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Estás leyendo: Hoy celebramos el cumpleaños de Maurice Ravel: dejamos sus tres obras maestras
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El compositor francés que se inspiró de múltiples influencias musicales, estuvo en el frente de la Primera Guerra Mundial y sufrió una demencia frontotemporal nació un 6 de marzo de 1875.

Un día como hoy, 7 de marzo, en 1875 nació en Quai de la Nivelle en Ciboure, departamento de los Pirineos Atlánticos, parte del País Vasco francés, Maurice Ravel, gran compositor y pianista icono de la ópera.

Se trata de un autor ecléctico, influenciado por música de diversos orígenes, como la del país vasco que le transmitía su madre o la española, griega, oriental e incluso gitana. También la música afroestadounidense que conoció en su gira americana de 1928 lo inspiró, dotándolo de géneros como el blues o el jazz.

Considerado el heredero de Claude Debussy, el mejor compositor francés de su época, hizo todo por enlistarse en el ejército francés cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, pero fue rechazado en el servicio militar por su baja estatura. Luego de varias gestiones consiguió enrolarse como chofer de camión y fue al frente, cerca de Verdún en marzo de 1916. Unos meses más tarde, en enero de 1917, Ravel se enteró de la muerte de su madre, noticia que lo dejó devastado emocionalmente.

Eso sí, ni eso ni la guerra afectaron su actividad creativa, pues ese año terminó seis piezas para piano agrupadas bajo el título de la Le Tombeau de Couperin (La tumba de Couperin), suite en un estilo neobarroco francés que dedicó a sus amigos muertos en la guerra.

El autor no se consagró mundialmente hasta 1928, el año de su gira americana. Esta se desarrolló en Estados Unidos y Canadá durante enero y abril de ese año y fue un éxito total. En ella conoció a George Gershwin, gran compositor y pianista estadounidense que apreció mucho su música y viceversa.

Ya de vuelta en Francia, el mismo año, Ravel compuso su más celebre obra: El BoleroEsta fue encargada por la célebre bailarina y coreógrafa Ida Rubinstein, quien le pidió un “ballet de carácter español”. En solo 15 minutos se exponían dos temas y una cantinela. Luego de su estreno, en noviembre de 1928, la obra fue difundida rápidamente tras el impacto y asombro que causó en el público.  

Luego, de 1929 a 1931, compuso su dos últimas obras maestras: el Concierto para mano izquiera y el Concierto en Sol, los que marcan un punto final en la producción musical de Maurice Ravel. Estas obras fueron presentadas en la triunfal gira de conciertos por Europa Central junto a la pianista Marguerite Long. De vuelta en Francia, Ravel tenía múltiples proyectos, los que se vieron abruptamente interrumpidos.

El verano de 1933 comenzó a presentar los síntomas de una enfermedad neurológica que lo condenaría al silencio en los últimos cuatro años de su vida. Desórdenes de la escritura, de la motricidad y el lenguaje fueron sus principales manifestaciones, mientras que su inteligencia se mantenía perfectamente y seguía pensando en su música, sin poder ya más escribir o tocar una sola nota. Jeanne d’Arc, la ópera a la que el compositor concedía tanta importancia, nunca pudo realizarse:

“Nunca terminaré mi Jeanne d’Arc, esta ópera está allí, en mi cabeza, la oigo pero no la escribiré jamás, se acabó, ya no puedo escribir mi música”, decía el autor para noviembre de 1933.

No está claro que fue lo que afectó el cerebro del músico. Algunos creen que un traumatismo craneoencefálico, consecuencia de un accidente en taxi del que fue víctima en octubre de 1932, otros lo atribuyen a la enfermedad de Pick pero la tesis con más fuerza hoy en día en que se trató de una demencia frontotemporal. Pasó mucho tiempo para que el público notara la enfermedad, pues cada una de sus apariciones públicas le valía un triunfo.

En 1935 realizó su último viaje a España y Marruecos por propuesta de Ida Rubinstein. Aquí encontró un saludable pero inútil consuelo. Después se retiró definitivamente a Montfort-l’Amaury. Ahí contó con la fidelidad y el apoyo de sus amigos y de su fiel ama de llaves, Madame Révelot, hasta el día de su muerte. 

Para diciembre de 1937 se sometió a una fallida intervención quirúrgica a su cerebro. El día 28 de ese mes, con 62 años falleció Maurice Ravel, causando consternación en todo el mundo. Su cuerpo está enterrado en el cementerio de Levallois-Perret cerca de sus padres y su hermano.

Con el desapareció el último representante de una generación de músicos que habían sabido renovar la escritura musical sin renunciar nunca a los principios heredados del clasicismo. Por esto es que se le considera el último compositor cuya obra entera, siempre innovadora y nunca retrógrada, es considerada “completamente accesible a oídos profanos” (Marcel Marnat).

Revisa aquí las obras maestras del compositor francés:

El Bolero:

Concierto para la mano izquierda:

Concierto en Sol:

FOTO: YouTube

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