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Estás leyendo: Archivo Maestro – Claudio Arrau interpreta Frederic Chopin (3)
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Cuatro Baladas (37.20)
Cuatro Impromptus (23.20)

Baladas

A través de las mazurcas, nocturnos y estudios, la música de Chopin adquirió un sonido inconfundible, lo que no sólo implicó una transformación de los modelos de comienzos del siglo XIX, sino también una recreación, en términos idiomáticos para el piano, de la melodía ornamental, la figuración y el contrapunto de Bach, tres aspectos que, en la era de la sonata clásica, habían sido un poco relegados.

Después de recuperar esos aspectos en su primera madurez, Chopin buscó enlazar estas ganancias de sus primeros años parisinos, en melodía, figuración y armonía, a formatos un poco más extensos. Así nacieron, las Polonesas Op.26, el Scherzo Op.20 y la Balada Op.23, todas escritas alrededor de 1834 y que fueron seguidas por tres obras más, hasta culminar una década después en Polonesa Op.53, Scherzo Op.54 y Balada Op.52.

En el caso de las cuatro baladas, no sólo fueron los primeros ejemplos de un género para piano creado por el mismo Chopin, sino también, uno de sus grandes logros creativos. Y aunque se sugiere que poseen lazos programáticos con la poesía de Adán Mickiewicz, el amigo más cercano del compositor en el exilio, Chopin siempre rechazó toda asociación de su música con descripciones o representaciones directas.

Estas Baladas en sol menor Op.23, en fa mayor Op.38, en la bemol mayor Op.47 y en fa menor Op.52 fueron grabadas en 1977 por Claudio Arrau.

Impromptus

Con la aparición de la primera balada, muchos críticos comenzaron a apreciar a Chopin como un compositor de real envergadura y una de las mentes musicales más radicales y penetrantes de la era post-Beethoven. Esta noción fue ratificada con la cuarta balada, ya que esta partitura fue y sigue siendo considerada como una de las obras maestras para el piano durante el siglo XIX con su perfecta mezcla de sofisticación formal y expresión.

Al igual que las baladas, los scherzos y las polonesas maduras, Chopin completó cuatro impromptus entre 1834 y 1843, los que fueron publicados con Opus distintos y no en el orden en que fueron creados. Tomando como modelo la forma ternaria desarrollada por Schubert, el polaco otorgó a sus impromptus un particular carácter improvisatorio, con elementos de variación y un cuidadoso manejo de las texturas pianísticas.

Estos Impromptus en la bemol mayor Op.29, en fa sostenido mayor Op.36, en sol bemol mayor y en do sostenido menor Op.66 “Fantasía-Impromptu” fueron grabados en 1980.

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