*
Estás leyendo: El expuesto 2015 de Andrés Maupoint
El expuesto 2015 de Andrés Maupoint
Noticias

El expuesto 2015 de Andrés Maupoint


Por: - 16 de marzo de 2015

El compositor chileno verá su música interpretada por las dos principales orquestas del país con un mes de diferencia, incluyendo el estreno en abril de su Concierto para Piano con Alfredo Perl como solista. Además realizará un concierto dedicado a sus obras de cámara en junio y publicará un disco.

Es uno de los compositores chilenos más visibles de su generación, algo que probablemente se acentúe este año 2015, y es que la música de Andrés Maupoint (nacido en 1968 y natural de Santiago) tendrá una fuerte exposición frente al público. Con solo un mes de diferencia, las dos principales orquestas chilenas interpretarán música suya, luego en junio habrá un concierto de cámara dedicado a su música y todo será coronado con un disco compacto.

Todo comenzará en el segundo concierto de temporada del Teatro Municipal de Santiago, los días 18 y 19 de marzo a las 19:00 horas. La Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Konstantin Chudovsky presentará sus “Cinco Imágenes” en un concierto donde se celebrará además los 150 años de Sibelius con su Sinfonía No.1 (detalles y venta de entradas aquí)

Posteriormente, los días 17 y 18 de abril a las 19:40 horas en el CEAC U.Chile, el eximio pianista chileno Alfredo Perl junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, estrenarán el Concierto para Piano que Maupoint completara en 2013. La dirección será de Matthias Bamert y en aquel programa su obra será flanqueada por “Mazeppa” de Liszt y la Sinfonía 2 de Schumann.

Finalmente, el día 22 de junio, Maupoint (quien además es pianista) presentará un concierto monográfico con obras de cámara en la Sala A1 del GAM. “No es habitual que un concierto esté dedicado entero a un compositor de mi generación”, explica el músico, “pero la verdad es una excusa para grabar estas obras, que irán en un CD que también incluirá el Concierto para Piano”.

 

Antes del Concierto para Piano la Filarmónica de Santiago presentará tus “Cinco Imágenes” en el Municipal. ¿Qué nos puedes decir de este ciclo sinfónico?

Tiene su origen en 1994, ahí fue cuando compuse las cinco piezas originales. Luego en 2000, por un encargo de la SCD, hice tres nuevas piezas, que junto a dos de las originales dieron pie a la versión definitiva del ciclo. Este se caracteriza porque no todas las piezas usan el mismo contingente de la orquesta. Por ejemplo, está “Árbol Sin Hojas” que se una de las piezas originales, que es una orquestación para clarinete y cuerdas de una obra originalmente hecha para violín y piano. Fue Luis Advis quien me sugirió que la orquestara. Cada pieza aborda problemáticas composicionales distintas, con diferencias de tempo y densidad sonora. Solo en dos uso el tutti de la orquesta, y en otras hay un trabajo más por secciones.

 

La obra tuvo un intérprete de talla internacional cuando la dirigió Herbert Blomstedt en Alemania el año 2001.

En esa época yo estaba estudiando en Leipzig, y Blomstedt llegó a la ciudad para asumir la dirección de la Gewandhaus. Ese año se reabrió una sala de concierto, y a él lo invitaron a dirigir a la orquesta de la Hochschule für Musik para el concierto inaugural, y para el concierto fue idea de él dirigir una obra de un alumno para la ocasión. Yo estaba en París de intercambio y me avisaron que yo había sido seleccionado, así que al volver a Leipzig me reuní con Blomstedt, y le entregué la nueva versión de las “Cinco Imágenes”.

 

A propósito de intérpretes destacados, en un mes más será Alfredo Perl quien estrene tu Concierto para Piano junto a la OSCH. ¿Cuál es el origen de esta obra?

