Para Elisa y las sonatas Waldstein y Appassionata de Beethoven en nuevas grabaciones de Alfredo Perl
Domingo 26 de Abril, 2026
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Domingo 26 de abril
En este capítulo de Chile Clásico presentamos sonatas de Ludwig van Beethoven interpretadas por Alfredo Perl.
Provienen del segundo volumen de la grabación completa que el pianista y profesor chileno está realizando para el sello alemán Audite y que será editado en seis discos compactos el 8 de mayo próximo, pero que ya está disponible para su descarga en una serie de formatos de audio, incluyendo Dolby Atmos, en la página web audite.de.
Este segundo volumen registrado entre enero de 2021 y junio de 2024 en Bremen, abarca el periodo que va desde 1801 hasta 1814, un periodo que incluye sonatas tan populares como las llamadas Claro de Luna, Pastoral, Tempestad, Cacería, Waldstein, Appassionata y Los Adioses, junto con las Variaciones Eroica y la miniatura conocida como Para Elisa.
Precisamente vamos a comenzar esta selección con la enigmática bagatela escrita en 1810 y publicada póstumamente en 1867. Se cree que el título alude a la cantante Elisabeth Röckel, esposa de Johann Nepomuk Hummel y amiga de Beethoven que interpretó el rol de Fidelio en su ópera.
El segundo volumen de Alfredo Perl, dedicado a la obra para piano de Beethoven, se centra en un periodo crucial en la carrera del autor. Por un lado, es el momento en el que la escena europea lo conoce y considera como el principal compositor de musica instrumental. Y por el otro, comienza el progresivo deterioro de su audicion que precipita una crisis existencial.
El encargo que hace en 1803 a la firma parisina Erard solicitando un nuevo y gran piano, un instrumento que tendría por los siguientes veinticinco años, marca una salida de esa crisis y, a la vez, la posibilidad de explorar una escritura musical que expandiera las demandas tanto expresivas como técnicas en posteriores obras para piano.
En 1803 y 1805 aparecieron las grandes sonatas de concierto de Beethoven, la Waldstein y la Appassionata, dos obras que revelaron una riqueza sonora, diseño casi orquestal y brillo pianístico sin precedentes. Después de ellas, cada sonata del compositor se convirtio en una entidad individual, distinta a su antecesora y sucesora en carácter y logros.
La obra dedicada al conde Waldstein también se llamó Aurora, porque algunos asociaron la secuencia de sus tres movimientos a la actividad cotidiana, la calma de la noche y un nuevo amanecer. Por otro lado, al ver la amplitud de los movimientos externos, el autor reemplazó el extenso andante original por un adagio condensado que introdujera y preparara el final.
La Waldstein de 1803 fue seguida por la Appassionata en 1805, obra que retiene su riqueza sonora, brillo pianístico y diseño casi orquestal, pero que adopta una solemnidad trágica de principio a fin. Comienza de manera misteriosa y expone una prolongada tensión, sigue con una serena serie de variaciones y finaliza de forma violenta para conducir a la catástrofe.
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