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Vísperas de Claudio Monteverdi
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Vísperas de Claudio Monteverdi


Por: - 26 de mayo de 2017

A las 22 horas completamos la audición de esta obra

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Viernes 26 de mayo – 22 horas

Vísperas de la Santísima Virgen (1610) (segunda parte)

Mientras el octavo libro de “Madrigales guerreros y amorosos” de 1638 sintetizó todo el bagaje estilístico de Monteverdi en el terreno secular, justo en una etapa que el madrigal estaba en retirada y cedía terreno a la canzonetta, las Vísperas de la Santísima Virgen de 1610 fueron un gran portafolio del autor para demostrar su maestría en estilos litúrgicos, antiguos y modernos, que convivían en su época.

Monteverdi dedicó las Vísperas publicadas en 1610 al Papa Paulo V, con la intención de conseguir un puesto en Roma y un lugar para su hijo Francesco en el seminario romano. Era un momento en el que el autor demostraba su creciente insatisfacción en Mantua, ya fuera por problemas financieros o sobrecarga de trabajo, pero el viaje a Roma no dio los resultados esperados y Monteverdi ni siquiera pudo acceder a una audiencia papal.

Se cree que las Vísperas pudieron ser empleadas en alguna ceremonia realizada en 1608 en Mantua, sobre todo porque comparte algunas características con Orfeo, estrenada un año antes en esa corte, como el uso de recursos instrumentales similares, la inclusión de su obertura o fanfarria inicial al comienzo de las Vísperas y una escritura vocal que, en muchos casos, requiere una interpretación operística.

Pero lo más interesante es la manera en que Monteverdi combina técnicas tradicionales, como cantus firmus o canzona veneciana, abordadas de una manera más “actualizada”, con elementos del madrigal moderno como efectos de eco y cadenas de disonancias que enfatizan la expresividad y la retórica, así como ritornelos que dan al proyecto completo una tonalidad unificada, secuencial y esquemática.

Finalmente, y para garantizar la masividad de las Vísperas, el compositor no especificó el orden ni el tipo de antífonas en canto llano que tenían que ir antes de los salmos y el Magnificat, para que cada congregación las seleccionara según la celebración litúrgica, así como ofreció distintas opciones en su acompañamiento instrumental para adaptar la música a los recursos de cada iglesia.

Rinaldo Alessandrini dirige al Concerto Italiano y a las sopranos Roberta Invernizzi, Monica Piccinini y Anna Simboli, la contralto Sara Mingardo, el contratenor Francesco Ghelardini, los tenores Vincenzo di Donato, Luca Dordolo y Gianluca Ferrarini, los barítonos Pietro Spagnoli y Furio Zanasi, los bajos Antonio Abete y Daniele Carnovich.

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