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Estás leyendo: Tenemos tres ejemplares de “El Clan Braniff” de Matías Celedón: ¡Concursa por el tuyo!

El relato está basado en el tráfico de cocaína autorizado por Pinochet y llevado a cabo por su hijo junto a agentes de la CNI.

A fines del recién pasado 2018, el escritor nacional Matías Celedón publicó su tercera entrega a modo de novela: El Clan Braniff y en Radio Beethoven tenemos tres ejemplares para regalar.

La historia, basada en la documentación real recopilada por el autor, parte de las correrías de Bob, un agente de la CNI que se mueve por Europa y Estados Unidos. El protagonista, que formaba parte de una operación que, según Manuel Contreras, no era otro asunto que una red de producción y distribución de cocaína (Contreras entregó la información por carta al juez Pavez en el año 2006, con la intención de disminuir su condena):

“Según describe, la cocaína era procesada con autorización de Pinochet en el Complejo Químico Industrial del Ejército en Talagante. El hijo astuto (Marco Antonio Pinochet) y uno de sus socios (Yamal Bathich) se encargaban de que la droga fuera exportada, con pagos en cuentas bancarias secretas de la familia en el extranjero”.

Muchos de los personajes que muestra el relato son conocidos, entre ellos algunos famosos traficantes colombianos como Carlos Lehder y los miembros del clan Ochoa.

Los sucesos ocuerren en 1981, tras cinco años del atentado en que murió Orlando Letelier en Washington. Bob (cuyo nombre real no es Bob), participó en el asesinato del excanciller de Allende y ejerce como ayudante y guardaespaldas de Bathich. El debe asegurarse de que cierto cargamento de droga pueda salir del Caribe pronto para llegar a Estados Unidos.

En eso, se reencuentra con un agente de la CNI que trabaja encubierto en el consulado de Chile en Los Angeles, California. El es Bill y representa, en varios sentidos, el opuesto de Bob: siente dudas, temores, quiere entablar un puente con el FBI para salvar el pellejo a través de alguna clase de delación compensada. Bob lo utiliza para que su operación pueda llegar a fin, pero lo desprecia en silencio.

Parte importante de la propuesta de Celedón tiene su base en una serie de diapositivas y documentos reales que le otorgan un carácter de cientificismo siniestro al relato. Varias de las imágenes las captó Bob, quien fue alumno de Leopoldo Víctor Vargas, el mítico fotógrafo de la Fuerza Aérea que tomó los primeros retratos de los generales de la Junta de Gobierno que figuraron en todas las reparticiones estatales después del golpe. Este personaje constituye uno de los ejes secundarios más atractivos de la narración.

El protagonista evoluciona a lo largo de la historia según es fácil suponer: pasa de ser un modelo de profesionalismo y astucia a portar una bestialidad interna.

La obra debe sus título al programa de viajeros frecuentes de Braniff que les permitió a los agentes de la represión viajar sin levantar las sospechas obvias de cuando lo hacían en Lan Chile.

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FOTO: Pousta

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