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Concierto

Ensamble Rosenmüller: Música en familia

Con la dirección de Rolando Belmont, el conjunto abordará a Rosenmüller, Tunder y Buxtehude.

Ensamble Rosenmüller que dirige Rolando Belmont, ofrecerá el sábado 11 de noviembre el concierto “Música en Familia”, que conmemora el aniversario del ensamble. Se interpretarán obras de Johann Rosenmüller, Franz Tunder y Dietrich Buxtehude, para exhibir la relación entre el estrecho vínculo familiar entre Tunder y Buxtehude.

Será a las 19:00 horas, en el Templo San José, ubicado en Agustinas 2874, Santiago. Gratis.

Notas al programa, por Rolando Belmont

“Música en Familia” es un concierto conmemorativo de aniversario del conjunto chileno de música barroca, Ensamble Rosenmüller, en el que se interpretarán algunas obras de los compositores alemanes Johann Rosenmüller, Franz Tunder y Dietrich Buxtehude. Cabe destacar que el concierto tiene por objetivo presentar la relación entre el estrecho vínculo familiar entre los últimos dos compositores señalados y la composición que caracteriza a la música alemana de mediados del siglo XVII, cuyas obras fueron presentadas durante el periodo de Adviento en los ya entonces aclamados "Conciertos Vespertinos" celebrados en la iglesia de Santa María de Lübeck (Abendmusiken, en alemán), cuya reputación atrajo al mismo Johann Sebastian Bach, cuyo encuentro con Buxtehude habría cambiado por completo su obra a posterior.

Durante el siglo XVII entre los compositores que introdujeron el “Stille Moderno” al norte de Alemania, es posible citar a Johann Rosenmüller, quien sería estudiante e íntimo amigo de Heinrich Schütz, maestro de capilla en Leipzig, previo a su exilio a Venecia. La obra de Rosenmüller se caracteriza por ofrecer un estilo modal, conformado por armonías poco funcionales resultante del entramado entre la voz y los instrumentos, mostrando un fuerte empuje tonal al encarar las cadencias y haciendo uso intensivo de la imitación, donde las entradas se suceden en orden irregular y en intervalos variados consecutivos.

Asimismo, era práctica habitual entre los compositores protestantes allegados a la Venecia de mediados del siglo XVII usar los textos eclesiásticos para su devenir artístico, tal como diría San Agustín en sus Meditaciones: “Oh, las riquezas de todas las cosas buenas, Dios es el proveedor más abundantemente generoso de satisfacción celestial. Da de comer al cansado, reúne a los dispersos, libera al cautivo. Para que venga a ti con paso libre y descanse en ti, y sea renovado por ti, pan celestial”. Pareciera ser que el texto fue utilizado para expresar el sentimiento de esperanza de estar en comunión, que da por resultado la dicha y goce ante una divinidad única y omnipresente.

A su vez, entre los contemporáneos a Rosenmüller, destaca el compositor alemán Franz Tunder de Lübeck, cuya obra se ve influida desde sus primeros años por el estilo franco flamenco renacentista del connotado organista neerlandés Jan Pieterszoon Sweelinck, la que se caracteriza por el uso de un improvisado estilo fugado, el que era complementado armónicamente con un contrasujeto en respuesta al discurso elaborado por el tema principal. Años más tarde, viaja a Florencia para ser alumno de Girolamo Frescobaldi, compositor y organista italiano que dotó de expresividad y emocionalidad a través de la estructura del madrigal y la “Canzona”, añadiendo consigo discurso a su obra.

Usualmente, la obra de Tunder entrega un oscuro sentido melancólico y reflexivo al texto bíblico cómo diría en dos de sus cantatas, siendo interpretadas en numerosas oportunidades en la iglesia de Santa María de Lübeck. Una de ellas dice “O, dulce Jesús, creador del género humano. Por tu sacramento quiero que habites en nosotros. Guarda mi corazón y mi cuerpo, para que no sea confundido para siempre”, el que finaliza con un glorioso “Aleluia” a ritmo ternario, aludiendo al encuentro con tan anhelada comunión. La segunda cantata hace gala de un afectuoso saludo al Padre Celestial, diciendo “Salve, Padre celestial de las misericordias. Dulce es la vida y nuestra esperanza, Salve. Nosotros por ti clamamos, los exiliados hijos de Eva. Por ti suspiramos, suspiramos, suspiramos y lloramos, en este valle de lágrimas. Ven, entonces, libertador nuestro, vuelve esos ojos de tu misericordia hacia nosotros, hacia nosotros.” La instrumentación de la cantata fue cuidadosamente escogida para caracterizar el diálogo entre el Padre y a la Humanidad, a través del violín y la voz, respectivamente, cuyos motivos van siendo alternados a medida que avanza el discurso entre ambas voces.

Inmediatamente sucede a la obra del organista de Lübeck, la de su yerno, el compositor y organista germano danés Dietrich Buxtehude. Buxtehude fue quién dio un giro rotundo a la actividad de los

“Conciertos Vespertinos” (Abendmusiken, en alemán), institución impulsada por su suegro, dado que le otorgó de gran popularidad entre sus contemporáneos a través del dramatismo que buscaba persuadir al público, digno de ser comparado con el de las grandes casas de la ópera veneciana, llegando inclusive, hasta los oídos del mismo Johann Sebastian Bach en 1705, quién decidió viajar 320 km desde Arnstadt a pie para tan solo escucharlos. Así cómo su predecesor, Buxtehude incluía obras vocales imbuidas ya en un “Stil Moderno” de progresión, más estas ofrecían un espíritu aún más ameno y jovial, desde la presentación de grandes corales asistidos por una orquesta que emulaba con cierta galanura a la “Camerata Fiorentina”, cómo a su vez, presentarlos de una manera más íntima y modesta, conformándose con pocos intérpretes, a la usanza de la Alemania de post guerra.

Entre las obras que destacan durante la vísperas de Adviento de los conciertos vespertinos, fue el salmo extraído de la Biblia Vulgata “Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum ita desiderat anima mea ad te Deus”, en el que se describe cómo el alma humana, herida por el deseo, ansía beber del agua de la fuente de la Vida, cómo lo hace un ciervo que brama en el bosque por el agua cristalina que emana de un manantial y cómo esta alcanza la seguridad, tranquilidad y plenitud de entrar en comunión con Dios, provocando con ello el más exultante goce por el reencuentro. Dicha obra fue compuesta utilizando la estructura y ritmo de una chacona, tradicional danza española, altamente popularizada en el resto de Europa a través del iluminado faro de la fulgente Italia, la que escenifica al ciervo que para aplacar su sed o sanar sus males o heridas, corre libremente hacia la fuente de agua pura, del mismo modo que el Alma Humana ansía beber de la fuente del Amor Divino.

Información: Ensamble Rosenmüller.

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