiano Valdés Soublette (1949) tiene una impecable trayectoria internacional y es una de las batutas chilenas más reconocidas en el mundo. Es director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, desde 2008 y, desde 2010, director artístico del Festival Casals. Graba con Naxos; ha sido nominado al Grammy y tiene compromisos musicales y operáticos alrededor del orbe.

Sin embargo, siempre se hace el tiempo para venir a trabajar a nuestro país. Invitado permanente de la Orquesta Filarmónica de Santiago, de la cual fue titular entre 2002 y 2006, y de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, al Teatro Municipal de Santiago volverá el próximo año y a la Sinfónica, en el próximo mes de octubre. Incluso asumió la titularidad de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil en 2018, y la ejerció hasta inicios de 2022.

Ahora, Maximiano Valdés debutará en la programación del Instituto de Música UC. Lo hará en el Concierto de Aniversario UC, el jueves 15 de junio, en un concierto con acceso gratuito que se realizará a las 19 horas en el Salón Fresno del Centro de Extensión UC (Alameda 390). Luego, conducirá una segunda presentación del mismo programa en la 59a Temporada de Cámara UC, el martes 20 de junio, a las 19 horas, en el Templo Mayor del Campus Oriente (Jaime Guzmán 3300), con inscripción gratuita aquí.

El programa es particularmente simbólico pues incluye la Misa Romana de Sylvia Soublette, madre del director, a tres años de su muerte. Y además de esta obra de la cofundadora del famoso Conjunto de Música Antigua UC, se sumará la Séptima Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Actuarán, como solistas, la soprano Florencia Novoa, la mezzosoprano Javiera Barrios y el tenor Gonzalo Quinchahual, además del Coro de Estudiantes UC, que dirige Felipe Ramos Taky, y la Orquesta de Cámara UC, integrada por profesores y estudiantes.

Maximiano Valdés Soublette. Foto: Manuel Velez.

La presentación celebrará los 135 años que se cumplen desde la fundación de la Universidad Católica y las obras elegidas reflejan, por un lado, un homenaje a Sylvia Soublette y un reconocimiento a la fundamental labor académica y artística que desarrolló en el Instituto de Música UC hasta exiliarse tras el Golpe de 1973. Por el otro, se eligió la Séptima de Beethoven pues se cumplen 210 años desde que esta creación fue estrenada, también en un contexto educativo, en la Universidad de Viena.

Maximiano Valdés reconoce que se toma la invitación de dirigir Misa Romana, de su madre, «con mucha felicidad y emoción». Y destaca que en ella Sylvia Soublette aborda la forma musical de la misa «con una total honestidad musical, sin pretender un lenguaje contemporáneo, sino que usando los recursos de la música que han sido usados a través de todos los tiempos: melodías, contrapuntos, ritmos, armonías, etcétera, y que dan una visión muy personal de ella respecto de una forma musical que es propia de la liturgia católica». Respecto de la otra obra del programa, la Séptima de Beethoven, la califica como «una sinfonía incomparable, una música tan vital y tan alegre y tan esperanzadora».

Víctor Alarcón, en el concierto de estreno de Misa Romana, el 26 de abril de 2012. Foto: Dirección de Comunicaciones UC.

Igualmente, el director aclara que su trabajo lo hará inmerso en «el recuerdo de Vicho Alarcón, que fue el primero que dirigió esta misa, y que hoy día ya no está con nosotros, pero hizo un trabajo extraordinario en el país».

Justamente, Misa Romana de Sylvia Soublette, fue estrenada en 2012 por Víctor Alarcón con el Coro de Estudiantes UC y la Orquesta Marga Marga, en el Encuentro de Música Sacra UC. En esa ocasión, además, recibió la Medalla Centenario UC. La compositora relató, poco antes, que empezó a escribir esta partitura entre 2006 y 2008, en Roma, en un momento en que retomó la composición (ver nota aquí).

Sylvia Soublette, en el concierto de estreno de Misa Romana, el 26 de abril de 2012. Foto: Dirección de Comunicaciones UC.

