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La compositora porteña estrenará una obra en el Festival de Música Contemporánea “Darwin Vargas” de Valparaíso el día 15 de octubre. Posteriormente presentará otra creación en Santiago en noviembre en el GAM, lo que la confirma como una voz consolidada de la nueva composición en Chile.

Hace poco estrenó una obra, y ya tiene tres nuevas primeras audiciones en el horizonte. El nombre de Valeria Valle (nacida en Valparaíso en 1979) se ha abierto camino en el siempre complejo mundo de la creación musical chilena actual en lo que se refiere a difusión e interpretación. Pero esta compositora no se duerme en los laureles, y siempre busca depurar su trabajo artístico. Actualmente cursa el magister de composición en la Universidad de Chile con Eduardo Cáceres, para complementar su anterior formación con Andrés Alcalde y Boris Alvarado.

Además es profesora en el Instituto de Música de la Universidad Católica de Valparaíso (IMUS-PUCV), y una de las organizadoras del Festival de Música Contemporánea “Darwin Vargas” de ese centro de estudios. Es en la próxima versión de este encuentro, que presentará su obra “Bunraku” el día miércoles 15 de octubre, a las 19:30 horas, en el Parque Cultural de Valparaíso (ex Cárcel), en un programa que también incluirá un homenaje al eminente compositor chileno José Vicente Asuar (ver detalles aquí).

Menos de una semana después se escuchará en el Campus Oriente UC su cuarteto de cuerdas “Clarice”, el día 21 de octubre a las 19 horas, como parte de su proyecto Resonancia Femenina, financiado por el Fondart, y que busca difundir la música de mujeres compositoras. Finalmente su obra “Han Solo” para oboe será estrenada en el Festival de Música Contemporánea de la Universidad Católica, en su cuarta jornada el día 13 de noviembre a las 19:30 horas en la Sala A1 del GAM.

Cuatro estrenos en solo un semestre se ve como una cantidad impresionante para un compositor de su generación, y en un mundo donde todavía se debate sobre la igualdad de géneros en todos los ámbitos, el hecho que sea mujer podría llamar más la atención. Conversamos con ella para adentrarnos en su pensamiento artístico, uno que no reniega de la cuestión de género. Al contrario, lo asume como una identidad real a la hora de escribir música.

 

En primer lugar sería interesante saber si te haces la pregunta de la cuestión de género como compositora.

Cuando comencé me lo planteaba siempre. Era una época en que yo era casi la única mujer que estaba introduciéndome en el terreno de la composición. Yo tenía compañeras, pero en el fondo ellas adquirían los conocimientos para aplicarlos en otras manifestaciones, como el canto popular, la canción urbana, y todo eso, pero en cuanto a dedicarse a la escritura musical propiamente tal, yo estaba sola. El estar rodeada de puros varones, y ver que mi referente anterior era Cecilia Cordero, que es muy anterior a mí, y luego más atrás figuras como Leni Alexander o Ida Vivado, era bastante fuerte. Entonces yo me preguntaba, ¿por qué? Me lo cuestionaba todo el tiempo.

 

Claramente los tiempos han cambiado, es cosa de ver cómo han aumentado las mujeres que estudian composición.

Si es que se han animado mucho más es por la vuelta de rueda que está viviendo la sociedad hoy en día. Ahora es mucho más complicado discriminar. Esto ha permitido una nueva mirada a la mujer en el campo de la composición. A mí me tocó una época muy difícil, casi que se decía de manera irónica “ah, la mujer compone, la mujer piensa”. O incluso algunos que indirectamente deslizaban que la composición es un netamente arte masculino, de pensamiento duro.

 

Pero independiente del tema de las oportunidades, los prejuicios, y todo eso, en lo concreto ¿crees que se puede hablar de una sensibilidad femenina en la música de tradición escrita? Hay algunos que lo cuestionan.

Yo creo que sí. Siento que una tiene una sensibilidad distinta, lo que lleva a una manera diferente de ver y vivir el arte. Y eso simplemente porque una es mujer. Y ahí podemos entrar a discutir en qué se traduce eso, pero puede ser que las mujeres somos más “de piel” como se dice. Es mirar la vida de otra manera, y lo que llaman lo femenino pienso que podría ser el degustar las cosas de cierta manera. En mi caso yo soy muy maternal, tengo una hija, pero no lo ocupo como argumento para distinguirme de los otros compositores. Simplemente soy mujer y siento que hay una femineidad en mi trabajo.

 

¿Cómo fue que llegaste a ser compositora?

Al principio fue un proceso lento. En mi colegio estaba ligada a la música, pero de manera más recreativa. Luego al salir, inicialmente entré a estudiar educación física, pero no pude seguir por problemas de salud. Entonces entré a estudiar música en la PUCV, aunque sin pensar todavía en cómo iba a enfocar esos estudios. Y ahí sucedió un algo determinante, lo que me motivó a seguir el camino de la composición, y fue mi encuentro con Andrés Alcalde. La forma de aprender música con él me hizo descubrir todo un mundo. Viví el rigor de su enseñanza, que es algo que le voy a agradecer toda la vida.

¿Qué compositoras de toda la historia admiras y por qué?

He estudiado mucho el legado de Leni Alexander. De hecho, es parte de mi proyecto de tesis de magister en la U.de Chile. Ella desarrolló una visión muy futurista de la música, además de haber estado ligada a grandes maestros. Fue una mujer que se instauró en el medio chileno, totalmente validada, y me encanta esa fuerza que imparte su música. Es un lenguaje muy concreto dentro de su experimentación. También me gusta mucho Sofia Gubaidulina, especialmente como trabaja las cuerdas.

