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Estás leyendo: Delfina Guzmán: “Tengo un deber moral de devolver lo que mi país me dio, que fue esta vida llena de teatro”
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En una entrevista, la actriz habló de su trayectoria, de la escena artística actual y de la victoria de Sebastián Piñera en las últimas elecciones presidenciales.

A casi dos meses de cumplir noventa años, la actriz chilena Delfina Guzmán fue entrevistada en el diario La Tercera, en donde habló de su trayectoria teatral, de la escena artística actual y hasta de la victoria de Sebastián Piñera en las última elecciones presidenciales.

Además habló sobre su participación en la obra Astronautas, del argentino Mariano Tenconi, que se presenta hasta el 27 de enero en el Teatro UC. En esta colabora con la locución de una voz en off que representa a una especie de ser superior que les sugiere, a una chilena y a una argentina que deambulan por el planeta Betelgeuse, frenar la marcha. La ficción se sitúa en el año 2618:

“Me invitaron a hacer esa locución y siempre estoy dispuesta a ayudar, pues siento que tengo un deber moral de devolver lo que mi país me dio, que fue esta vida llena de teatro”, comenta la artista.

Después de 60 años actuando, ¿aún espera ganar el Premio Nacional?

Qué me lo van dar, si ni siquiera he hecho cosas tan importantes. Será que hablo mucho o que soy puntuda que me han postulado tantas veces, pero no puedo ponerme a la altura de otros que lo han ganado.

¿Qué obra planea ver pronto?

Quiero ver la nueva del Ictus (Esto (no) es un testamento). Me han dicho que es muy emotiva y seguro me tocará de cerca, pues formé parte de la compañía por más de 30 años.

Nissim Sharim dijo que Ud. y él no se han hablado en años, ¿por qué?

Pienso que él cree que esos lazos están mucho más rotos de lo que realmente están. Él dice que yo quise vender el teatro La comedia, y anda a saber tú si es cierto. Yo soy bien tirada de las mechas y no sería nada raro que se lo haya insinuado, pero fue una falta de tino mía. Con Nissim siempre tuvimos una relación bastante áspera, pero prefiero recordarlo como el gran director que es. Ya no estamos para viejos rencores.

 

La última vez que la actriz que pisó un escenario fue el 2016, bajo la dirección de su hijo, Gonzalo Meza. Este dirigió ‘Las alas de Delfina’, el montaje que fue anunciado como su despedida de las tablas:

“Fíjate que nunca tuve conciencia de que fuera mi última obra…Yo siempre estoy poniendo puntos suspensivos. Me aterra el punto final, porque ¿qué haría sin el teatro?”, aclara.

 

¿Le ha traído problemas hablar siempre sin filtro?

Siempre he sido una señora de impulsos y eso me trajo varias críticas por ser mujer y venir de la clase que vengo. Mi carrera en el teatro fue un impulso, también mis dos matrimonios, mis hijos y en realidad todo lo que he hecho. Mi mamá tenía tres mandatos: “apúrese, cállese y no se luzca”, pero con el segundo nunca aprendí, porque no sé cerrar la boca.

¿Y Ud. cree que no se ha lucido?

Mira, mis grandes maestros, Eugenio Guzmán y Pedro de la Barra, me inculcaron que el teatro es comunicación. Es estar sola entre la multitud para entregar un mensaje, pero la pretensión y sobreexposición que veo hoy en el teatro me sacan de quicio. Por eso cuando uno de mis niños (Nicolás Eyzaguirre, actual ministro de Hacienda) se metió en política, saqué las garras porque sé cómo es el poder y lo expuestos que quedan los pobres. Este país no necesita más divos, sino gente que vuelva a creer en lo colectivo, a ser y actuar como humanos, como decía el Papa días atrás.

Ya que llegó a lo político: ¿qué espera del nuevo gobierno de Piñera?

Ahí me pones en un lío medio jodido, porque a Sebastián lo conozco desde joven. Yo era amiga de la familia de Cecilia Morel, su mujer, y él siempre ha sido un conocido para mí y no puedo verlo como Presidente. Y aunque él sabe que no le di mi voto, deseo que le vaya bien porque no es fácil estar arriba. Es lo gracioso y ridículo que tiene el poder: lo tienes el lunes, el martes ya no y el miércoles eres nadie. Para eso mejor dedíquense al teatro, les digo siempre, y mejor si llegan a cumplir 90 años. Ahí sabrán lo que es bueno.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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