«Mi madre tuvo una vocación de compositora al comienzo de su carrera. De hecho, se fue a París, y estudió en el conservatorio con Milhaud. Conoció de cerca a Messian y, sobre todo, a Dutilleux. Entonces se formó en esa cultura francesa, que era la cultura con la cual ella podía expresarse desde un punto de vista vocal; ese repertorio le quedaba muy bien. Esa música era parte de su personalidad. Y en esta misa aparecen armonías y frases que recuerdan ese tipo de estética francesa que ella vivió en Francia cuando estudiaba», comenta Maximiano Valdés.

«Mi madre siempre se quejó de que la Iglesia Católica no era capaz de incentivar a compositores a escribir música litúrgica usando la formas de la liturgia católica, como son las misas, y ése fue el motivo por el cual escribió su Misa Romana«

«Ella creció bilingüe, como todos nosotros, los hermanos, y vivió en un momento en Viña del Mar, cuando era muy jovencita, y había una cultura musical europea muy fuerte, porque había colonias europeas que mantenían esas tradiciones. Y estaba Federico Heinlein, que fue su gran maestro; él vivía en ese entonces en Viña, había llegado a Chile siguiendo al director Fritz Busch. Traía este enorme cultura musical de la cual se había empapado en Berlín, y fue un maestro fundamental para ella y para toda una generación, sobre todo en el lied alemán y en el análisis musical, porque era un hombre de una enorme cultura musical, además de ser compositor, pianista, director de orquesta, etcétera. Era un hombre muy completo y la formó en lo que era su cultura del conocimiento del lied romántico alemán y de la música francesa», agrega el director.

Todo esto, indica, determinó que Sylvia Soublette iniciara su carrera musical como compositora, y que de hecho se formara como tal en el Conservatorio de París, recién casada con Gabriel Valdés, quien estudió en paralelo Leyes en la capital gala.

Sylvia Soublette Asmussen. Foto: Música UC.

«Después ella volvió a Chile y se dedicó a cantar porque era su gran pasión, y el tipo de voz que tenía la llevó ea acercarse al repertorio renacentista y al repertorio francés de Fauré, Debussy, Ravel, etcétera. Y todo esto está bastante patente en las armonías de su Misa Romana. Así que interrumpió por largos años la composición y la retomó cuando volvió a dejar Chile con mi padre, y en dos ocasiones: cuando mi madre dejó la Universidad Católica y se fue a Estados Unidos, a estudiar a Juilliard, con esa vitalidad inagotable que tenía, y que fue sobre todo a conocer la música de Bartók. La segunda vez, fueron a Roma, y ahí finalmente hizo esta misa, cuando tenía más tiempo y estaba ya mayor», profundiza Maximiano Valdés.

Asimismo, entrega un dato clave respecto de la profunda motivación de Sylvia Soublette para componer Misa Romana: «La hizo por una razón muy sensible. Mi madre estuvo siempre muy preocupada de la música que se escucha en las iglesias, en las misas, y en general no tenía una atracción por la guitarra y por los tambores. Por consiguiente, siempre se quejó de que la Iglesia Católica no era capaz de incentivar a compositores a escribir música litúrgica usando la formas de la liturgia católica, como son las misas. Y ése fue realmente el motivo por el cual escribió esta misa».

«Mi madre tenía una fe muy profunda y personal, y esto se refleja sobre todo en el último número de su Misa Romana, que es muy íntimo, hermoso y, sobre todo, muy esperanzador»

Maximiano Valdés ya dirigió Misa Romana, con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, en el Teatro de Fundación CorpArtes, en 2015. Actuaron el Coro del Instituto Nacional que dirige Pilar Medrano, y dos agrupaciones que conducía Víctor Alarcón: el Coro de Estudiantes UC y el Coro Crecer Cantando del Teatro Municipal de Santiago.

«La dirigí estando mi madre presente, y a modo de anécdota puedo decirte que no fue fácil porque la tenía detrás mío mientras hacía los ensayos, y se metía en todo, así que en  cierto momento tuve decirle ‘o la dirige usted o la dirijo yo’, porque así no podemos seguir», ríe. «Pero fue sumamente útil poder trabajar con ella y tener una información directa de cómo la quería», agrega.

Preparación del estreno de Misa Romana, en 2012: de izquierda a derecha, Felipe Ramos Taky, Sylvia Soublette, Víctor Alarcón, Alma Campbell y Carmen Luisa Letelier.

