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Entente Préalable
Siglo XXI

Entente Préalable


Por: - 3 de julio de 2019

A las 24 horas presentamos esta obra colectiva escrita para los 40 años de los Percusionistas de Estrasburgo

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Miércoles 3 de julio – 24 horas

Varios autores
Entente Préalable (2000-2001)
Percusionistas de Estrasburgo (53.35)

Presentamos a los Percusionistas de Estrasburgo y la obra colectiva “Entente Préalable” (Acuerdo previo) estrenada en 2002 para el aniversario 40 del conjunto.

Entente Préalable comprende doce partituras escritas especialmente para el proyecto por Michael Jarrell, François Bernard Mâche, Christian Lauba, Fausto Romitelli, Jean-Marc Singier, Philippe Leroux, Gérard Pesson, Michaël Levinas, Martín Matalón, Jean-Pierre Drouet, Philippe Hurel y Marc Monnet, entre 2000 y 2001.

La obra colectiva se inicia con Incipit de Michael Jarrell, una partitura en que un simple diapasón y algunas pocas figuras musicales incuban lo que podría o no suceder después. Sigue Vectigal Libens de François Bernard Mâche, un pequeño tributo al trabajo de este compositor con los Percusionistas de Estrasburgo que ha resultado en seis obras.

La tercera parte es Kupang de Christian Lauba, obra titulada como una pequeña ciudad de Timor y que homenajea a la música indonesia que tanto influyó a los compositores a comienzos del siglo XX y agrupaciones como los Percusionistas de Estrasburgo que han trascendido y perpetuado esa influencia.

Continúa con Chorus de Fausto Romitelli, donde metales e instrumentos de juguete dan forma, sin intervención electrónica, a efectos como reverberación, distorsión, filtro, eco, chorus y flanger. Una frase de cuatro notas de la obra de Jarrell, y que también concluye la partitura de Mâche, es invertida para evocar a un clásico del pop de los 70.

Rheumics de Philippe Leroux es la quinta parte y se basa en alturas y ritmos de Jarrell y Mâche y los timbres de Romitelli. Explora el material sonoro de objetos inusuales hasta teatralizarlo y llevarlo a un delirio de ruidos, siendo una reflexión de la actividad de los percusionistas, quienes no sólo golpean, sino también frotan, soplan, sacuden, etc.

La sexta obra pertenece a Marc Monnet y se llama Mort et transfiguration pour quarante balais (“balais” puede aludir a las plumillas y también a años de edad). Toma la idea del ruido mecánico de Leroux y agrega un concepto teatral, la elección de los percusionistas de morir o resucitar, lo que enfatiza con el salmo 48 y la escenificación del ruido.

Continua la obra colectiva con Salmigondis de Jean-Marc Singier que el describe como “una porción de la torta cuyos ingredientes son ecos de sonidos precedentes realiñados, trozos de frutas de previas colaboraciones, temas picantes que evocan momentos alegres con los músicos, el placer de tener futuros proyectos con ellos y verlos una y otra vez”.

La octava pieza es Gigue de Gerard Pesson, basada en la danza cómica y satírica nacida en la Inglaterra isabelina, con citas a Leroux, Lauba, Jarrell, Romitelli y Mâche, la sexta de Mahler. Los tubos resonantes, tocados en el cuerpo y en el suelo, entrelazan piernas y brazos en esta coreografía que debe ser fiel al espíritu paródico inicial de la jig.

Le sigue Tic Tac de Michael Levinas, una obra organizada en torno al tictac de un reloj, cuyo movimiento lo representa un sonajero prolongado por maracas y una gran variedad de ruido blanco. Esta “orquestación” es acompañada por el ruido maniático de una caja registradora y el péndulo de una campana agrietada.

Martín Matalón compuso Caramba(les). Mientras el título mezcla “caramba” y “balais”, la música combina cajas claras que diseñan una ligera textura que recuerda las burbujas de champaña, teclados que esbozan algunos artificios y un timbal que marca el tiempo como si hubiese bebido una copa de más.

Sigue Ecart en Temps de Philippe Hurel, una partitura cuya única reminiscencia de todo lo anterior es un motivo de Matalón. Este material, insertado a veces y socavado de una manera gradual, provoca también una laguna en el tiempo de la partitura colectiva y, al final, debe molestar la audición.

Cierra un aporte de Jean-Pierre Drouet titulado La Fuite. Él mismo dice “después de tal riqueza de sonido, ritmo y dinámica, después de tanto virtuosismo y energía, la solución era una: huir… huir del escenario, los instrumentos y el concierto, para la charla privada antes del descanso… pero cuidado con sacar a luz ciertas anécdotas…”

Grabación de 2001 que contó con la participación de Jean-Paul Bernard, Claude Ferrier, Bernard Lesage, Keiko Nakamura, Francois Papirer y Olaf Tzschoppe.

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