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En una entrevista a un medio español, dijo que quisiera "ser recordado no sólo como un compositor, sino como un hombre sincero, que creía en lo que hacía y que no se movía sólo por el aplauso del público".

Krzysztof Penderecki, el famoso compositor y director de orquesta polaco, responsable de parte importante del repertorio del siglo XX, y que en la cultura popular se hizo conocido al escribir música para películas de importantes cineastas como Stanley Kubrick (El Resplandor), dio una entrevista al medio ABC, donde habló sobre la evolución musical de las últimas décadas y del legado que el pretende dejar, pasando también por aspectos de su vida personal.

-¿Qué debe definir a un compositor, su adscripción a las modas o un estilo personal?

-Siempre el estilo. Las modas son cambiantes y acaban por desaparecer. No sé cuántas modas puedo recordar que fueron efímeras, aunque no estoy interesado en las músicas de otros autores más allá de la mía.

-En los años 60 decidió romper con las vanguardias. ¿Se cansó de ser moderno?

-Hay gente que opina que abandoné las vanguardias. Más bien resultó que yo quería seguir mi propio camino. Todo era vanguardista en los sesenta. Escribí un par de piezas que se encasillaron así, pero lo que yo quería eran obras de gran formato, como oratorios y óperas. Y las vanguardias no iban en esa dirección. Así que tuve que volver a la tradición. Tenía la convicción de que podía componer obras de este formato. Tras estar durante los cincuenta y sesenta elaborando mi propio lenguaje musical, me vi con la capacidad de afrontar la «Pasión según San Lucas».

El maestro, que vivió la invasión nazi y la consiguiente guerra mundial, una dictadura comunista bajo el yugo soviético, la caída del Muro y, finalmente, una Polonia europea en un mundo en perpetua evolución, no dejó de referirse a aspectos más técnicos de la música, autores en particular y en lo que hace falta para su real evolución.

-¿La melodía volverá algún día?

-No del modo convencional que conocemos, pero si quieres componer una obra de gran formato como la Pasión necesitas una melodía, o será muy aburrida.

-Si no hay innovación en la nueva composición, ¿la respuesta es volver a los clásicos del pasado?

-No, desde luego que no. Nadie vuelve al pasado. Puede que se avance de manera muy lenta hacia adelante, pero nunca hacia atrás.

-¿Beethoven es moderno?

-Fue muy moderno en su tiempo, y quizás también lo sea en nuestros días.

-Sus autores de referencia durante su etapa de juventud fueron Bach y Stravinsky.

-Bach es el mayor genio de todos los tiempos, hasta nuestros días. Admiro la lógica de su música. Stravinsky vino después. Su obra me pareció radicalmente nueva, moderna para aquellos tiempos. Hoy me sigue gustando mucho. Yo conocí a Stravinsky, y me dijo que estaba escuchando «La Pasión según San Lucas» y que le había entusiasmado. Fue el mayor halago que me pudo hacer nadie.

-Esta es una frase suya: «Las fusiones pueden enriquecer mucho la música sinfónica, pero se necesita un gran paso adelante». ¿Hacia dónde?

-Hacia una revolución que implique algo realmente nuevo. Desde que tengo memoria y quise ser músico, no he conocido a nadie que fuese radicalmente nuevo, siempre era una evolución de algo que ya conocíamos.

-¿Y cuál debe ser esa revolución?

-No la puedo imaginar. Es que nosotros ya lo intentamos todo en los últimos cincuenta años…

También habló de como espera que lo recuerden, de la formación musical y de sus aficiones personales, marcadas fuertemente por su amor a la naturaleza.

-¿Sigue manteniendo su rutina de madrugar para componer?

-Durante cuarenta años o así me levantaba a las cinco de la mañana para componer. Pero me he vuelto mayor y perezoso. Ya no trabajo tanto. Toda mi vida he querido hacer algo, crear algo, no para mí, sino para la próxima generación. Y después disfrutaba de mi jardín. Amo la naturaleza. Por las mañanas paseaba por el jardín y regresaba para sentarme a componer. Eran seis o siete horas en las que no hablaba con nadie, no respondía al teléfono. Plantar un jardín es como crear una sinfonía, lo más importante es la forma: qué tipo de árbol y dónde lo vas a plantar, cuál va a ser el que le siga…

-Trabaja a menudo con jóvenes orquestas. ¿Por qué esta predilección por los músicos en formación?

-Porque son el futuro de la música. Tienen conocimiento, temperamento, alegría. Suelo dirigir orquestas de estudiantes; todos los años me pongo al frente de dos o tres para dar un concierto. Y para mí son más importantes que las orquestas profesionales de adultos. En los setenta frecuenté a menudo las orquestas de El Sistema de José Antonio Abreu en Venezuela. Era un trabajo fantástico. En los jóvenes hay un entusiasmo especial, una pureza única.

-¿Puede ver, mirando al futuro, hacia dónde va su música?

-No. Y tendría miedo de tener eso claro. Algún día terminará. Pero yo continúo.

-Maestro, ¿cómo quiere ser recordado?

-No me lo he planteado, la verdad. Creo que quiero ser recordado no sólo como un compositor, sino como un hombre sincero, que creía en lo que hacía y que no se movía sólo por el aplauso del público. Mi evolución es clara. Y creo que mantuve siempre la buena dirección.

Lee la entrevista completa en este vínculo.

Foto: cultura.gob.pe

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