Es importante también recordar a su madre, Sylvia Soublette, como compositora, pensando que ella sacrificó tal vez la composición por labores que son también importantes como el canto, la formación de nuevas generaciones, la dirección de ópera y el sacar adelante proyectos, pero además por los muchos trámites que tuvo que hacer, por la gestión, que consumió en gran medida su tiempo. Pero es una figura muy relevante como compositora, en nuestro país, e imagino que es importante mantener viva su obra ahora que ya no está.

«Sí. Por ejemplo, darse cuenta de cuánto sabía. Mi madre era muy humilde, no quería nunca ponerse ella en primera fila ni hacer saber cuánto sabía, pero la realidad es que mirando esta música, y mirando el tratamiento de las voces, ella tenía un conocimiento muy profundo de ese tipo de música litúrgica coral y, por consiguiente, el manejo de las voces en la partitura es muy inteligente, acabado y, sobre todo, muy correcto desde el punto de vista de las armonías. Además, ella tenía una fe muy profunda y personal, y esto se refleja sobre todo en el último número, que es muy íntimo, hermoso y, sobre todo, muy esperanzador. Así que para todos los que la conocieron y van a escuchar esta misa representará un volver a unirse a ella».

Maximiano Valdés Soublette. Foto: Guillermo Real.

¿Qué le gustaría comentar de la Séptima Sinfonía de Beethoven, una obra muy importante del repertorio y que usted ha dirigido en innumerables oportunidades?

«Siempre es una maravilla abrir nuevamente esta partitura y encontrarse con esta perfección musical y este equilibrio absoluto entre la inspiración y el tratamiento de la composición. En ese sentido, Beethoven sigue siendo un maestro incomparable, especialmente en cómo todo se canaliza a través de los sonidos y no hay nada exterior, no hay ninguna gestualidad que provenga desde fuera de la música, sino que todo es intrínsecamente musical. Música pura, en ese sentido. Beethoven siempre es un volver a un orden supremo y, en ese sentido, es una experiencia incomparable. Claro que al materializar estas ideas uno se encuentra con la realidad de los límites de la naturaleza humana, de nosotros, los directores, y de los músicos que tocan, así que tenemos que adecuar todas nuestras ideas a la realidad, pero eso así es en todo orden de cosas. Siempre volver a esta música maravillosa es una alegría, así que todo el programa es muy bonito».

Hay algo de esperanzador también en la Séptima de Beethoven, ¿no?

«Sí, se le ha llamado, ‘el apogeo de la danza’ y es cierto que hay un primer tiempo que es de una alegría sumamente contagiosa; un segundo que es reflexivo; un tercero que es arrebatador debido a un impulso rítmico sumamente rápido y casi desequilibrado, y un último que es una manifestación de alegría y de gozo desbordado también. Es una sinfonía sumamente positiva, que sigue a otra muy positiva, la Pastoral, que es más humana y que sin duda alguna está influenciada por elementos externos. Sin embargo, la maravilla de la Séptima es cómo todo se materializa en sonidos organizados con un grado de perfección extraordinario».

«El Conjunto de Música Antigua UC fue el conjunto más importante y más conocido que fundó mi madre»

Sylvia Soublette Asmussen murió a los 96 años de edad, en enero de 2020 (ver nota aquí). Fue una de las grandes músicas chilenas del siglo XX: compositora, cantante, directora de ópera, docente y gestora. A los 23 años de edad, fundó un coro mixto en la Universidad Católica de Valparaíso, antes de irse a estudiar al Conservatorio de París, con Darius Milhaud y Olivier Messiaen. Luego, en 1960, cofundó y dirigió por 14 años, hasta su exilio, en 1975, el Conjunto de Música Antigua de la UC, el segundo del continente. Para su hijo, Maximiano Valdés fue el conjunto «más importante y más conocido” de los que creó.  “Tuvo una repercusión y un desarrollo internacional extraordinario para esos años”, indicó hace dos años, enfatizando la relevancia de las giras internacionales que realizaron (ver nota aquí).

