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Rodrigo Cádiz: el arte de la tecnología
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Rodrigo Cádiz: el arte de la tecnología


Por: - 4 de abril de 2015

El compositor e ingeniero es el curador del Primer Festival de Música Electroacústica de la Universidad Católica, que tendrá lugar los días 10, 11 y 12 de abril. Conversamos con él sobre este nuevo proyecto y lo que ha sido su carrera, donde música e innovación tecnológica se dan la mano.

La importancia de la música electroacústica en el medio creativo chileno ha sido una constante desde que nuestro país fue pionero a nivel continental en este ámbito. Solo basta revisar las entrevistas que a este sitio web han otorgado compositores como José Vicente Asuar, Gabriel Brncic, Cristián López, Edgardo Cantón, Cristián Morales-Ossio y Fabrizzio De Negri.

Uno de los nombres más activos en este ámbito, en cuanto ha desarrollado líneas de investigación en torno a la relación de la música con las nuevas tecnologías, es el también ingeniero Rodrigo Cádiz (n.1972). Luego de estudiar ingeniería eléctrica en la UC, estudió composición con Aliocha Solovera, y luego con Jay Alan Yim y Augusta Read Thomas en Estados Unidos.

Por iniciativa suya, este año tendrá lugar el Primer Festival de Música Electroacústica de la Universidad Católica, con tres conciertos gratuitos los días 10, 11 y 12 de abril, a las 19:30 horas, en el Auditorio IMUC del Campus Oriente UC (descargar la programación aquí). Conversamos con él sobre esta nueva vitrina para este tipo de música en la capital, y también acerca de su carrera creativa. Rodrigo además estará de invitado en el programa Siglo XXI de nuestra radio, el próximo miércoles 8 de abril a las 00 horas.

 

Al igual que nuestras dos figuras pioneras de la electroacústica en Chile, José Vicente Asuar y Juan Amenábar, tú eres ingeniero a la vez que compositor. ¿Cómo tomó forma en tu vida esta dualidad?

Siempre tuve inquietudes musicales, desde muy pequeño. Toqué guitarra y estuve cerca de entrar a estudiar este instrumento al salir del colegio. Finalmente opté por entrar a ingeniería, que era otro campo que me interesaba, sobre todo en lo que tiene que ver con lo eléctrico. A partir del tercer año, empecé a venir acá al Instituto de Música UC, tomé cursos, a algunos vine de oyente, hasta que conocí a Aliocha Solovera, con quien hice un taller de composición. Eso me cambió el panorama y al abrirse la carrera de composición, entré a ella, luego de terminar ingeniería. Yo sabía que en algún momento iba a juntar las dos profesiones, pero tenía que ir paso a paso, y al estudiar composición me aboqué a conocer bien la escritura tradicional y el trabajo con los instrumentos.

 

Tu trabajo se enmarca en una rama específica de la eletroacústica que es la música computacional, pero en muchos casos en relación con instrumentos acústicos e intérpretes en vivo.

No lo he hecho en los últimos años, lo que no significa que esta interacción me haya dejado de interesar. Lo que hice con esas obras fue explorar algo que es común entre los compositores contemporáneos, que es trabajar con las llamadas ‘técnicas extendidas’ en los instrumentos, es decir sacarles partido de una manera que no es la tradicional. Es algo un poco absurdo, porque los instrumentos están pensados y perfeccionados para ser tocados de una determinada manera. Y eso contribuye a que el público considere nuestra música como algo alienante. Entonces lo que busqué con estas obras mixtas es ocupar la tecnología de manera análoga a las técnicas extendidas, pero sin ir en contra del instrumento.

 

Se nota una constante búsqueda, una exploración tanto en lo propiamente tecnológico como en lo que se refiere a obras mixtas, y es que tú has hecho trabajos de investigación en torno a todas estas temáticas.

En Estados Unidos yo hice un doctorado Ph.D, que por definición consiste en investigar. Y eso mismo es lo que hago acá en el IMUC, gran parte de mi trabajo es investigación. Por ejemplo, hice un modelo de síntesis basado en ciertas propiedades de modelos de física cuántica, lo hice sonar y todo, aunque no lo he ocupado en ninguna obra mía todavía. No necesariamente todo este trabajo de investigación va ligado a la creación. Donde sí lo apliqué a una composición fue en “Kara”, donde hay una interfaz cerebro-computador, en que parte de la partitura se deriva de las señales del cerebro del intérprete.

 

En tu catálogo está una obra estrenada en Bélgica, “Ritmos Circadianos”, que dice que está escrita para una orquesta de robots.

Soy el segundo compositor chileno en usar esa orquesta, antes lo hizo Andrián Pertout. No se trata de robots humanoides, así como los que hacen los japoneses. Imagínate una serie de instrumentos acústicos, cerca de 50, que están llenos de cables, motores y pistones, que se tocan solos, controlados por un computador. De eso se trata. Y todo lo maneja una persona.

También has hecho música sin medios electrónicos. En 2003 obtuviste el segundo lugar del desaparecido Concurso de Composición “Jorge Peña Hen” de la FOJI con la obra “Autopoiesis” que se estrenó recién en 2012 por la OSULS. ¿Qué nos puedes decir de esa obra y su relación con el concepto acuñado por Humberto Maturana?

