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Pianista inglés James Rhodes sobre Claudio Arrau: “Es el mejor de los mejores”
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Pianista inglés James Rhodes sobre Claudio Arrau: “Es el mejor de los mejores”


Por: - 13 de agosto de 2018 FOTO: Ayuntamiento de Zaragoza

El destacado artista y difusor habló de sus traumas, de la crítica que ha sufrido y de como ha logrado salir adelante.

“Cuando aparece alguien como yo, que desde el escenario habla con la audiencia, que toca en festivales de rock, que da muchas entrevistas, por supuesto que el mundo de la música clásica se pone en guardia. Me enfurece pero no me sorprende en lo absoluto. Y que me critiquen me da igual. Mi objetivo es precisamente llegar a nuevas audiencias. Lo único que de verdad me importa es que más gente esté escuchando a Beethoven y a Rachmaninov, y eso sucede”.

Al igual que el canadiense Chilly Gonzáles, el pianista británico y difusor de música, James Rhodes (1975), es un artista que trasciende a los estereotipos establecidos para los músicos de la escena clásica superándolo y proponiéndose llevar esta y el piano a otras audiencias.

Esta estrella de los festivales del actual verano europeo, responsable de tres libros y seis discos con su firma, comentarista radial, conductor televisivo y columnista en diarios, además de “influencer”, como lo tildó un medio español, se ha atribuido la misión de difundir de manera urgente la música clásica, a pesar de la negativa de otros artistas del circuito:

“La música es de todos y no puede ser que alguien se la apropie”, dice el músico radicado en Madrid hace un año.

¿Cuántos músicos clásicos tienen la oportunidad de que se les entregue un micrófono en una radio para hablarles a millones de personas? Y que taxistas, panaderos, se detengan y escuchen sobre Bach, sobre Glenn Gould o Mozart. Y que disfruten, sin necesidad de ‘saber’”, continúa.

El destacado pianista también reconoce que tras su devoción difusora hay un terrible pasado, el cual reveló en su autobiografía publicada hace tres años: Instrumental. En esa revela, además de su pasión por la música, las violaciones que sufrió entre los 5 y los 9 años por parte de un profesor de su colegio en Londres. En el piano abría encontrado un refugio para salvarse de los traumas causados por un criminal que murió impune. Intentos de suicidio, autoflagelación, naufragios de pareja y un ir y venir de terapias fueron su rito de paso a la adultez.

“Escribo para hablar de asuntos sobre los cuales creo que debemos hablar más, e intento elegir las palabras con mucho cuidado. Necesitamos afrontar que el abuso infantil sucede, y a cada rato y no parece detenerse. Qué podemos hacer para realmente escuchar a los niños y que se sientan visibles y seguros. Lo mismo entre adultos: hablemos de enfermedades mentales, de violación, de violencia… Hay mucho trabajo que hacer”.

Todo esto no lo exime de haber recibido filudos dardos provenientes de la crítica. Por ejemplo una nota escrita por el crítico David Torres que se publico en el diario El Mundo, que lo hirió por meses:

 “A Rhodes lo violaron repetidamente durante su infancia y Bach lo salvó, pero ni siquiera esa experiencia límite lo convirtió en un músico excepcional”.

“No hay lógica para escribir algo así, más allá de que quieras llamar la atención. La prensa debe asumir que tiene mucho de lo que responder en la sexualización de los niños, en la culpabilización de las víctimas, en la hipocresía de sumarse al #MeToo para luego juzgar cómo se ve una actriz de 14 años en bikini. Muchas cosas necesitan cambiar”.

Lee aquí el resto de la entrevista publicada en La Tercera.

¿Qué tan familiarizado estás con la tradición de pianistas latinoamericanos?

¡Claudio Arrau, por supuesto! Recuerdo de niño ver videos suyos y asombrarme. Todavía escucho sus grabaciones. Bueno, cómo no, todos lo hacen: es Arrau, el mejor de los mejores.

Arrau era alguien que en sus entrevistas siempre llevaba la atención hacia los compositores.

Él dijo algo que nunca he olvidado. Yo jamás me atrevería a decir algo así, no tendría el valor. Hablaba sobre Beethoven, y comentó: “Conozco esta sonata incluso mejor que el propio Beethoven”.

“¿Pero cómo?”, le pregunta el entrevistador. “Te voy a explicar por qué. Beethoven compuso esta sonata en unas pocas semanas y luego pasó a su siguiente composición. Yo he estudiado esta sonata por treinta años, la he interpretado trescientas veces, conozco de memoria cada nota, y la he estudiado por décadas…”. Y, claro, tiene toda la razón. Los pianistas ‘vivimos’ con estas piezas: las estudiamos una y otra vez, las grabamos y las volvemos a grabar, las interpretamos en vivo… Obviamente no es que los pianistas estemos al mismo nivel que los compositores, eso es imposible, pero sí podemos conocer su trabajo incluso mejor que ellos mismos. Y, tal como Arrau, creo que la atención siempre debe estar sobre sus piezas.

No se trata de ti.

¡No! Ése es el mayor de los errores. No dices “escúchame a mí”; sino “escucha esto”. Pensar lo contrario es para mí un sacrilegio.

Si se han leído tus libros se hace inevitable preocuparse por ti.

¡Claro! ¡Yo también me preocupo por mí! Pasar por una enfermedad mental es para siempre. Es como el cáncer: puedes controlarlo pero luego puede regresar. Y lo triste es que no tengo mayor control sobre eso. Puedo alimentarme bien, mantener una rutina, ver a un terapeuta, pero de pronto te deja tu novia o tus conciertos no venden… y en dos semanas estás en un hospital psiquiátrico. Nunca puedo decir: estoy bien, estoy curado. Sabemos que así no funciona.

Has sido un vocero al advertir los riesgos de enfermedades mentales entre los músicos.

No hay un vínculo entre creatividad y enfermedad mental, eso es una tontería. Quienes crean padeciendo una enfermedad mental lo hacen a pesar de eso. Sé que suena romántico el cuento del compositor atormentado, pero la verdad es que esto nos pasa a todos, seas músico, periodista, un niño de seis años o un administrador financiero. Si vas a un psiquiatra de seguro encontrarán algo que diagnosticarte: desánimo, ansiedad social…; el punto es en qué grado. Vivimos de un modo para el que no estamos diseñados.

La música ayuda…

Por supuesto que sí. Para mí es estimulante estar en contacto con los compositores y saber que eran humanos. Y que por todos los Trump’s de este mundo, todos los La Manada y el horror de esos jueces, toda la mierda alrededor nuestro… hay gente como Mozart y como Arrau que hace cosas extraordinarias. Y las necesitamos.

FOTO: Ayuntamiento de Zaragoza

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