Asimismo, Sylvia Soublette fundó el Instituto de Música de Santiago, donde por más de 15 años formó a cantantes y rescató óperas olvidadas, desde Dafne (Caldara) y Dido y Eneas (Purcell) hasta L’incoronazione di Poppea (Monteverdi) y El triunfo del honor (Scarlatti). Se mantuvo activa hasta el final: a fines de 2016, dirigió el oratorio La leyenda de Jepthé (Carissimi) en el Teatro Oriente. Entonces tenía 94 años. Dos años después, estrenó un nuevo conjunto: Cameramusic (ver nota aquí). Pero, además, seguía componiendo y a fines de 2018 estrenó El Maleficio, obra para voz, cuerdas y maderas, en la Biblioteca Nacional, cuando ella y su hermano Gastón Soublette donaron sus partituras al Archivo de Música.

Sylvia Soublette Asmussen. Foto: Archivo familiar.

«Al final de mi vida he podido descubrir cuál es mi verdadera vocación: la educación», reveló entonces Sylvia Soublette, quien donó las obras que más le gustaban. «Varias obras corales, que he escrito muchas, sobre todo a partir de melodías tradicionales chilenas, canciones para piano y canto y también la Petite Suite, que es para violín y piano. Y después hay música religiosa, por ejemplo, un Stabat Mater que escribí hace cuatro años, y la Misa Romana», detalló. También donó El Maleficio, pieza que, dijo, «tiene metida adentro una tonada. Siempre me sale lo chileno», detalló (ver nota aquí).

En esa ceremonia también se interpretaron dos madrigales y una tonada con texto de Pablo Neruda. Porque entre las obras más programadas hasta el día de hoy de Sylvia Soublette están los poemas del Nobel que musicalizó y que interpretan coros de Chile y del extranjero todos los años.

Sylvia Soublette, compositora, recibe la Medalla Centenario UC de manos del prorrector Guillermo Marshall, en el concierto en que se estrenó su Misa Romana, en 2012. Al medio está el decano de Artes Ramón López. Foto: Dirección de Comunicaciones UC.

En 2021, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio le entregó a Sylvia Soublette, en forma póstuma, la Medalla Pablo Neruda. La recibieron sus hijos.  «Fue una mujer excepcional, con una vocación absolutamente extraordinaria”, declaró  Maximiano Valdés, en el Centro de Extensión Palacio Pereira. «Por 98 años nuestra madre estuvo perfectamente activa, perfectamente consciente y productiva”.

El director fue enfático: «Mi madre nunca pensó que la música fuese suficiente a sí misma. No se trataba de cantar bien, no se trataba de escribir una buena obra”. En cambio, explicó, «se trataba de buscar a través de la música algo más, y eso es lo que la hace una personalidad tan interesante y tan rica. Lo que la guió fue la llama que mantiene viva la curiosidad y el misterio, buscar detrás de la música lo que ella contiene». A su juicio, ése fue el legado que dejó a sus alumnos: “el significado de la música y la búsqueda del misterio que la música conlleva” (ver nota aquí).

«Me genera mucha ilusión dirigir a la orquesta y el coro de la Universidad Católica, el Instituto de Música UC siempre fue un lugar bastante familiar para mí, desde mi niñez.

Es la primera vez que usted es invitado, como director, por la Universidad Católica. ¿Qué representa para usted trabajar con profesores y estudiantes del Instituto de Música UC?

«Es un poco curioso que después de tantos años de actividad y de carrera no haya tenido ocasión de dirigir a la orquesta y el coro de la Universidad Católica, así que lo hago con muchísima ilusión. Para mí fue un lugar bien familiar, puesto que cuando el antiguo Instituto de Música de la Universidad Católica estaba en la Casa Central, en calle Lira, me acuerdo de haber ido muchas veces a recoger a mi madre cuando yo era niño. Y ahí estaba Fernando Rosas y estaba también Juana Subercaseaux; ahí daban sus primeros pasos el Conjunto de Música Antigua y la Orquesta de Cámara del Instituto de Música. Fue un lugar bastante familiar para mí».

En esta colaboración artística, Maximiano Valdés tendrá la oportunidad de volver a trabajar con jóvenes músicos, algo que ha ejercitado a lo largo de su vida, exhibiendo siempre un férreo compromiso con las nuevas generaciones de intérpretes.

