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Alfredo Jaar gana el Premio de Arte de Hiroshima
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Alfredo Jaar gana el Premio de Arte de Hiroshima


Por: - 18 de octubre de 2018 FOTO: Arqa

El premio considera una muestra individual en el Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima para el año 2020 con el fin de que el artista continúe contribuyendo con su obra.

El destacado artista chileno Alfredo Jaar, ha recibido el 11° Premio de Arte de Hiroshima, galardón fundado en 1989 y entregado cada tres años con el objetivo de destacar a los artistas que han contribuido a la paz de la humanidad en el campo del arte contemporáneo.

Se radicó en Nueva York en 1982, pero ha recorrido el mundo con su obra, la que refleja reflexiones políticas, desastres y conflictos sociales. De hecho el premio y su vínculo con Japón lo obtuvo mediante su trabajo en torno a las catástrofes de Hiroshima y Fukushima.

“Me siento enormemente privilegiado pero también profundamente humilde ante esta responsabilidad. En estos tiempos oscuros, el ‘espíritu de Hiroshima’ es más necesario que nunca”, señaló a través de un mensaje en la web del Museo de la ciudad.

El pintor Robert Rauschenberg y el arquitecto estadounidense Daniel Libeskind, ambos de EEUU; la artista libanesa Mona Hatoum, la escultora colombiana Doris Salcedo, y la japonesa Yoko Ono, entre otros, han sido premiados también con el galardón.

Jaar, nacido en 1956, se formó como arquitecto y cineasta. Su trayectoria la ha logrado viajando por el mundo buscando historias para contar:

“A mí me mueve la curiosidad. Yo soy artista porque no entiendo el mundo, y quiero entenderlo”, decía en el documental Jaar, el lamento de las imágenes (2017), el cual explora en su proceso creativo.

Esa misma curiosidad lo llevó a lugares como Ruanda en 1994, el mismo año en que ese país sufrió el genocidio que se llevó la vida de más de un millón de personas. De esa tragedia salieron videos y fotografías que años después exhibió en dos proyectos: El silencio de Ndwayezu y Real Pictures.

Su obra en Chile giro en torno a la dictadura militar y las violaciones a los derechos humanos. El Museo de la Memoria contiene su obra La geometría de la conciencia, la cual, con carácter de permanente, consiste en un espacio cerrado donde desde la oscuridad el espectador se enfrenta a 500 siluetas que conmemoran los rostros de los detenidos desaparecidos.

Jaar comenzó a trabajr en Asia el año 1990 cuando viajó a Hong Kong siguiendo crisis vietnamita que llevó a millones de personas a emigrar hacia Singapur, Malasia e Indonesia. Ante las amenazas de deportación, grupos de personas en los barcos habían anunciado pactos de suicidio. Ese elevado nivel de violencia en todo ese contexto llevó a Jaar, a viajar y visitar los campamentos de los refugiados.

Cuatro series fotográficas fueron fruto de esa experiencia. En Untitled (water) (1990), instaló cinco cajas de luz con imágenes del mar, y en la parte posterior pequeños espejos que develan fragmentos de imágenes de los rostros de refugiados vietnamitas. En Opening new doors (1991), aborda las políticas de fronteras abiertas de la Unión Europea, las cuales no se extendieron a Hong Kong. Fading (1991 – 1993), hace referencia al desvanecimiento de la vida, las imágenes, y las vidas. A hundred times Nguyen (1994), está compuesta por 100 fotografías de una niña, Nguyen Thi Thuy, que conoció en los centros de refugiados, donde las condiciones de vida eran deplorables.

Para 1995 participó de la exposición Después de Hiroshima, en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad, el cual conmemoró los 50 años del lanzamiento de la bomba atómica.

“Profundizó en Hiroshima a través de las obras originales que creó para la exposición. Además, en los últimos años ha mostrado un gran interés en el gran terremoto de Japón Oriental y el incidente nuclear posterior en Fukushima”, argumenta el fallo del jurado, integrado por críticos y directores de museos del mundo, junto con ganadores anteriores.

Luego, sobre la tragedia ocasionada por el terremoto y posterior desastre nuclear en 2011, Jaar realizó Umashimenkana (2013), proyecto cuyo nombre fue inspirado en el poema de la activista Sadako Kurihara, quien sobrevivió a la bomba nuclear caída en Hiroshima en 1945. La instalación consiste en 12 pizarrones de las escuelas del pueblo de Ishinomaki, las que fueron encontradas luego del tsunami que afectó al país. Es un homenaje a la docena de niños que murieron debido a que no recibieron las instrucciones correctas de los protocolos de seguridad.

El premio considera una muestra individual en el Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima para el año 2020 con el fin de que el artista continúe contribuyendo con su obra.

FOTO: Arqa

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