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Gounod, Charles

Biografías

Gounod, Charles

Nacimiento: Paris, Francia, 1818-6-17 Muerte: Paris, Francia, 1893-10-17 Nacionalidad: Francés

Nació en París el 17 junio de 1818 y falleció en esa misma ciudad el 17 octubre de 1893, a la edad de 75 años.

Su padre, pintor y arquitecto de poca figuración y hombre de carácter y naturaleza sensible, murió cuando Charles todavía era muy niño, quedando su educación en manos de su madre, una pianista que utilizó todo sus talentos para mantener a sus dos hijos.

El pequeño Charles asistió al Lycée Saint Louis, donde fue uno de los alumnos más aventajados. Sus dotes musicales, notablemente evidenciadas en su niñez más temprana, fueron guiadas por su madre, quien se preocupó por hacerle conocer lo mejor de la creación musical de entonces.

El muchacho recibió su primera gran impresión musical a la edad de trece años, cuando acudió con su madre a una función de la ópera “Otello” de Rossini, con los papeles principales a cargo de los mejores cantantes de su tiempo.

Poco después vio una representación de “Don Juan” de Mozart, la cual le produjo un entusiasmo y admiración imperecedera por este compositor. Otras obras que Gounod conoció con efectos muy duraderos en su mente, fueron las Sinfonías “Pastoral” y “Coral” de Beethoven.

Al egresar del Lycée, su madre lo envió al Conservatorio de Paris (ella era hija de un profesor de ese centro) donde tomó clases de teoría con Reicha y Lesseur y también contrapunto y composición con Halévy y Paer.

En 1837 compuso un Scherzo sinfónico y en 1839 su cantata que “Fernand” lo hizo ganador del “Gran Premio de Roma”, trayéndole el privilegio de una estadía de tres años en la capital italiana y un viaje de un año a Viena, becado por el gobierno.

Para un joven como Gounod, con una mente receptiva de cultura y un temperamento artístico muy delicado, la permanencia en Roma fue fructífera en resultados que permanecieron con él toda la vida.

Las grandes obras de polifonía religiosa que él oyó, domingo a domingo, en la Capilla de Sixtina indudablemente causaron una profunda impresión en su imaginación y su mente. Este contacto lo marcó para siempre con una religiosidad muy profunda.

En 1842 Gounod volvió a París y pronto se ocupó como maestro de coro en la iglesia de las Misiones Extranjeras, posición que mantuvo por cuatro años y medio. En este periodo sus profundas convicciones religiosas lo hicieron pensar que tenía vocación para el sacerdocio y así fue como durante un año asistió a clases de teología en el Seminario de Saint Sulpice.

No obstante su acercamiento a la vida religiosa, en 1848 dejó el puesto de maestro de coro, siendo esta decisión un momento clave de su carrera..

En su autobiografía Gounod señala:

“Para un compositor, no hay sino un camino a seguir para hacerse de un nombre, y éste es el teatro (la ópera). El teatro es el lugar donde uno encuentra la oportunidad y la manera de hablar cada día al público; es una permanente exposición abierta al músico. Abstractamente considerada, la música religiosa y sinfónica está en un orden más alto que la música dramática, pero las oportunidades y los medios para hacerse conocido con ella son más lejanas y brindan un contacto sólo intermitente.
Un compositor dramático tiene la opción para elegir una infinita variedad de temas. El teatro me tentó”

A partir de entonces, la actividad principal de Gounod se dirigió hacia el terreno operático. Los temas que escogió para sus creaciones líricas, y que ciertamente plasmó con éxito, no fueron elegidos, sin embargo, para preservar en su corazón un ideario ni religioso ni litúrgico.
Su música, aliada a la poesía de Emile Augier, Jules Barbier, y Michel Carré, que fueron varias veces sus libretistas, llegó a ser la más poderosa y la más ampliamente difundida expresión del romanticismo francés en su forma más lírica y sentimental.
Y fue, de hecho, más que la lírica, la faceta sentimental de óperas como “Fausto” de Goethe, “Romeo y Julieta” de Shakespeare y “Poliuto” de Corneille, la que Gounod trabajó por sobre sus aspectos heroicos o metafísicos.

Entre 1851 y 1881 Gounod compuso una docena de óperas. (Ver detalle)

La Guerra Franco-Prusiana hizo que el músico abandonara París para residir en Londres durante varios años. A su retorno a Francia en 1875, se consagró cada vez más a música religiosa. En 1882 compuso el oratorio “La Redención” con textos propios
Tres años después, en 1885, aparecíó “Mors et Vita”, su última gran creación, con textos de las Sagradas Escrituras.

No obstante la enorme figuración de Gounod en la ópera, sus composiciones de carácter religioso siempre lo mantuvieron ocupado con obras tan numerosas como variadas. Su “Misa Solemne de Santa Cecilia”, “Misa de Pascuas”, “ Misa del Sagrado Corazón”, “Misa por los huérfanos”, “”Misa en honor a Juana de Arco” y “Misa de Juan Bautista de la Salle” dan prueba de ello.

Si Charles Gounod ocupa un destacadísimo lugar en la historia de la opera, su inclinación por lo religioso nunca debe desestimarse.
No en vano la obra con que más se le identifica es un breve “Ave María” compuesto sobre la melodía de uno de los preludios de “El clavecín bien temperado” de Bach.

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