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Música

Víctor Gutiérrez: el compositor chileno que será estrenado por la Sinfónica de Berlín

noviembre 29, 2022

Su obra Encoding Seas es para orquesta y electrónica e incluye videos y poemas.Se estrenará en un programa con obras de Britten y Bridge. Para crearla, Víctor Piano trabajó con datos científicos de las corrientes marinas. "Lo más bonito de representar datos de una manera artística es que podemos experimentar, de una manera sensible, distintas investigaciones que se hacen hoy en día", dice.

Víctor Gutiérrez: el compositor chileno que será estrenado por la Sinfónica de Berlín

Víctor Gutiérrez Cuiza (1991) es compositor chileno y reside en Hamburgo. Se especializó en composición multimedia en la escuela superior de música de esa ciudad alemana. Antes se había formado como compositor en la Universidad de Chile, con Andrés Maupoint y Andrés Ferrari, y además estudió piano en el Instituto de Música UC, con Ximena Ugalde, durante ocho años, antes de terminar el colegio.

El domingo 4 de diciembre, la Orquesta Sinfónica de Berlín le estrenará una obra. Se titula Encoding Seas y le fue comisionada por un grupo de científicos, como parte del programa «Arts meets Science». La partitura es para una orquesta de cámara dispuesta en una cuadrícula e incluye electrónica, videos y poemas.

Con la dirección del maestro británico Howard Griffits, el programa del domingo se titula «Aire y agua» y es parte de un ciclo especial que se desarrolla en la sala de conciertos de la Universidad de las Artes de Berlín. Allí, Encoding Codes será antecedida por Cuatro Interludios Marinos de la ópera Peter Grimes de Benjamin Britten y precedida por El Mar de Frank Bridge.

Víctor Gutiérrez nació en Santiago, en 1991. Reside en Hamburgo y es conocido como Víctor Piano.

Radio Beethoven conversó al respecto con este compositor de 31 años de edad cuyo nombre artístico es, sencillamente, Víctor Piano. Así aparece en el programa, y la razón es práctica y también emocional.

Usted estudió piano primero, por ocho años, y después composición. ¿Qué lo motivó, primero, a aprender piano en el Instituto de Música UC?

«En mi familia siempre se hizo mucha música, pero sólo un primo mío había estudiado música. Él primero tocó guitarra, después bajo y luego estudió pedagogía y composición en la Escuela Moderna. Él tenía un piano en su casa, y yo me enganché. Estudié con mi primo un año, él me preparó para entrar a la Universidad Católica. Pero en mi casa siempre se hizo música, en todas las fiestas y juntas familiares la gente tocaba música folclórica. Tocaban guitarra, cantaban y bailaban, se recitaban algunas poesías, pero todo muy vinculado al mundo popular. Mucha trova, mucha nueva canción chilena, mucho folclor chileno y latinoamericano».

¿Qué lo hizo decidirse por dejar el piano y estudiar composición en la Universidad de Chile?

«Las crisis vocacionales llegaron cuando estaba en el colegio; en tercero medio sabía que quería continuar vinculado a la música, pero me di cuenta de que no quería ser pianista. Un amigo mío que también estudiaba piano, José Manuel Piña, me comentó que existía la carrera de composición. Yo, como muchas otras personas, pensaba que los compositores eran personas que habían desaparecido en el siglo XIX. Lo que me sucede es que para mí la gente como Luis Advis no eran compositores; para mí él era la persona que había hecho la Cantata Santa María, y yo encontraba que el mundo de la composición estaba muy alejado de la música popular. Postulé a la Universidad de Chile y a la Universidad Católica cuando salí de cuarto medio, quedé en ambas y elegí la Chile porque me dieron muy buena espina los demás postulantes».

¿Quiénes fueron sus profesores de composición en la Universidad de Chile?