«Tengo una larga experiencia de trabajar con orquestas jóvenes. Mi carrera prácticamente empezó con la Orquesta Juvenil de Venezuela, que todavía no se llamaba  Simón Bolívar, por un llamado que me hizo José Antonio Abreu cuando yo estaba haciendo los cursos de Tanglewood en Boston. Desde entonces viajé muchísimas veces a Venezuela y fui parte de la primera orquesta juvenil. Después, a lo largo de mi vida he trabajado mucho con la orquesta de la New World Symphony en Miami, la Orquesta Joven de España y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile», señala.

En las últimas semanas, por ejemplo, estuvo trabajando con la orquesta de Carnegie Mellon en Pittsburgh y con la Student Symphony Orchestra, de la Universidad de South Carolina en Los Angeles. Asimismo, colabora constantemente con la Orquesta 100 x 35 de Puerto Rico, conformada por estudiantes. «De manera que esto no es nuevo y, naturalmente, estuve con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile; estuve poco, porque vino la pandemia, pero estuve bien dos años con ellos», comenta Maximiano Valdés.

Maximiano Valdés Soublette y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, en el Aula Magna de la Universidad Técnica Federico Santa María, en 2018. Foto: UTFSM.

En su período como titular, hizo madurar musicalmente al elenco de la FOJI a través de nuevos desafíos de repertorio y por medio de la interacción artística con grandes solistas». Las orquestas juveniles son una lección de democracia», declaraba en 2016 (ver nota aquí), una de las tantas veces que vino como invitado a dirigir la Sinfónica Nacional Juvenil desde 2011. En esa ocasión, condujo a los jóvenes en El Pájaro de Fuego, de Stravinsky, y la Sinfonía N°5 de Tchaikovsky. Luego, en el margen de un año, entre el verano de 2018 y el de 2019, abordó con la Sinfónica Nacional Juvenil desde la Séptima de Beethoven hasta el Concierto para violín de Bruch y la Primera de Brahms, en las Semanas Musicales de Frutillar, pasando, a mediados de 2018, por la música contemporánea y el repertorio francés, especialidad de Valdés: invitó a Roberto Díaz, el mayor virtuoso de la viola de nuestro país y presidente del Curtis Institute of Music, para el estreno en Chile del Concierto para viola de Jennifer Higdon, y lo combinó con Haroldo en Italia, de Berlioz (ver nota aquí).

«En mi vida, no he tenido nunca muchos alumnos porque viajo constantemente y es difícil mantener una actividad constante. En la dirección de orquestas, a los alumnos hay que seguirlos»

En su actual visita a Chile, además de los conciertos mismos y del trabajo que implica con los intérpretes, Maximiano Valdés dictará desde el 12 al 15 de junio un seminario dentro del marco del Diplomado en Dirección Orquestal que imparte el Instituto de Música UC.

«En mi vida, no he tenido nunca muchos alumnos porque viajo constantemente y es difícil mantener una actividad constante. Por consiguiente, he tenido dos o tres que los he seguido como he podido, en general preparándolos para irse a hacer cursos de máster o de doctorado afuera. Hacer clases de dirección de orquestas es una responsabilidad, porque no se trata de hacer una semana y dar algunos conocimientos, sino que los alumnos hay que seguirlos. La gran diferencia con otros músicos es que no tienen un instrumento donde practicar, entonces el trabajo tiene que ser muy imaginario, y también esencialmente teórico. Por eso no lo he hecho regularmente», explica.

Maximiano Valdés Soublette. Foto: UTFMS.

«Hay muy pocas instituciones que dan tiempo de podium, es decir, tiempo en el cual el director pueda trabajar con músicos. Con todas esas limitaciones, es interesante ver la determinación del estudiante y saber por qué quiere hacerlo; otra de las características de esta carrera es que uno se entusiasma con ella por factores que no son totalmente musicales, y la verdad es que uno se da cuenta de qué se trata esto cuando uno ya está dirigiendo. Hay un período de adaptación entre lo que es la imaginación de lo que esto realmente es, y lo que realmente es: cuando tienes al frente a 80 músicos y tienes que tener respuestas precisas. Así que es una enseñanza distinta a la de otro músico instrumentista».

En el seminario que usted dictará usted ofrecerá una mirada que viene desde la experiencia, y eso es muy nutritivo cuando se trata de jóvenes en edad tan temprana que aún no tienen acceso aa un instrumento propio, ¿no?

