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cine chileno

La Francisca, estreno de Rodrigo Litorriaga

Con un equipo internacional se rodó y produjo este filme que muestra a una joven y su hermano autista, con actores no profesionales.

La Francisca, película coproducida por Chile, Bélgica y Francia, llega a PuntoPlay. Dirigida por Rodrigo Litorriaga, tendrá un preestreno el jueves 2 de septiembre y funciones a partir del sábado 4 en la plataforma.

Filmada en Tocopilla con un equipo internacional y un elenco de no-actores, presenta un retrato generacional marcado por la falta de oportunidades y la decadencia institucional.

Francisca es una joven de 19 años que vive con su familia en el desierto de Atacama. Sueña con salir de ahí, pero debe cuidar a su hermano Diego, quien tiene 8 años y ha sido definido como autista. Ella se ilusiona cuando un profesor llamado Fernando se ofrece a darles clases particulares al niño, sin sospechar que las cosas se complicarán.

La Francisca, ópera prima de Rodrigo Litorriaga, presenta con sutileza una crítica social en el contexto de un Norte de Chile sacudido por sismos.

Coproducida por Chile, Bélgica y Francia, cuenta con un equipo internacional que incluye al director de fotografía francés Jean-Marc Ferrière y la sonidista belga Ophélie Boully. El elenco está compuesto por actores no profesionales como Javiera Gallardo (Francisca), Aatos Flores (Diego), Francisco Ossa (Fernando), Roberto Flores, Varinia Carito Vila y Lester Ransom Wyatt.

“La trama nace a partir de las primeras revueltas estudiantiles del 2011”

Rodrigo Litorriaga, quien creció fuera de Chile, se reencontró con su país en el año 1990, cuando se instaló en Iquique. “Del norte de Chile, del desierto de Atacama, siempre me llamó mucho la atención la rudeza del paisaje y su extrema belleza, la precariedad de ciertos asentamientos humanos y el ímpetu resiliente de la población”, analiza el director.

“La idea de la película nace entonces primero del contexto: tener el desierto de Atacama y el Océano Pacífico como escenarios principales de una trama a construir. La trama nace a partir de las primeras revueltas estudiantiles del 2011, y de la observación del impresionante precipicio que separaba en aquél entonces la dinámica 'revoltosa', exigente y contestataria de la juventud con un entorno institucional ensimismado e incapaz de atender, ni menos de comprender e integrar en su trama la necesidad de la inclusión de la juventud en la construcción de perspectivas alentadoras#, agrega.

"Ahí nace el personaje de la Francisca, una joven cualquiera, por así decirlo, guiada por su sola perspectiva juvenil de vivir su vida. Y frenada en esa posibilidad por un entorno hostil, por no decir decadente. Finalmente, sentía la necesidad de instalar este 'retrato' geográfico y generacional en una trama específica propia de un cierto cine independiente, que suele presentar la necesidad que tiene la juventud de movilizarse de la periferia al centro como un viaje de gran naturalidad”, indica Rodrigo Litorriaga.

Con respecto al personaje protagónico, aclara que "la Francisca es una chilena representativa de una cierta juventud, de una cierta generación de jóvenes inscritos en un cierto contexto social de marginalidad económica, social y geográfica que comparten muchos chilenos hoy en día".

Su afán, aclara, "no es político, ni responde a ninguna ideología específica, sino solo pretende ser justa con lo que es y con lo que moviliza sus sentimientos: sus amistades fundamentalmente, y dentro de su familia, que aparece aquí como bastante disfuncional a su hermano menor, un niño catalogado de autista al que nadie presta atención, y al que Francisca pretende ayudar, en circunstancias de que aquella responsabilidad debiera ser asumida por el mundo de los adultos. El es un niño 'catalogado' de autista, y encerrado en el fondo en un profundo mutismo. Diego 'representa' en cierto modo a las generaciones futuras, las generaciones condenadas por la excesiva pasividad del entorno social, familiar, institucional, en el que se desenvuelve”, explica.

Litorriaga cuenta que el rodaje fue complicado. Un accidente de cámara amenazó la filmación, pero “el equipo permaneció movilizado”. Un factor positivo es el ambiente singular que se genera a la hora de trabajar con equipos multinacionales: un director de foto francés, una operadora de sonido belga, son situaciones que alimentan positivamente la experiencia de trabajo de los equipos.

Además de su vínculo estrecho con la observación del entorno, “La Francisca” tiene claras sus referencias cinematográficas. "Recorrí múltiples cosmogonías cuando construí la película: elementos de un cierto cine contemplativo asiático (de las películas de Hou Hsia Hsien, por ejemplo), mezclado a ciertos ímpetus del cine independiente americano, y entre ellos a Easy Rider, de Dennis Hopper y del nuevo cine mexicano, bruto, áspero, con una estética nueva muy representativa del continente latino americano al que Chile pertenece”, confiesa el director.

“Sin embargo, a la salida, siento que el ejercicio realizado logra también muchas correspondencias con un cine neo-realista chileno de los años 60-70 (Largo Viaje, de Patricio Kaulen) y un cierto ímpetu libertario propio también a esos años (“Palomita Blanca”). Ese cine se nutría del contexto social en el que se construía, trataba la rudeza cotidiana con cierta poesía. Podría entonces definir la película como una propuesta de cine chileno neo-realista 2.0”.

Litorriaga agrega: “Hay un discurso sobre cómo la juventud está atrapada dentro de un contexto social hermético (ciudad de Tocopilla), un contexto familiar de abandono (los adultos ya no construyen el futuro de su juventud), un contexto institucional decadente y perverso (en este caso la escuela) y dentro del cual no tiene otra alternativa que aunar fuerzas dentro de su propia condición”.

Información: Plaza Espectáculos.

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