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Estás leyendo: ‘Preludio a la siesta de un fauno’ y otras obras de Debussy
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Segundo capítulo del ciclo que recuerda a Claude Debussy.

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Martes 20 de marzo

Cuarteto en sol menor (1893) Cuarteto Brodsky (27.00)
Preludio a la Siesta de un Fauno (1894) Orquesta Cleveland / Pierre Boulez (8.50)
Nocturnos (1897–9) Orquesta Cleveland / Pierre Boulez (22.30)
Para el Piano (1894-1901) Jean-Efflam Bavouzet (11.50)
Estampas (1903) Jean-Efflam Bavouzet (13.10)
Imágenes (1901–5) Jean-Efflam Bavouzet (27.30)

Después de una fascinación pasajera por Wagner, que quedó plasmada en algunas de las obras que escribió entre 1887 y 1889, Debussy fue cautivado por el teatro de Annam y el gamelán de Java, dos hallazgos que conoció en la Exposición Universal de 1889 y que terminaron por modelar su estética personal.

Entre 1890 y 1893 conoció a Mallarmé, Satie y Chausson, hizo su debut en el principal escenario parisino, la Sociedad Nacional, donde presentó el cuarteto en sol menor y “La doncella elegida”, descubrió a Maeterlinck, Mussorgsky y Poe, así como inició la ópera Pelleas y Melisande.

En la Sociedad Nacional, entidad que cobijaba a músicos franceses con apego al arte germano, el cuarteto fue recibido con prudente silencio. Quienes opinaron resaltaron las influencias rusas y sonoridades insólitas, otros lo calificaron como original y encantador pero desconcertante.

Este Cuarteto en sol menor es interpretado por el Cuarteto Brodsky.

Después de conocerse en 1890, Mallarmé pidió a Debussy que contribuyera con música para un proyecto teatral sobre el poema “Preludio a la siesta de un fauno”. Aunque este proyecto nunca se concretó, el compositor retomó la idea y la convirtió en una especie de poema sinfónico que estrenó en 1894.

Mallarmé asistió a la primera audición y aprobó plenamente la música, pero la partitura no tuvo el suficiente éxito como para atraer la atención de la crítica y Debussy continuó siendo desconocido, excepto para un pequeño círculo de artistas, a pesar de que con la obra estaba marcando un antes y un después en la historia de la música occidental.

Interpreta la Orquesta de Cleveland dirigida por Pierre Boulez.

Debussy completó la primera versión de la ópera Pelleas y Melisande en 1895. Mientras intentaba llevarla a escena, se dedicó a terminar los Nocturnos para orquesta, una obra que había comenzado como un concierto para violín pero que terminó como una trilogía puramente orquestal en 1899.

Como sucedió con todas las anteriores a Pelleas y Melisande, esta partitura no llamó la atención de la crítica, ni siquiera cuando se interpretó completa en 1901, ocasión en que fue acompañada de un texto del mismo Debussy que explicaba que el título Nocturnos evocaba impresiones y efectos de luz tal como sucedía en las pinturas de Whistler.

La primera parte describe el aspecto inmutable del cielo, con una procesión de nubes en que se mezclan tonos grises y blancos. La segunda evoca el ritmo de la atmósfera, con repentinos rayos de luz, y la tercera se concentra en el incesante movimiento del mar e incluye un misterioso canto de sirenas que emerge entre olas iluminadas por la luna.

Nocturnos, con sus partes Nubes, Fiestas y Sirenas, es interpretado por Coro y Orquesta de Cleveland dirigidos por Pierre Boulez.

Solamente después de lograr una individualidad estética en la música vocal y orquestal, Debussy afirmó su personalidad en el piano y convirtió a este instrumento en un medio fundamental para posteriores exploraciones, siendo el primer compositor occidental en concebir una música donde los sonidos fueron más importantes que las notas.

En la trilogía Para el Piano, iniciada en 1894 y terminada en 1901, aparece por primera vez el autor alejado de toda influencia germana al remontarse hacia el barroco francés y la música de maestros como Couperin y Rameau. Dos movimientos extremos vigorosos y robustos son contrastados con una gravedad casi litúrgica en la sección central.

Con sus partes Preludio, Sarabanda y Toccata, esta suite Para el Piano es interpretada por Jean-Efflam Bavouzet.

El giro definitivo de Debussy hacia el universo pianístico que le hizo famoso se inició en 1903 con Estampas, trilogía que introdujo el estilo que alcanzó su culminación en los Preludios y para el cual el compositor forjó una escritura pianística revolucionaria, libre e íntima, necesaria para traducir sonidos nunca antes expresados en el piano.

Estampas se inicia con una obra inspirada en el gamelán de Bali, sigue con una obsesiva habanera que evoca un cálido atardecer andaluz, una partitura libre y fragmentaria que Falla citó en su tributo póstumo al autor, y concluye con una estilización del viento, la lluvia y el frío parisinos, mezclada con una canción infantil francesa.

Con sus partes Pagodas, Atardecer en Granada y Jardines bajo la lluvia, Estampas es interpretada por Jean-Efflam Bavouzet.

El siguiente paso en la evolución de Debussy en el piano fueron los dos ciclos Imágenes escritos en 1905 y 1907. Ambos unen sensibilidad y refinamiento poético con sutileza y virtuosismo, así como anticipan a los Preludios al inspirarse conceptualmente en el arte oriental, la naturaleza, el barroco musical francés o simplemente un sonido.

Con sus secciones Reflejos en el agua, Homenaje a Rameau, Movimiento, Campanas a través de las hojas, Y la luna desciende sobre el templo que fue y Peces dorados, estas dos series de Imágenes para piano son interpretadas por Jean-Efflam Bavouzet.

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