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Estás leyendo: Leonid Grin: “Schnittke era un artista honesto en todo sentido”

El titular de la Sinfónica de Chile conversó con nosotros sobre su amistad con el compositor ruso, de quien dirigirá el Concierto para Piano y Cuerdas este 10 y 11 de junio en el teatro del CEAC.

“Cuando había decidido emigrar de la Unión Soviética, cosa que no era bien vista por el gobierno, solo dos colegas músicos fueron a despedirse de mí, Gennady Rozhdestvensky y Alfred Schnittke. En un momento en que mucha gente que consideraba mis amigos dejaron de hablarme al saber que me iba del país, ellos me fueron a dar su apoyo mi último día, lo que es un signo de verdadera amistad y de valor”. Leonid Grin, es el que habla. El director titular de la Orquesta Sinfónica de Chile, ucraniano de nacimiento, ejemplifica así su cercanía con Alfred Schnittke, uno de los más originales nombres de la música moderna, que nació en 1934 y falleció prematuramente en 1998.

Grin ha sido un incansable promotor de la música de Schnittke a lo largo de su carrera, lo que le ha llevado presentar varias de sus obras en Chile, tras asumir la dirección de la OSCH. Ahora es el turno del Concierto para Piano y Cuerdas (1979), con el solistas Andrei Korobeinikov, que se escuchará este viernes 10 y sábado 11 de junio, a las 19:40 horas, en el teatro del CEAC en su privilegiada ubicación de Plaza Baquedano.

Es una buena oportunidad para conversar con el maestro Grin, no solo acerca de este nuevo estreno en Chile del compositor ruso, sino que para conocer más sobre su relación con él y aproximarnos a la persona de Schnittke.

 

¿Cómo conoció a Alfred Schnittke?

Fue en 1968, cuando yo estudiaba en Moscú. Un cellista amigo de la época se acercó a mí para ver si podía dirigir una obra de Schnittke titulada “Diálogos”, para cello y conjunto instrumental. En uno de los ensayos conocí a Alfred, y ese fue el inicio de una amistad sincera y que se mantuvo hasta que él falleció. Era una época difícil en la Unión Soviética, porque no había una prohibición explícita sobre su música como lo había antes frente a todo lo que fuese moderno, pero no era fácil programar su música. Esta se tocaba en ámbitos más reducidos. En una orquesta sinfónica, sobre todo si era estatal, era casi imposible que se programase algo de él, o de Edison Denivov o Sofia Gubaidulina. Se desalentaba promover ese tipo de música. En la época de Brezhnev todo tenía que ser “fácil”.

 

¿Cómo era él como persona?

Era una persona maravillosa. Extremadamente modesto y muy tímido también. Cuando tú hablabas con él no podías dejar de notar un brillo en su mirada. Sus ojos irradiaban emoción. Su voz era suave, nunca hablaba fuerte. Era apacible, y un ser humano íntegro. Él expresaba lo que tenía en su cabeza siempre de manera respetuosa.

 

Su prematura muerte fue una lamentable pérdida para la música moderna.

Fue horrible su enfermedad. Tuvo 2 o 3 infartos, me parece. Su mano derecha empezó a paralizarse, al igual que su habla. Sabíamos que no estaría mucho tiempo más, y sí fue una pérdida terrible para el mundo de la música, no solo en Rusia, aunque estaba viviendo en Hamburgo al momento de su muerte. Lo increíble es que a pesar de las dificultades que tuvo para presentar su música, él escribió mucho a lo largo de su vida, fue muy prolífico.

 

La música de Schnittke es bastante única. Se suele utilizar la etiquetar de “poli-estilista” para referirse a él. ¿Qué nos puede decir del lenguaje del compositor?

Una cosa que hay tener en cuenta, a pesar de su timidez y todo, es que tenía un gran sentido del humor, utilizaba mucho el doble sentido, y eso lo llevó a su música. Es un humor muy afilado, yo diría. En cuanto a lo del “poliestilismo”, ¿Quién no es poliestilista en estos días? Cada compositor escribe diferente en distintos momentos de su vida. Alfred, por ejemplo, hizo mucha música para cine y esta tenía que ajustarse a la narrativa, a las imágenes, y por eso encontramos distintos estilos. Utilizó recursos del pasado, como en sus Concerti Grossi, pero desde una mirada moderna. Y eso se debe a que él indagaba en toda la música. No es algo anacrónico. Como decía Einstein, no hay pasado ni futuro, solo presente. Yo caracterizaría la música con solo dos palabras: honestidad y sinceridad. Era un artista honesto en todo sentido.

 

¿Cree que ser amigo de Schnittke ayudó a comprender mejor su música?

Por supuesto. La personalidad de los compositores se expresa en su música, y él tenía una mente muy abierta, y muy imaginativa. Sus ocho sinfonías, por ejemplo, que son maravillosas pero se tocan poco, reflejan muy bien lo que era Alfred.

Alfred Schnittke (1934-1998)

Usted ya ha presentado varias obras de Schnittke junto a la OSCH, incluyendo el Concierto para Viola, que fue ovacionado, y hace unos meses se iba a presentar el Requiem,  que fue lamentablemente cancelado.

Fue una frustración lo del Requiem. Todavía estoy esperanzado de que se pueda hacer mientras yo sea director acá. No requiere una gran orquesta, y el conjunto vocal es reducido también. Fui yo el que le dio la idea a Alfred de hacer un réquiem. “Deberías hacer un réquiem”, le dije yo, y al tiempo lo hizo y me regaló una copia de la partitura. El Concierto para Viola fue una gran satisfacción porque en mi opinión es el más importante en su género de la música moderna. Hay muchas otras obras que me gustaría hacer acá en un mundo ideal, como las sinfonías o la hermosa “In Memoriam”, que es un arreglo de su Quinteto con Piano.

 

Schnittke tiene varias obras para piano y orquesta. La que vamos a escuchar es el Concierto para Piano y Cuerdas de 1979.

Yo diría que es como un monólogo silencioso. Yo veo aquí a Alfred sentado, pensando, reflexionando sobre sí mismo. Tiene una extraordinaria cadenza, que es como una explosión devastador, algo muy trágico. Es una contemplación filosófica, que se desarrolla de manera oscura. Es una de sus obras más poderosas, pienso yo.

 

¿Qué puede decir del solista?

Karabeinikov es un virtuoso que no se queda solo en lo técnico. Tiene un enfoque profundo, filosófico, lo que le hace un solista ideal para esta obra.

 

Por último, algún comentario sobre las otras dos obras que hay en el programa, la Cuarta de Tchaikovsky y la Obertura “Ruslán y Ludmila” de Glinka.

“Ruslán y Ludmila” es una obra brillante, toda la ópera. Fue escrita en 1848 cuando la música rusa estaba muy atrás en comparación al resto del mundo occidental. Glinka era un compositor semi-profesional que estudió en Berlín, y se convirtió en un pionero de la composición en Rusia, y “Ruslán” es un hito. La música de la obertura es exuberante, brillante, lo que luego contrasta con la oscuridad de la obra de Schnittke. Y en Tchaikovsky, ambas cualidades se combinan. Es una lucha contra la muerte, que tiene momentos de contemplación en el segundo movimiento, y una celebración de la vida en el Finale. Son las fuerzas de la vida derrotando al destino, lo que la hace una obra optimista. Todos tenemos problemas, luchas, obstáculos, tragedias, enfermedades, pero después de todo, la vida es un gran don, y tenemos que celebrarla, cada día, a pesar de todos los problemas.

Álvaro Gallegos M.

07/06/2016

Foto de L.Grin: Josefina Pérez

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