«Sí. Será un trabajo de estudio de partituras, que es teórico; se puede tocar en piano, y si uno es violinista puede tocar las partes en violín, lo que normalmente ayuda. Sin embargo, hay un factor de análisis que es fundamental en la formación de un director: entender cómo está hecha la música, cómo está escrita y cuáles son los procedimientos que el compositor utilizó, para después poder eventualmente explicarlos a una orquesta. En segundo lugar, hay un trabajo que se hace en teoría, es decir, de manera cerebral; hay que determinar qué es lo que uno quiere hacer con ¡una obra. Y eso es un trabajo que también lo hacen los instrumentistas, pero el proceso instrumental es un proceso interno, es decir, un pianista pone las manos en un piano, suenan notas y él va trabajando con el instinto y con la razón en obtener una versión de la obra que le satisfaga y que la haga propia. El trabajo de un director, en cambio, es un trabajo sumamente teórico, fuera de un instrumento y que lo obliga entonces a analizar desde un punto de vista extremadamente racional la partitura y determinar qué es lo que él necesita hacer y cómo hacerla coincidir con su propia persona, es decir, cómo adaptar la música teórica a la propia personalidad y a las propias ideas, porque al final de eso se trata. Se trata de qué es lo interesante que tiene el músico y qué de diferente o de novedoso va a aportar a la interpretación de una obra. Eso es un trabajo que los directores tienen que aprender a hacer, tienen que tener una metodología de aprendizaje y de eficacia para utilizar el tiempo que tienen y saber exactamente lo que tienen que decir, cómo decirlo y cuánto decir. En este trabajo, la experiencia es fundamental y naturalmente yo aporto experiencia y conocimiento de cómo obtener esto. Entonces, primeramente hay que hacer un trabajo sin instrumento, es decir, primero que todo hay que pensar en la gestualidad de un director y de ahí en adelante ir al trabajo ya con un grupo de músicos y comprobar el gesto del director con el resultado musical».

«La vuelta a los conciertos ha sido muy lenta y no completa. Esto va a costar tiempo»

Antes de viajar a Chile, Maximiano Valdés estuvo inmerso en el Festival Casals, trabajo que articula con la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, de la cual es también director artístico, lo que implica que está a cargo de toda su programación. Con ellos trabaja 12 semanas al año. «Son muy buenos músicos, formados generalmente en Estados Unidos. Es una muy buena orquesta, que aprende muy rápido y que hace muchos programas al año, dos o tres a la semana», destaca. Abordan repertorio sinfónico de gran volumen y también ópera.

Antes del Festival Casals, Valdés estuvo dirigiendo, como invitado, a la Buffalo Philharmonic Orchestra, de la cual fue titular entre 1989 y 1998, con la Sexta Sinfonía de Anton Bruckner. Su actividad sigue tan nutrida como siempre, especialmente en España, México y Costa Rica.

Maximiano Valdés, en uno de los conciertos en los cuales dirigió a la Filarmónica de Santiago, en octubre de 2022. Foto: Patricio Melo.

Esta constante ubicuidad artística de Maximiano Valdés le da un especial valor a su mirada respecto del impacto de la pandemia en la actividad musical, en especial en lo que se refiere a la modalidad del streaming que fue necesario adoptar ante las restricciones sanitarias. «Eso tuvo ventajas y desventajas. Nuestra audiencia subió exponencialmente a varios miles de personas que siguieron el Festival Casals, y que normalmente no lo hacen en presencia. Eso fue positivo. Lo negativo es que no se puede verificar cuánto rato estuvieron, si siguieron las piezas completas, si se pasaron a una película o si simplemente miraron mientras tomaban vino y conversaban con sus amigos. Esa parte no es mensurable», advierte.

«La vuelta a los conciertos ha sido muy lenta y no completa. Hemos luchado mucho por volver a tener público en nuestra sala, pero se acostumbraron al streaming. Y eso ha sido un fenómeno mundial, acabo de estar en la New York Philharmonic en un concierto y no estaba lleno; tampoco estuvo lleno un concierto con Zubin Mehta en Los Angeles al que fui. Esto va a costar tiempo», cierra Maximiano Valdés.

Por Romina de la Sotta Donoso | 08-06-2023 | Originalmente publicado en musica.uc.cl.

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