El origen se remonta hacia más de una década atrás, porque la idea surgió en 1998. En conversaciones informales con Alfredo hablamos de la posibilidad de un concierto para piano escrito especialmente para él. En 1999 yo escribí un solo movimiento, que pensé que sería el primero de tres. Yo ya estaba radicado en Alemania, y empezaron a salir encargos de obras y otros proyectos por lo que el concierto empezó a postergarse. A veces tenía que componer dos obras en paralelo, o sea fue un período muy productivo. Pasaron los años y en 2011 postulé a un Fondart de creación. Lo que necesitaba era tener una meta, una presión, un encargo que debía cumplir. Y así me puse a trabajar. El movimiento que tenía hecho, que es lento, pasó al final, y le agregué tres movimientos más, o sea finalmente quedó en cuatro. Luego de terminarlo, hablamos con Alfredo cuando vino a tocar el 2013 con la Sinfónica de Chile, y logramos que el CEAC se interesara en él y lo programara.

 

¿Y cómo se puede describir musicalmente?

La pieza está concentrada en un encadenamiento de acordes, los que aparecen en distintos contextos. Existe una superposición de elementos, donde la paleta de acordes es la columna vertebral. Hay un diálogo entre el piano y la orquesta que consiste en respuestas breves y precisas. El piano ocupa mucho el tercer pedal, porque son importantes las resonancias del instrumento. Hay un Scherzando muy puntillista, donde el piano interactúa con pequeñas secciones de la orquesta. Y como decía antes, la obra finaliza con un movimiento lento, muy tranquilo, que fue el que compuse hace más de quince años.

 

El medio orquestal ocupa un lugar importante en tu creación.

Me siento muy cómodo con la orquesta. Cuando llegué a Leipzig mi profesor, me dijo “tú eres como pez en el agua con la orquesta”, y acto seguido me encomendó escribir una pieza para clarinete solo, lo que fue un desafío para mí, porque eso requiere un enfoque totalmente distinto. Me costó un mes o más hacerla.

 

Esta afinidad con la orquesta está conectada con una característica muy propia de tu estilo, que es el uso del color.

El tema del color es lo que me ofrece la orquesta más plenamente, aunque he hecho abundante música de cámara, pero siempre hay una búsqueda colorística de mi parte en todo lo que he escribo, es verdad. Aparte de eso me gusta la orquestación, y he adaptado obras mías que originalmente eran de cámara o instrumentos solos a un plano sinfónico.

 

Se aprecia en varias de sus obras una conexión muy directa con el mundo sonoro de Olivier Messiaen, y entiendo que no desconoces la admiración hacia este compositor.

Parece que estoy marcado con ese estigma de “Maupoint-Messiaen” (risas). Yo me adentré en la música de nuestro tiempo a través de Messiaen, pero también con Anton Webern y Pierre Boulez. Esos tres eran mis “próceres” cuando yo tenía como 20 años. Hoy por hoy dudo de esa influencia messiaenesca en mi música. Yo no uso ritmos hindúes ni pajaritos (risas).

Has hecho obras de gran ambición, como tu “Réquiem para un Músico” para tres coros y orquesta grande.

Cuando estudiaba acá en Chile, hubo una época en que coleccionaba réquiems. Si veía un disco que en la portada decía “Requiem” yo lo compraba. Así reuní muchas obras de este tipo, tanto de compositores poco conocidos como los clásicos de Mozart, Berlioz, Fauré, Verdi y todos esos. Tenía como una fascinación con el tema de la muerte e inevitablemente eso me arrastró a hacer mi incursión en el género. En esa época estaba la Fundación Andes, que tenía un programa de creación. La condición era que tenía que ser un proyecto de envergadura, uno no podía postular con una obra para dos flautas (risas). Me gané la beca, y lo compuse, pero nunca se ha tocado.

 

Es lo que pasa siempre con el formato sinfónico-coral en Chile, que queda relegado. Poco tiempo después compusiste tu “Apocalipsis Ioannis”, que obtuvo un premio .

Eso fue cuando estaba ya en Alemania. Allá en Europa hay mucho concurso, y un día recibí un folleto de un concurso, y vaya la coincidencia, en homenaje a Messiaen (risas). El requisito era que tenía estar inspirado por el libro del Apocalipsis de San Juan. Toda la obra toma como base un ritmo hindú que usó Messiaen, pero que no es de él. La obra obtuvo el primer premio en ese concurso.