«Partí estudiando con Andrés Maupoint, hice con él todo mi ciclo básico. Fue muy intenso y muy dedicado a escribir para instrumentos. Él tiene métodos pedagógicos extremos, de hecho, yo partí con él escribiendo una obra para orquesta. Cuando pasé al ciclo superior, estudié con Andrés Ferrari porque quería algo más vinculado con lo tecnológico y lo multidisciplinario. Porque cuando yo era chico, la música nunca había sido simplemente música, y se había convertido solamente en música cuando estudiaba piano, porque vas, lees la partitura y haces música para gente que te oye y que no interactúa contigo. Pero con la interdisciplina, ya cuando estudiaba composición, volví a la sensación de que podía hacer música e iba a haber bailarines o video, que iba a haber muchas cosas pasando al mismo tiempo, que hacer música no es sólo hacer música. Ése fue el gran motivo por el cual me cambié. En todo caso, los quiero mucho a los dos, a Andrés Maupoint y a Andrés Ferrari».

Parece ser que era un paso muy natural viajar al extranjero a especializarse en composición multimedia una vez que se tituló. ¿De qué se trata la composición multimedia?

«Tiene que ver con todo lo que estaba contando. El programa acá de Hamburgo tiene que ver con el uso de tecnologías y con cómo el uso de tecnologías te puede permitir usar distintos medios dentro de la composición misma. Por ejemplo, cómo programar luces para poder escribir obras que no sea solamente un violín, sino que que sea un violín con unas luces que van cambiando desde un punto a otro, es decir, poder controlar eso, poder usar el internet como medio para desarrollar obras, sensores para poder trabajar con bailarines o con gente del teatro, o bien mapping con proyecciones. Uno estudia todo este tipo de cosas dentro de este programa, y son cosas que vienen a enriquecer tu paleta de herramientas para componer».

Encoding Seas, la obra suya que estrenará la Sinfónica de Berlín, nace dentro de un proyecto que ha desarrollado con científicos de la Universidad de Hamburgo, como parte del programa “Art meets Science”.  ¿Cómo se vinculó usted a estos investigadores?

«Yo estudié mi máster acá con Georg Hajdu y Alexander Schubert, y cuando estaba escribiendo mi tesis, este grupo de científicos se acercó a Alexander Schubert buscando estudiantes de composición que quisieran participar en ‘Art meets Science’, que es un programa vinculado a científicos de toda Alemania, de un grupo que se llama TRR181 y que investigan sobre la atmósfera y el océano. Está pensado para que tengan la oportunidad de buscar otras formas de expresar sus investigaciones, o sea, formas artísticas de representación de lo que ellos están estudiando».

El Centro de Investigación Colaborativa TRR 181 se centra específicamente en las transferencias de energía en la atmósfera y el océano. Y ésta no es la primera vez que Víctor Gutiérrez trabaja como compositor con este núcleo científico.

«Ellos se pusieron en contacto conmigo y armamos un pequeño proyecto con un estudiante de doctorado de la Universidad de Hamburgo, Valentino Neduhal. Él estudia particularmente la atmósfera, entonces lo que hicimos fue recopilar muchos datos respecto de la atmósfera y plantearnos formas en las cuales podríamos usar esos datos. Lo que hicimos fue cambiar la reverberación de una sala que tiene 280 parlantes, mediante la configuración y el uso de esos parlantes. Ése fue el primer proyecto, se llamó Choreatmosphere; a lo largo de toda la pieza la reverberación de la sala cambiaba dependiendo de los datos que transcurrieron durante el año 2021 en toda la Tierra».

Aquí hay un registro del estreno de Choreatmosphere que permite hacerse una idea.

Choreatmosphere.

«Básicamente, lo que hicimos fue crear una reverberación virtual. Había una flautista, Gabrijela Sušek Planinšič. Ella tocaba una nota y esa nota se desplazaba a lo largo de la sala dependiendo de los datos que habíamos recibido y cómo se estaba comportando la atmósfera de la Tierra en ese momento específico», profundiza.

Hablemos del siguiente encargo, que también es una colaboración de este programa Art meets Science, el estreno de su obra Encoding Seas. Ahora los recursos son bien distintos porque usted cuenta incluso con una orquesta.

