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“Inuksuit”: la aventura de escuchar
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“Inuksuit”: la aventura de escuchar


Por: - 14 de noviembre de 2016

La obra de John Luther Adams constituyó una experiencia rica e indescriptible en el marco del festival Puerto de Ideas en Valparaíso.

Los que asistieron a la interpretación de la composición “Inuksuit” en el marco del festival Puerto de Ideas en Valparaíso, lo habrán vivido de maneras diversas. Para algunos pudo ser algo novedoso, inusual, pintoresco, mientras que otros lo habrán sentido como un trance, un viaje hipnótico, y quizás para los que esperaban vivirlo como una obra musical completa, una escucha de principio a fin, se enfrentaron a una experiencia que expande nuestra manera de percibir aquello que solemos describir como música, aunque a estas alturas de la historia, música puede significar muchas cosas.

El compositor John Luther Adams precisamente espera que con su creación todos vivan su propia experiencia, única e irrepetible. Y además de presentar una conferencia en este valioso y original proyecto de la Fundación Puerto de Ideas, el estadounidense supervisó el montaje de su pieza, que fue llevada a cabo por el Grupo de Percusión Valparaíso, más invitados, en el espacio abierto del Parque Cultural de Valparaíso. La charla, que acá fue bautizada como “Música para preservar el planeta”, sirvió de exposición de las ideas de Adams como un manifiesto personal artístico, a la vez que preparó a los espectadores que asistieron a ambas actividades.

“Inuksuit” es una pieza de enorme libertad, que debe ser interpretada en un espacio abierto, donde todos los sonidos (o ruidos) son parte de ella, es un microcosmos sonoro, una intervención del espacio, donde los auditores se sumergen en ella. La partitura pide de 9 a 99 intérpretes de percusión divididos en tres grupos. La versión porteña contó con 18, un número adecuado al tamaño del patio principal del recinto. Los asistentes se apostaron en los pastos, acostados, de pie, y otros moviéndose entre los distintos puntos con sets de percusión.

La numerosa gente congregada siguió con atención el desarrollo de la obra, la que tiene una forma de arco bien definido, con un comienzo tenue, un gran clímax, y luego un descenso. Los músicos hacen su ingreso, forman un círculo, y luego cada uno toma su puesto. Megáfonos, trutrucas, metales, parches, triángulos, platillos, percusión afinada, son parte del enorme arsenal sonoro. Ocasionales alarmas de auto, ladridos de perro y el viento hicieron lo suyo, así como los microbuses que pasaban fuera del lugar aportando deliciosos glissandi que se fundían con el discurso total. Todo hasta que los músicos van paulatinamente volviendo hacia el centro del patio, para formar un círculo. El material musical que va quedando a medida que son menos los músicos es una indescriptible belleza sónica.

Lo notable es la infinidad de posibilidades de escuchas que ofrece “Inuksuit”, sobre todo si uno circula en el espacio, notando los distintos planos sonoros, las inevitables variaciones de volumen, y la especial atención que uno presta a todos los timbres, pudiendo optar por acercarse más a unos por mera preferencia por ciertos instrumentos. Una aventura de escuchar, que nos hace reflexionar sobre el espacio, sobre el sonido, sobre la música misma, pero sobre todo sobre la audición atenta. Uno puede llegar después a una sala de conciertos, con una nueva disposición frente a lo que percibe.

La recepción del público asistente fue notoriamente entusiasta, y es que al parecer hay una mejor disposición de parte de los auditores no habituados a aceptar lenguajes de la contemporaneidad en lo que se a música se refiere, si es que se les presenta en un contexto distinto, alejado de nuestras anquilosadas salas de conciertos e instituciones dedicadas a la música de tradición escrita. Adams fue aclamado, felicitado, y nuevamente se nos presenta una seña de que la escritura musical de nuestros días puede generar interés y fascinación, si es que hay disposición de mostrarla. Pero también tiene que haber disposición de los auditores para escuchar. Y de eso se trató “Inuksuit”, de una invitación sencilla a la aventura de escuchar.

 

Álvaro Gallegos M.

14/11/2016

 

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