 

Y en cuanto a compositores chilenos en general,  ¿cuáles son tus referentes?

Bueno, sin duda que Andrés Alcalde. Lo que me gusta de su música es que es enérgica, y te mantiene alerta siempre. También Eduardo Cáceres por la identidad que tiene su trabajo. Tú vas a escuchar una obra suya y sabes que es de él, tiene ese sello personal. Más antiguos que ellos, diría que Roberto Falabella, Gustavo Becerra, Fernando García y Luis Advis, que hizo algo muy notable en su apertura hacia la música popular.

 

Junto a otras colegas, diste forma al proyecto Resonancia Femenina. ¿En qué consiste para aquellos que no saben?

Es un colectivo que surgió de la necesidad de grabar composiciones de un grupo de colegas mujeres, donde nos unía el estar estudiando con Boris Alvarado. Con la compositora Fernanda Carrasco armamos este proyecto con el fin de crear, estrenar y grabar obras de nosotras y otras compositoras para editarlas en un disco. Hay una preocupación por el tema de género de mi parte, y lucho en cierta medida para lograr abrir nuevos espacios para las mujeres en la composición. La idea es seguir levantando proyectos. Hemos logrado que nos inviten a México, donde tenemos nexos con la compositora Leticia Armijo, interesante figura de allá, que toma la raíz indígena de manera muy personal. Y por lo pronto, el 21 de octubre estaremos en el Campus Oriente de la UC, donde se estrenará mi pieza “Clarice”, para cuarteto de cuerdas.

 

¿Qué puedes comentar de tu obra “Bunraku”, que se estrenará en el Festival “Darwin Vargas en Valparaíso?

Nace de una necesidad de incorporar la narrativa de un texto específico bajo la inspiración del bunraku, este tipo de teatro japonés de títeres. Es un concepto teatral que lo trabajo con electrónica, flauta, guitarra eléctrica y voces. Se van contando la historia escrita por Roxana Miranda Rupailaf, poeta mapuche, que toma el relato bíblico de la mujer de Lot, la que se convierte en estatua de sal por mirar hacia atrás, en el momento en que Dios destruía Sodoma y Gomorra. El texto, y mi obra, indaga en la pregunta, ¿por qué se dio vuelta? ¿Qué pasó por su cabeza? Es preguntárselo desde la actualidad. ¿Habrá echado algo de menos?

¿Cómo es tu método de componer, tu manera de trabajar?

Se puede dar de dos formas. Cuando son obras que me solicitan, pienso en los destinatarios, los integrantes, y hago toda una investigación que pasa también por la música que han tocado, y así me armó una imagen, que es el punto de partida para componer. Luego, están las obras que hago por mi cuenta, y en ese caso se da por una inspiración concreta, que no es musical. Yo siempre estoy leyendo mucho, investigando, y puedo partir de un concepto que leí, de algún viaje que hice. Soy muy “busquilla” y muy “ratón de biblioteca”. Te doy un ejemplo, hace pocos días falleció Matilde Pérez, y ya tengo en la cabeza hacer una pieza relacionada con arte cinético.

 

Dos piezas tuyas del mismo año, el 2012, “Michelada” para seis cellos y “Aldilados” para conjunto de cuerdas, suenan completamente diferentes entre sí, no parecieran ser del mismo autor.

“Michelada” fue un trabajo de descubrimiento de las cuerdas, o mejor dicho de los cellos, y de la unidad y des-unidad de estos. El desafío era como rescatar distintas sonoridades, evitando una homogeneidad. “Aldilados” era en verdad parte de otra obra más grande, pero el conjunto de cuerdas Ex Corde me pidió centrarme en este fragmento para que ellos lo montaran. El total eran dos movimientos, y lo que corresponde al primero es mi otra pieza “Leeloo” que fue estrenada en agosto pasado por la Orquesta Marga Marga que dirige Luis José Recart.

 

Pronto se estrenará también en el Festival de Música Contemporánea UC tu obra «Han Solo». Llama la atención el título.

Es una obra que me encargó José Luis Urquieta, un tremendo oboísta, que ya la tocó en Paraguay y en Guatemala, por lo que la interpretación en el GAM será el estreno en Chile. La abordé investigando primero al oboe, sus multifónicos, revisando obras como la “Sequenza” de Berio, y todo lo que se ha hecho en el instrumento en cuanto a experimentaciones sonoras. Finalmente con toda la información, me hice la pregunta de qué quería yo con la pieza. Es complicado abordar un discurso musical con un instrumento solo, así que concebí la pieza como un viaje, transita por distintos estados, comenzando con una escritura puntillista, luego pasa a un “loop”, a un solo de tipo jazz, y así. El título responde a que he hecho varias piezas con nombres de personajes de película, Leeloo es de “El Quinto Elemento” y Clarice es la protagonista de “El Silencio de los Inocentes”. Entonces, como era un instrumento solo, pensé en Han Solo.

 

Hasta el momento tus obras se enmarcan en lo que denominamos ‘música de cámara’. ¿Tienes planes de abordar formatos más grandes?

Sí, de hecho tengo conversaciones muy avanzadas con la Orquesta Sinfónica Universidad de La Serena (OSULS), para escribir algo específicamente para ellos y su temporada. Ese será el gran salto hacia un formato mayor.

 

Álvaro Gallegos M.

09/10/2014

 

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