«Así es. Al parecer los científicos venían conversando hace un tiempo con la orquesta para hacer un proyecto en conjunto y justo pasó que yo había estrenado esta obra y había salido muy bien en verdad, creo que todos quedamos muy felices con cómo había sido esta colaboración. Entonces me preguntaron si es que yo querría hacer una obra para orquesta y obviamente dije que sí (ríe). Me cuesta mucho esconder cuando estoy emocionado por algún proyecto, así que ellos también se emocionaron, y decidimos trabajar en este proyecto en conjunto. Esta vez decidimos no hacerlo sobre la atmósfera, sino sobre el océano que la otra dimensión que ellos investigan. La obra se titula Encoding Seas, que es algo así como ‘codificando mares’. Trabajé con las científicas, Julia Draeger-Dietel y Alexa Griesel. No son estudiantes, sino investigadoras y llevan un buen tiempo trabajando en la Universidad de Hamburgo. Ellas me dieron datos de una expedición que hicieron en las costas de Namibia y con esos datos yo armé la obra que se va a estrenar el 4 de diciembre».

¿Cómo describiría usted los recursos que utilizó en esta obra? Por un lado, tenía datos, información, y por el otro, recursos electrónicos e instrumentales.

«Fue un trabajo muy largo en su concepción. Como ya había hecho una obra donde procesaba datos, no quería volver a hacer exactamente lo mismo, entonces pasé mucho tiempo pensando en el concepto y por suerte estas científicas me pasaron unos datos que provienen de unos dispositivos tecnológicos que se llaman drifters, que en el fondo es algo que viaja a la deriva. Ese nombre, de entrada, me parecía muy poético para trabajarlo. Partí por hacer unos poemas donde describo lo que yo entiendo y lo que me gustaría transmitir a través de esta obra, que tiene que ver con cómo el ser humano usa distintos dispositivos tecnológicos para interactuar y entender fenómenos complejos como la naturaleza. Finalmente, no es solamente una obra donde yo traduzco los datos, sino que para mí es una forma que tenemos como seres humanos para entender desde otra perspectiva el fenómeno de las corrientes oceánicas. Eso es lo más bonito de estos proyectos, y en general del concepto mismo de musicalizar datos, particularmente estos grandes bancos de datos. Creo que lo más bonito que tiene el representarlos de una manera artística es precisamente que puede darle una vuelta de tuerca a cómo percibes el mismo fenómeno que normalmente es una lista de números. Y puede ser un aporte importante no sólo para la comunidad científica, sino para todas las personas que puedan atender a un concierto y experimentar, desde un punto de vista más sensible, distintas investigaciones que se están haciendo hoy en día».

¿Qué representa para usted el estreno de Encoding Seas, considerando que estará a cargo de la Orquesta Sinfónica de Berlín y que además se interpretará en un programa que incluye a dos grandes compositores británicos, Benjamin Britten y Frank Bridge?

«Primero que todo, ya el hecho de trabajar con una orquesta en solitario es mucha experiencia para mí, y estoy increíblemente agradecido por esta oportunidad. Creo que es algo que hace más o menos feliz a cualquier compositor. Yo ya había trabajado acá en Hamburgo en otro proyecto con una orquesta que se armó para la instancia, pero ahora es la Sinfónica de Berlín, así que es incluso más grande el impacto para mí, como compositor, por trabajar con una orquesta de este nivel de oficio, de profesión y de historia. Es sorprendente. En un momento, pregunté cuáles eran los límites, qué podía hacer con la orquesta y qué no podía hacer.. Si podía dividirla en grupos, cuánta gente era, y ahí me contestaron ‘con tu obra van a ir tales obras de Bridge y Britten. Cuando oí eso, quedé para adentro. En verdad es un lujo que tu nombre esté al lado de esos dos compositores. Ahí empecé a trabajar en la obra pensando en los músicos. No usé la orquesta completa porque para mí el espacio era muy importante. Con el concepto que habíamos desarrollado y la forma en la que a mí me gusta representar los datos, el espacio se vuelve algo muy, pero muy importante, porque al final lo que yo trato de hacer es replicar el movimiento de las mareas en la orquesta. Entonces, lo que hice fue usar un poco menos de músicos, disponerlos en una forma de cuadrícula en la que el sonido se panea y se pasea de un lado para otro y así yo represento las corrientes marinas que están más en la superficie del océano que son precisamente las que miden los drifters«.

