*
Estás leyendo: Siglo XXI – Marcopolo de Vivier (1)
Siglo XXI – Marcopolo de Vivier (1)
Siglo XXI

Siglo XXI – Marcopolo de Vivier (1)


Por: - 7 de junio de 2013
cerrar Copiar link
cerrar Incrustar Player
cerrar Suscríbete a este programa

 

Claude Vivier

Reves d’un Marcopolo, ópera en dos partes

Solistas, Schoenberg y Asko Ensembles / Reinbert de Leeuw

 

Antes de establecerse en París, Vivier comenzó a trabajar en una ópera en torno a Marco Polo. De esta creación alcanzó a concluir algunas secciones, las que fueron producidas por primera vez en forma escénica en 2004 en Holanda en una reconstrucción que contó con la dirección escénica de Pierre Audi y musical de Reinbert de Leeuw.

Pierre Audi conoció la creación de Vivier en 1985 y produjo el primer festival íntegramente dedicado a su música en 1987, cuatro años después de la muerte del canadiense. Ese evento se centró en la primera representación profesional de la ópera Kopernikus y fue el primer paso en el descubrimiento del importante legado de Vivier.

Quince años más tarde, y habiendo difundido ya todo el trabajo del compositor, Audi y De Leeuw nuevamente se unieron para otro montaje de Kopernikus y la primera presentación escénica de Marco Polo, un proyecto inconcluso de Vivier al que los artistas holandeses dieron forma con las obras instrumentales y vocales que el canadiense alcanzó a completar.

La producción se tituló “Reves d’un Marco Polo” (Sueños de un Marco Polo) y fue grabada por cantantes junto a los ensambles Schoenberg y Asko dirigidos por Reinbert de Leeuw.

Pierre Audi describe el contenido de Marco Polo como “cuadros que exploran el inicio de la muerte como un estado deseado, al que nos acercamos sin miedo y con gran serenidad, a pesar de todas las dudas. Hay fantasía, introspección emocional, soledad, anhelo de luz en la oscuridad, recuerdos de terrores y opresiones del mundo que dejamos atrás”.

“Marco Polo es un viaje meditativo que culmina con una única premonición: ser perforados por el cuchillo de un asesino, como si se trata de un sacrificio idealizado que finalmente nos llevará a un nuevo mundo. Lo cierto es que el viaje de Marco Polo es sólo una metáfora del coraje y simboliza el quiebre de todo tipo de barreras, vida y muerte, Oriente y Occidente”.

De esta reconstrucción comencemos con “Prólogo para un Marco Polo”. Se subtitula “El testamento y último deseo de Marco Polo – Visión de Zipangu” y data de 1981. En ella, Marco Polo está representado por tres niveles lingüísticos distintos: el francés, un idioma inventado y otro idioma, de un diálogo imaginario.

Se invoca la palabra Zipangu, denominación antigua de Japón, y Marco Polo habla de su soledad y de la incomprensión que ha sufrido de parte de quienes le han rodeado, mientras viaja hacia la oscuridad, la muerte y la erradicación del ser. Lo único que queda es su testamento y su último deseo.

En esta sección aparece Johan Leysen como narrador junto a las sopranos Susan Narucki y Claron McFadden, la contralto Helena Rasker, el tenor Terence Mierau, el barítono James Ottaway y el bajo Harry van der Kamp.

En esta reconstrucción de Marco Polo, el director Reinbert de Leeuw incluyó una obra para piano que Vivier compuso en 1977. Se titula Shiraz y recuerda una ciudad iraní que el autor conoció durante uno de sus viajes por Oriente, y a dos cantantes ciegos que escuchó en un mercado local.

Shiraz es una partitura demandante en términos de virtuosismo, energía y expresividad. De hecho, el éxito de la interpretación depende mucho de la capacidad física y la concentración del artista, más aún cuando la concepción musical gira en torno al movimiento de las manos del pianista y su perfecto control como dos entidades separadas.

Shiraz fue interpretada por Marc Couroux.

Otra obra ligada a Marco Polo se llama Lonely Child, compuesta en 1980 y precursora del particular sonido orquestal que caracterizaría el estilo maduro de Vivier. Para esta versión de Lonely Child se contó con la participación de la soprano Susan Narucki y miembros de los conjuntos Schoenberg y Asko.

En Lonely Child el protagonista rememora su niñez, entonando una canción solitaria, una melodía coloreada y desarrollada hasta alcanzar una mayor complejidad. Hacia el final, la partitura es reducida a un acorde y luego a un intervalo, volviendo en el último momento al estado primitivo de la melodía que le había dado inicio.

 

Comentarios