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Britten, Benjamin

Biografías

Britten, Benjamin

Nacimiento: Lowestoft, Suffolk, 1913-11-22 Muerte: Aldeburgh, Suffolk, 1976-12-4 Nacionalidad: Inglés

Britten ocupa una posición única dentro de la música inglesa y mundial del presente siglo. El hecho de que Elgar estuviera tan asociado con la tradición romántica germana y que la mayoría de sus colegas más viejos buscaran inspiración en el folclore insular para concretar un nacionalismo inglés, llevó a Britten a sobrepasar esos horizontes y a aprovechar la tradición europea con un amplio criterio.

Siguió el camino trazado por Mahler, también incorporó ciertos elementos de Bartók, Berg y Stravinsky, y abandonó un estilo “pastoral elegante” para dar paso a uno más moderno y bastante excepcional en el medio británico de su época.

Otra característica especial de Britten fue su genial forma de abordar un texto y adaptarlo a sus requerimientos músico-dramáticos, una facilidad similar a la poseída por Purcell (el compositor de su tierra que él más admiraba) y que demostró al producir la notable serie de trabajos que, por primera vez, ubicó a la ópera inglesa dentro del repertorio internacional.

Además Britten sabía bien cómo usar ingeniosa, imaginativa y sobretodo musicalmente, las técnicas tonales que en otras manos pudieran parecer áridas. Y no hay duda que su labor creativa también ganó mucho de aquella amistad que lo unió prácticamente durante toda su carrera con el tenor Peter Pears.

A temprana edad Britten fue influído por su maestro Frank Bridge, pero la riqueza de este aprendizaje fue seguida por una enseñanza algo más conservadora en el Royal College of Music. Sin embargo, allí desarrolló las habilidades como pianista que luego puso a prueba en numerosas giras de concierto y recitales al lado de Pears.

Después de su asociación con el poeta Wystan Auden, con quien se encontró trabajando en una serie de películas documentales para la General Post Office y con el que luego trabajó en obras de concierto (el Himno a Sta.Cecilia entre ellas), Britten decidió embarcarse a los Estados Unidos en la búsqueda de mejores oportunidades y como una manera de alejarse de las inhibiciones y celos que inundaban el ambiente musical inglés. Dicha estadía se extendió desde 1939 hasta 1942.

Aparte de algunas obras corales, como A boy was born o Friday afternoons, hasta la década de 1940 la producción de Britten estuvo dominada por el género instrumental. Luego su perspectiva cambió y dos ciclos de canciones, Sonnets of Michelangelo (el primero de la larga serie de partituras dedicada a Pears) y Les Illuminations, revelaron su emancipación definitiva del estilo de canción británico.

En Norteamérica también comenzó la gestación de trabajos tan famosos como Rejoice in the lamb y Ceremony of Carols, que muestran su encuentro con la música de Purcell, y la ópera Peter Grimes, cuyo estreno en 1945 trajo consigo la consagración del compositor en su país y en otros lugares de Europa. El mismo éxito, reafirmado por el ciclo de canciones Serenade, definió el camino creativo que Britten tomaría por el resto de su vida.

Desde entonces Britten se dedicó casi exclusivamente a componer partituras vocales, contribuyendo no sólo a establecer un repertorio operístico británico del más variado tipo, sino también a renovar géneros tan tradicionales como la música coral y la canción. Sin olvidar el importante número de obras instrumentales que contiene, al momento de analizar su catálogo se aprecia que la literatura vocal no operística lo domina y pocos compositores del presente siglo igualan un grupo tan formidable de creaciones.

En los años siguientes a Peter Grimes hubo obras como St.Nicolas y Spring Symphony, adoptadas de inmediato por las sociedades corales locales, mientras que las décadas posteriores vieron la aparición de los ciclos Winter Words, Nocturne, Canticles y Phaedra, así como la Cantata Académica, el War Requiem, que causó un tremendo impacto en 1962, la Cantata Misericordium o la Missa Brevis.

Un hecho curioso en este proceso creativo es que Britten compuso casi todo para un festival que él mismo inició en Aldeburgh en 1948, evento donde también demostró su talento como pianista y director. Si bien este festival enfatizó la interpretación amateur, cada vez atrajo más artistas de fama mundial debido a la posición que Britten adquiría en el contexto internacional.

Ese sitial se reforzó en cierta medida con su trabajo para figuras como Galina Vishnevskaya, Dietrich Fischer-Dieskau, Janet Baker, Mstislav Rostropovich o Julian Bream, pero resulta más notable el hecho de que Britten haya sido el compositor de su generación con mayor número de aportes al repertorio operático, vocal solista y coral…

Y qué mejor signo de su relevancia que ese merecido pero tardío reconocimiento oficial que se le otorgó dos años después de su muerte, un título que ningún otro músico de su tierra ha recibido y que dio origen al nombre con el que hoy se le recuerda… Lord Britten of Aldeburgh…

Fuentes:The Thames and Hudson Encyclopaedia of 20th Century Music (Paul Griffiths)

The New Grove Dictionary of Music and Musicians (edición de Stanley Sadie)

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