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Theresienmesse y Las Estaciones de Haydn
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Theresienmesse y Las Estaciones de Haydn


Por: - 5 de marzo de 2018

Tercer programa con misas y oratorios de Joseph Haydn.

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Misa en si bemol mayor “Theresienmesse” (1799)
The English Concert / Trevor Pinnock (45.00)

Las Estaciones (1799-1801) (primera parte)
Coro Monteverdi y Solistas Barrocos Ingleses / John Eliot Gardiner (64.00)

Después de varios años sin componer música religiosa, Haydn retornó a este ámbito por iniciativa de Nicolás Segundo. El príncipe le pidió que retornara a sus actividades como kapellmeister en Esterhazy y que escribiera una misa anual para celebrar el onomástico de su esposa.

Así nacieron las seis misas escritas por Haydn entre 1796 y 1802, obras que marcaron la culminación de sus aportes en el género, no sólo en términos cronológicos, sino además, estéticos, demostrando la madurez adquirida en el terreno sinfónico unido al interés que, durante sus visitas a Inglaterra, despertaron los oratorios de Haendel.

La cuarta misa del grupo se conoce como Theresienmesse, porque el autor obsequió una copia a la emperatriz, y fue estrenada en 1799. Mientras su instrumentación es inusual al incluir sólo clarinetes, fagot y trompetas, su música revela contrastes bien marcados con pasajes lentos y tranquilos enfrentados a secciones fuertes y poderosas.

Esta Misa en si bemol mayor o “Theresienmesse” es interpretada por la soprano Nancy Argenta, la contralto Catherine Robin, el tenor Michael Schade, el bajo Alastair Miles y The English Concert dirigidos por Trevor Pinnock.

Después de terminar la Theresienmesse en 1799, Haydn abandonó por un momento este repertorio para abordar un nuevo oratorio, Las Estaciones, que inició ese año y concluyó en 1801, nuevamente colaborando con el barón Gottfried van Swieten y basándose, esta vez, en el extenso poema pastoral homónimo de James Thomson.

La música y el contenido de “Las Estaciones” fueron pensados como una secuela de “La Creación”, con una trama que giraría en torno a una visión idealizada de la vida después del Paraíso. Si bien el texto no logró igualar la calidad y profundidad de su antecesor, la música brilló una vez más por su frescura e inimitable originalidad.

Los aspectos escénicos del libreto de Gottfried van Swieten, que evocan claramente una idealización de la vida natural y campesina, estimularon en Haydn algunas ilustraciones musicales del más alto nivel, como aquella en la que un granjero entona el andante de la sinfonía “La sorpresa” mientras siembra, hasta las tormentas y nieblas invernales.

También contiene una descripción del amanecer que, para algunos, supera al encontrado en el oratorio “La Creación”, o una representación del calor del verano en una secuencia de varios movimientos que comienza con la languidez, sigue con la opresión y concluye con el estallido de la más grande de las tormentas.

Igualmente notables son las escenas corales, como aquella al final del otoño, que ilustra, primero, una cacería desde la búsqueda hasta la muerte y la celebración, luego el brindis con armonizaciones cada vez más inciertas en torno a una nota muy alta, que representa la elevación de las copas, una fuga “ebria” y una escritura agotadora para los vientos.

Con la inclusión de otros coros importantes, cuyo contenido se divide entre lo pastoral y lo religioso, como el masivo himno a la alegría que cierra “La Primavera”, la música de “Las Estaciones”, a pesar de poseer un tema menos “elevado”, revela más virtuosismo y variedad, en términos de composición, que “La Creación”.

El oratorio “Las Estaciones” es interpretado por Barbara Bonney, Anthony Rolfe Johnson y Andreas Schmidt, más el Coro Monteverdi y los Solistas Barrocos Ingleses dirigidos por John Eliot Gardiner.

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