 

Estas son obras sacras. ¿Es importante la fe en tu trabajo?

Interesante pregunta. He pasado por diversos períodos en mi vida, que van desde ser ferviente creyente a tener una actitud pasiva. Pero lo que se mantiene constante es el respeto, no solo hacia el cristianismo, sino que a las religiones en general. Cuando hice el Requiem no fue la fe la motivación, fueron las imágenes, el texto. Lo mismo con el “Apocalipsis”, donde yo estudié la Biblia e hice mis propias interpretaciones. También he hecho estudios sobre otras religiones, y me metí en el islamismo y el budismo, lo que me sirvió como base para algunas obras.

 

¿Qué busca Andrés Maupoint a la hora de componer?

Cada obra tiene su propio universo. Yo compongo mucho por encargo, y como hemos hablado, también he participado en concursos de creación. En esos casos, temas como la duración, el formato, juegan un rol. Compongo según las circunstancias. Puede haber obras que tienen inspiraciones extramusicales, que vienen de la literatura o la religión. Y en otros es música por música. Ahí se puede experimentar, por ejemplo, puedo tomar el lenguaje del espectralismo como punto de partida para hacer una pieza. Lo importante para mí es tener una visión sonora, y satisfacer eso a través de la composición, llevarla a cabo de la mejor forma.

 

Sería interesante hablar de tu faceta de pianista, ¿qué lugar ocupa el piano en tu carrera?

Yo llegué al mundo de la música desde el piano, es algo que viene desde mi etapa escolar. Cuando estudié en Alemania hubo un período en que lo dejé de lado, como dos o tres años. De ahí lo retomé y principalmente trabajé como pianista en conjuntos de música contemporánea. Acá en Chile colaboré mucho con el Ensemble Bartók y otros conjuntos especializados. Curiosamente durante mi carrera he compuesto pocas obras piano, y cuando escribo música no uso el piano.

 

Hace algunos años se te encargó la misión de orquestar la ópera “Inés de Suárez” de Elio Piatelli, de lo cual la Orquesta Sinfónica de Chile presentó un avance en un concierto que por lo demás fue muy exitoso. ¿Qué pasó con ese proyecto?

Me contactó la Fundación Teatro a Mil en 2009. Ellos querían rescatar esta ópera y montarla como tal, es decir con vestuario, escenografía, etcétera, en miras al bicentenario. Me pidieron hacer la orquestación, ya que la partitura original tenía solo la base de piano. Luego vino el terremoto del 2010, y eso impactó en los auspicios y aportes económicos con que se contaba para llevar esto a cabo. Al ver a Carmen Romero tan angustiada le propuse hacerlo en formato de concierto, y así se ahorraba bastante. Decidimos hacer una selección de la obra, preludio, primer acto y dúo final, junto a piezas de Wagner y Richard Strauss. Se presentó como un “avance”, pero fue un poco para salir del paso. Ahí quedó todo, yo no me preocupé más.

 

Actualmente vemos decenas de compositores jóvenes muy activos, estrenando obras y armando proyectos. Al mismo tiempo, el espacio para la creación nacional más allá de los festivales especializados, siempre es poco. ¿Cómo ves tú el medio local?

Se ha producido una explosión de la composición, sobre todo en Santiago. Y en eso influye que cada vez tengamos más lugares donde se enseña la composición. El festival que se hace acá en el Departamento de Música de la Universidad de Chile ha agarrado harto vuelo, con invitados internacionales y todo, y también hay otras instancias. Estas mueven una gran cantidad de gente joven. Cuesta hacer todas estas cosas, pero yo lo veo de manera optimista. El hecho que esté internet, donde tú puedes pinchar y escuchar música nueva, sea chilena o de cualquier parte del mundo. Todo eso ayuda a difundir lo que están haciendo los nuevos compositores.

 

Álvaro Gallegos M.

16/03/2015

 

Comentarios


Artículos Relacionados