Imagino que irá al estreno, el domingo 4, en Berlín…

«Tengo que estar ahí, porque debo ejecutar además electrónica que va a acompañar esto,y los videos. Los poemas, de hecho, van a ser presentados también en conjunto con la orquesta, funcionan como una especie de interludios, así que también tengo que estar ejecutando eso, y hay algunas secciones donde uno puede ver las gráficas, que también me proveyeron las científicas, y que básicamente muestran más o menos lo que está sonando en la orquesta».

La electrónica, ¿será en tiempo real?

«No, toda la electrónica es tape. Para ser honesto, decidí jugar a la segura, que no fuera a haber algún problema respecto de alguna programación mal hecha, considerando además que estoy muy nervioso, muy ansioso teniendo este primer encuentro con una orquesta yo solo, así que preferí jugar a la segura en ese sentido, y yo no le quito el mérito para nada».

Son todos recursos no sólo válidos, sino necesarios de experimentar con ellos en diferentes circunstancias. No tiene nada ni de mejor ni de peor que la electrónica sea en vivo o no, por supuesto.

«Exacto. Y te da otras posibilidades también. El no tener micrófonos metidos entre medio de la orquesta me permite, por ejemplo, poner electrónicas más fuertes que no van a chocar con un micrófono y producir feedback«.

Víctor Gutiérrez.

La anterior obra para orquesta que estrenó Víctor Gutiérrez, se tituló Textculpting y fue estrenada en 2019. Fue parte de un proyecto organizado por su profesor Georg Hadju, titulado «Sinfonía en el Túnel del Elba», y celebraba la reinauguración del antiguo túnel St. Pauli. Un total de 144 intérpretes se ubicaron a lo largo de los dos canales del túnel, que se extienden por 430 metros, e interpretaron las partituras de diversos compositores que iban recibiendo en sus tablets en tiempo real, a través de un sistema informático, sin director. Un registro de Textculping, en vivo, puede revisarse aquí.

Textculpting.

Entre sus maestros, destaca especialmente la metodología de enseñanza y las ideas musicales de Alexander Schubert, en Alemania, y también a Andrés Ferrari y Andrés Maupoint, dice, siempre les agradecerá «por todo lo que me enseñaron musicalmente, por estrujar cada gota de idea de mi imaginación cuando estudié con ellos y por darme las herramientas para hacer lo que hago hoy».

Entre las obras de Víctor Piano que han sido programadas se cuentan Qatachillay (2015) en Festival Prismas que se desarrolló ese mismo año en el GAM y Estupor (2017) en el Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile, en 2018, además de Anhelos de Bolsillo (2019) en Festival Selva 4.0, en 2020.

Víctor Gutiérrez, en Crisol.

Entre otros recursos, trabaja con electroacústica, luces, animación, video, música folclórica, danza, teatro, improvisación, programación y música generativa. Además de compositor, trabaja como intérprete y performer. Con Canto Crisol, que cofundó, cultivó la fusión latinoamericana tocando piano, guitarra, tiple colombiano, cantando y componiendo, y también ha cultivado la improvisación con YNFV, Your New Favourite Band, en Alemania.

Usted ya completó su magíster en Hamburgo. ¿Se radicará allá o tiene planificado moverse?

«No, en este momento estoy en Hamburgo, y estoy contento. Pero estoy muy abierto, lo que más me importa ahora es seguir creciendo. Probablemente postule el próximo año a distintos lugares para seguir estudiando y Hamburgo dentro de esas posibilidades».

¿Por qué utiliza el nombre Víctor Piano?

«Mucha gente me ha preguntado eso. Cuando tuve que hacerme mi primer gmail, estudiaba piano y decidí que iba a ser victorpiano. A raíz de eso, mucha gente en el colegio me conocía como Víctor Piano, así me decían muchos amigos, y de cariño me siguen diciendo pianito. Cuando llegué acá a Hamburgo a estudiar, yo no era Víctor Gutiérrez, sino que era Víctor Ernesto Gutiérrez Cuiza, en todos mis documentos, y mucha gente se refería a mí con mis cuatro nombres. Yo creo que tiene que ver con el respeto que tienen los alemanes con las cosas oficiales. Así que decidí usar Víctor Piano porque la gente que más quiero me llama así y por premiar a mi yo del pasado que decidió que yo era Víctor Piano».

Por Romina de la Sotta Donoso | 29-11-2022.

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