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Los últimos cuartetos de Dvorak
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Los últimos cuartetos de Dvorak


Por: - 1 de abril de 2018

Quinto programa con música de cámara de Dvorak.

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Viernes 16 de marzo

Cuarteto para cuerdas Op.96 “Americano” (Emerson) (25.50)
Sonatina para violín y piano Op.100 (Marwood, Tomes) (18.40)
Cuarteto para cuerdas Op.105 B.193 (Emerson) (31.50)
Cuarteto para cuerdas Op.106 B.192 (Emerson) (37.10)

Dvorak llegó a los Estados Unidos en septiembre de 1892, para trabajar como director y profesor del Conservatorio Nacional de Nueva York. Permaneció tres años en el cargo y en ese periodo, además de escribir y estrenar importantes obras, influyó de manera muy determinante en los compositores locales al mostrarles cómo aprovechar e integrar en su arte el material proveniente de la música negra, indígena e inmigrante.

Él mismo incorporó este material en las partituras que concibió en Estados Unidos y una de ellas fue el cuarteto conocido como “Americano”. A una simplicidad deliberada, si se consideran aspectos como extensión, demandas técnicas y uso de material temático, este cuarteto sumó connotaciones autobiográficas, en detalles como la alusión al canto de un pájaro en su tercer movimiento y ecos de música de iglesia en el cuarto.

Cuarteto en fa mayor Op.96 “Americano” con el Cuarteto Emerson.

De las tres obras de cámara que Dvorak escribió en los Estados Unidos, la sonatina para violín y piano fue quizá la que mejor combinó la simpleza y el localismo explorados por el autor en esos años. Contó con menores exigencias técnicas, ya que fue concebida para sus hijos, y asimiló el carácter de una canción popular en el movimiento lento basado en la historia de Hiawatha y que tuvo fama independiente con el título de “Lamento indio”.

Sonatina en sol mayor Op.100 con Anthony Marwood y Susan Tomes.

Tres años después de que Dvorak se estableció en Estados Unidos y asumió la dirección del Conservatorio Nacional de Nueva York, una crisis económica afectó a esta entidad y sus sostenedores ya no pudieron pagarle el sueldo prometido. El compositor y su familia retornaron a Bohemia en abril de 1895 y Dvorak retomó sus labores como profesor en el Conservatorio de Praga unos meses más tarde.

Un mes antes de su vuelta a Praga, Dvorak comenzó a componer un nuevo cuarteto para cuerdas, pero dejó la partitura de lado y no la retomó hasta fines de 1895, curiosamente, después de escribir otro cuarteto entre noviembre y diciembre del mismo año. Por ende, sería su último aporte al género, y uno de los más notables, marcado por la generosidad melódica y la inventiva rítmica, un scherzo rapsódico y un lento onírico y apasionado.

Cuarteto en la bemol mayor Op.105 interpretado por el Cuarteto Emerson.

Mientras el cuarteto iniciado en Nueva York fue una especie de resumen ampliado de la música de cámara previa de Dvorak, el cuarteto compuesto en Praga marcó el comienzo de una nueva estética. Su material consiste de motivos cortos y fragmentarios, abunda el contraste, aparecen secciones sin mayor desarrollo e, incluso, elementos que anticipan la “melodía hablada” de Janacek con una escritura tipo prosa.

Cuarteto en sol mayor Op.106 por el Cuarteto Emerson.

Después de componer sus dos últimos cuartetos para cuerdas, Dvorak se concentró en la música orquestal y la escena, compuso cinco poemas sinfónicos en 1896 y cuatro óperas entre 1897 y 1904, siendo la más exitosa Rusalka. Poco después del estreno de su aporte final al género, Armida, el autor falleció a los sesenta y dos años en 1904. Fue sepultado en el cementerio Vysehrad al lado de otros ilustres personajes checos.

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