*
Estás leyendo: Siglo XXI – Iannis Xenakis (2)
Siglo XXI – Iannis Xenakis (2)
Siglo XXI

Siglo XXI – Iannis Xenakis (2)


Por: - 8 de julio de 2013
cerrar Copiar link
cerrar Incrustar Player
cerrar Suscríbete a este programa

 

Obras de Iannis Xenakis interpretadas por la Filarmónica de Luxemburgo dirigida por Arturo Tamayo (programa 2)

Syrmos (1959) (12.20)

Hiketidès (1964) (12.00)

Akrata (1964-65) (10.40)

Antikhthon (1971) (17.35)

 

Después de desarrollar un idioma musical único y original, cuya primera manifestación fue la obra Metastaséis estrenada en 1955, Xenakis fue obteniendo el reconocimiento de unos y el rechazo de otros, básicamente por oponerse a las dos corrientes principales de la música de vanguardia de la época: el serialismo y la indeterminación.

Xenakis desarrolló su “música estocástica” manejando el comportamiento grupal de las masas sonoras y no el tratamiento individual de los sonidos en contextos en los que hay muchos elementos. Primero lo hizo en Pithoprakta, luego en Achorripsis y después en la serie ST basada en el cálculo de los parámetros a través de computadores.

Mientras trabajaba en la serie ST, Xenakis produjo un verdadero manifiesto de cómo era su lenguaje en los instrumentos de cuerda. Ese manifiesto se llamó Syrmos y fue escrito en 1959 para 18 o 36 instrumentos en una partitura gráfica basada en transformaciones estocásticas de una serie de estructuras con glissandi, col legno y pizzicati.

En 1961, fue invitado al congreso Oriente-Occidente realizado en Tokio, al que también asistieron Berio, Carter, Cowell y Sessions, y en 1962 fue recibido como un héroe en el Festival de Otoño de Varsovia, Ligeti incluyó Metastaseis en sus charlas en Darmstadt y Lukas Foss estrenó Morsima Amorsima en Atenas.

Ese mismo año, Xenakis recibió el premio Manos Hadjidakis y un encargo para escribir música incidental para Las Suplicantes de Esquilo. Aunque el compositor no podría ir al montaje, ya que todavía tenía prohibido ingresar a Grecia, so pena de encarcelamiento y muerte, el proyecto estimuló su imaginación porque se presentaría en Epidauro.

Estrenada en 1964, Hiketidès plasmó las investigaciones y conocimientos de Xenakis de la cultura y la literatura griegas clásicas, contrastando una escritura vocal arcaica con un lenguaje instrumental moderno y comprometiendo al coro en una especie de teatro total que involucraba recitación, canto, danza y percusiones.

Hiketides fue una de las escasas creaciones completadas por Xenakis entre 1963 y 1965. En ese periodo realizó una residencia en Berlín gracias a una beca de la Fundación Ford y dedicó más tiempo a escribir textos e investigar acerca de la base histórica de su arte y nuevas maneras de concebir el tiempo y el espacio en su música.

Al final de esa etapa, Xenakis completó Akrata, una partitura compuesta por encargo de la Fundación Koussevitzky y que se estrenó en 1966 en el Festival Bach de Oxford. Fue concebida para dieciséis instrumentos de viento, pero con una instrumentación inusual, ya que concentra las maderas en los extremos agudos y bajos.

Akrata fue construida sobre una premisa muy restringida: notas mantenidas o repetidas. El material es sometido a múltiples variaciones y los diferentes parámetros son tratados de manera casi independiente. Al mismo tiempo, las pausas y los silencios, que cumplen un rol dentro de la partitura, enfatizan su austeridad y fuerza expresiva.

El particular universo sonoro de Akrata, con sus repeticiones, silencios y dinámicas, fue expandido tres años más tarde por Xenakis en Kraanerg, el primer ballet del autor, cuyo estreno se realizó en 1969 en la inauguración del National Arts Centre de Ottawa con el Ballet Nacional de Canadá y una coreografía de Roland Petit.

Por entonces, varias obras de Xenakis habían sido adaptadas al ballet, como sucedió con Metastaséis y Pithoprakta, que el New York Ballet presentó en 1968 con coreografía del también eminente George Balanchine. Esto condujo a un encargo de Balanchine al autor que, si bien no se concretó en escena, resultó en la obra orquestal Antikhton en 1971.

Inspirada en una antigua visión del cosmos, Antikhthon (Antitierra) logró una identidad como obra orquestal abstracta, con una construcción episódica, un cierto predominio de las cuerdas y la incorporación, curiosa para los estándares de Xenakis, de varios pasajes melódicos solistas para los vientos.

 

Comentarios