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Claudio Abbado dirige la octava sinfonía de Beethoven
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Claudio Abbado dirige la octava sinfonía de Beethoven


Por: - 23 de marzo de 2017

A las 22 horas también presentamos la primera parte de la Sinfonía N°9

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Jueves 23 de marzo

Sinfonía N°8 en fa mayor Op.93 (26.40)
Sinfonía N°9 en re menor Op.125 “Coral” (primera parte) (27.30)

Continuamos con obras de Beethoven dirigidas por Claudio Abbado.

Mientras trabajaba en la séptima, a fines de 1811, Beethoven comenzó a crear la octava, y la terminó justo después de su compañera en octubre de 1812. Tal como su antecesora recurre a la danza como base de sus movimientos y tiene una orientación más “clásica”, como un tributo a Haydn y a Mozart saturado con la propia personalidad del autor. Pero no ofrece una mirada nostálgica, sino más bien, algo nuevo basado en algo antiguo, con la intensidad rítmica de la séptima, la concentración de la quinta y el humor de la cuarta.

La octava fue estrenada en febrero de 1814, en un programa que incluyó la séptima y La victoria de Wellington, partituras que habían sido presentadas sólo unos meses antes, en el que quizá fue el concierto más exitoso en la carrera del autor. Aunque ganó aplausos, la octava no generó el entusiasmo de su antecesora, quizá porque Beethoven no captó la manera en que el mundo estaba cambiando en esa época. Así cerró la etapa iniciada una década antes y que había transformado para siempre la música occidental.

Sinfonía N°8 en fa mayor Op.93 con la Filarmónica de Berlín.

Beethoven comenzó a componer la novena sinfonía en 1822, una partitura que reunió la diversidad de elementos que estaban moviéndose en la imaginación del autor por varios años. La noción de musicalizar la “Oda a la Alegría” de Schiller se remontaba a Bonn y retornó a su mente en 1798 y en 1812, la última vez en conexión con la obertura “Día de Fiesta”. Y la idea de incorporar una sección coral tuvo que ver con la promesa del autor de concebir una sinfonía de este tipo para la Philharmonic Society de Londres.

1823 concentró la creación de la novena y los últimos detalles fueron escritos en marzo siguiente. El estreno tuvo lugar en mayo de 1824 en un concierto que además incluyó la obertura “La consagración de la casa” y tres partes de la Misa Solemne. El teatro repleto recibió la partitura con entusiasmo y se sabe que Beethoven, sordo, no se dio cuenta del estruendoso aplauso hasta que la contralto Caroline Unger le tiró de una manga e indicó a la audiencia.

Mucho se ha escrito sobre sus dimensiones filosóficas, políticas, históricas y musicales, pero lo más evidente es que la novena representa un camino que va de la oscuridad a la luz. Su famosa introducción, tan imitada en el siglo XIX, emerge desde la nada y ofrece una visión microscópica de ese proceso de lucha por obtener la claridad. La riqueza del material del primer movimiento es contrastada con la obsesión del scherzo y su mezcla de lo rústico con presagios de la música comunitaria del final.

Primer y segundo movimientos de la Sinfonía N°9 en re menor Op.125 “Coral” con la Filarmónica de Berlín.

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