Esa obra la trabajé composición con Augusta Read Thomas, cuando estudiaba en Estados Unidos. En esa época yo había leído “El Árbol del Conocimiento”, y lo que me quedó fue esta idea de que uno se autodefine, uno crea sus límites. En la obra el material musical se autogenera a lo largo de ella, que en verdad no es algo nuevo en la música contemporánea. Como fue pensada para la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil (OSNJ) es relativamente simple.

 

En 2010 la Orquesta Sinfónica de Chile interpretó tu obra “Extensiones”, con el percusionista Gerardo Salazar como solista. Llamó mucho la atención en ese momento el uso de controles tipo Wii para generar sonidos.

Yo había hecho una obra anterior, titulada “Tensiones”, y era una idea de percusión virtual. En ella el mismo Gerardo tocaba Wiis, y nada más. Tenía sonidos de percusión, y era como si tocara percusión en el aire. Esta idea la extendí, por eso “Extensiones”, y el 2010 se estrenó la obra donde Gerardo además de unos controles parecidos a los Wii, tocaba percusión real, principalmente vibráfono y triángulo. Hay un solista, donde su gestualidad es muy importante. En algunas partes toca botones y un iPad donde controla los sonidos de la orquesta, cuyos sonidos eran procesados. O sea, era un doble rol, ser solista y controla a la orquesta.

 

En tu serie de obras mixtas para instrumentos solos (que se caracterizan por llevar un ‘e’ minúscula antes del nombre del instrumento), hay una que es para quena, “eQuena”. ¿Hay alusión a música vernácula del norte en esa pieza?

No, eso fue solo algo circustancial. Yo he trabajado mucho con Patricio de la Cuadra, quien además de ingeniero y flautista, es experto quenista. Es uno de los pocos que pueden tocar música escrita en quena. Entonces pensé la obra en sus capacidades, y que pasó a ser parte de esta serie, que a todo esto surgió en la misma época en que se masificaba conceptos como el ‘e-commerce’, ‘e-management’, y todo eso.

Hablemos de este Primer Festival de Música Electroacústica de la UC. Este vendría a llenar el vacío que dejó la desaparición del Festival Ai-Maako.

Sí, pero no me gusta hablar de desaparición del Ai-Maako. Yo soy parte de la Comunidad Electroacústica de Chile (CECH) y aunque Ai-Maako no es la CECH, somos los que le dábamos vida, y no decidimos que se acababa. Todo pasó por el cambio en las bases del Fondo de la Música donde se nos pedía tener el 20% del financiamiento nosotros. Y solo somos un grupo de compositores, no teníamos esa plata, no pudimos concursar, y por ende, no se puedo hacer el festival, pero yo creo que va a volver en el futuro. Este año, eso sí, este será el único festival dedicado a la electroacústica. Lamentablemente la UC no tiene una adecuada sala de conciertos, pero la actual dirección del IMUC se preocupó de acondicionar el auditorio que tenemos, donde habitualmente se hacen los conciertos de título. Se instaló una mesa de sonido, un sistema de ocho parlantes, y eso permite hacer música acusmática en ocho canales.

 

El festival incluye casi una veintena de obras.

La mayoría se programó de acuerdo a una convocatoria que hicimos. Incluimos a Gabriel Brncic, por la importancia que tiene en este ámbito. Le pedí a Aliocha Solovera que hiciéramos su obra mixta “Ecos de las Sombras” que ya se había tocado antes, y también invité al conjunto Tierra de Larry de la Universidad de Chile, que mezcla la electroacústica con la improvisación. Otros compositores que presentarán obras son Daniel Osorio, Felipe Otondo, José Miguel Candela, Federico Schumacher y Guillermo Eisner.

 

En el primer concierto se estrenará una obra tuya, “La Guerra de las Corrientes”.

Es curioso, pero está inspirado en una guerra por el control de la distribución eléctrica en Estados Unidos, y por supuesto no es una guerra de batallas, sino que el enfrentamiento entre las posiciones de dos personajes geniales, Edison y Tesla. La corriente alterna versus la corriente continúa, como el nombre del grupo rock AC/DC. Tesla es un personaje fascinante, adelantado a la época, muy incomprendido. Leí mucho sobre esta denominada “Guerra de las Corrientes”, y traté de plasmar eso en sonidos, los que no son literales, no es que yo haya ido a grabar un cable de alta tensión (risas). Yo soy ingeniero eléctrico, así que es algo que me es muy cercano. La obra está estructurada en cuatro movimientos.

 

¿Cuál es tu reflexión personal en torno al interés que genera el mundo de la electroacústica en buena parte de los compositores jóvenes?

Chile está bastante atrasado en las artes. Es un atraso que se refiere a la incorporación de tecnologías. En Estados Unidos hay carreras por ejemplo que se llaman ‘digital art’, o ‘sound design’. El mundo ha cambiado, hoy a los bebés antes de las mamaderas le pasan una tablet (risas). En algún momento la idea de conservatorio va a tener que cambiar, e incluir música que se hace con tecnologías sin uso de partituras. No estoy diciendo que es malo escribir partituras, eso es un arte que tiene que preservarse, pero no por eso no se va a dar cabida a otras cosas. Mucha gente no pasa por el conservatorio y hace música electroacústica sin conocimiento mínimo para hacer arte. Las universidades no se hacen cargo de eso, entonces la gente se forma sola. En la CECH por ejemplo hay varios que no tienen formación de músicos. Tenemos que hacernos cargo de eso, para que suba la calidad de la música hecha en base a tecnología.

 

Álvaro Gallegos M.

04/04/2015

 

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