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Estás leyendo: Tan Dun en Chile: “Debemos pensar en el futuro de la música y no en su pasado”

El compositor chino vino a dirigir a la Filarmónica de Santiago en su obra “Nu Shu”, en un único concierto el sábado 3 de enero en el Teatro Municipal de Santiago. Este evento es parte del festival Santiago a Mil.

La música paulatinamente ha comenzado a tener una mejor y más fuerte presencia en el tradicional festival Santiago a Mil, en el cual han predominado históricamente el teatro y la danza. Eso ha ido cambiando, y el año pasado el ciclo contó con la presencia del connotado compositor alemán Heiner Goebbels, quien presentó una interesantísima instalación teatral-musical. Para esta versión 2015, el festival se anota el debut en Chile del compositor y director chino Tan Dun (n.1957), una figura altamente mediática, debido a que ha hecho música para famosos filmes, entre ellos “El Tigre y el Dragón”, por el cual obtuvo un Oscar.

La presencia del músico asiático no se siente ajena en Santiago a Mil, ya que su trabajo ha estado marcado por lo teatral y visual. Precisamente la obra que presentará en Chile, “Nu Shu”, corresponde al género multimedial. Es una pieza en 13 movimientos para video, orquesta y arpa solista, en que Tan Dun dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Santiago, en una única función el sábado 3 de enero, a las 20:30 horas, en el Teatro Municipal de Santiago. Las entradas se venden en el recinto de Agustinas desde $4.000.

La música de Tan Dun abarca una amplia gama sonora y estilística, donde se intersectan las tradiciones musicales de China y la experiencia de la música occidental del último siglo. Su fama ha contribuido al sitial que ostenta China como un polo de desarrollo de la música de tradición escrita a nivel mundial. Muy característico de su trabajo es lo que él denomina la ‘música orgánica’, que se basa en la utilización de elementos como el papel, las piedras o el agua como generadores de sonido. Siempre sus obras poseen una atmósfera ceremonial, y es que como él mismo explica, “provengo de una cultura en que la música se concibe como un ritual”.

 

¿Con qué se encontrará el público que asista a escuchar “Nu Shu”?

En una palabra, tradición. La tradición de mi pueblo. En este mundo en que vivimos, donde existe un rápido desarrollo económico, es muy fácil que las tradiciones desaparezcan, y esta obra surgió luego de varios años de investigación en Hunan, la región de China de donde yo provengo. Allí existe una tradición vocal exclusivamente femenina, que se ha transmitido de generación a generación por mujeres. Realizamos filmaciones en terreno, y eso es parte de la obra. Ocupé el arpa como instrumento solista, porque a mi juicio, su timbre posee una cualidad totalmente femenina. La obra combina un lamento por un lado, y por otro, acción, movimiento. El público chileno seguramente está habituado a la música de los siglos XVIII y XIX, y comienzos del siglo XX, pero esta obra se enmarca en lo que es el mundo globalizado y diverso del siglo XXI.

 

El aspecto visual es central en su trabajo. Usted trabaja con videos, con elementos teatrales, ha hecho óperas y también música para cine.

Yo me formé en la tradición de la ópera de Pekín, y por eso el lenguaje teatral es esencial en lo que hago. Yo amo la ópera como género, y pienso que de alguna manera es como el cine. El cine ofrece una experiencia multidimensional, y me encanta componer para películas. Ambos géneros me inspiran constantemente, y si tengo oportunidad de hacer algo en ellos, lo hago con dedicación.

 

Se suele describir su música como una síntesis de lo occidental con lo oriental. ¿Está de acuerdo? ¿Es lo que persigue usted al componer?

Sí y no. Por un lado, es verdad que en mi música están presentes ambos “mundos”, por así decirlo, pero al mismo tiempo no es algo que yo buscara. Yo no me propuse hacer una síntesis. Yo compongo en base a mi vida. Y mi vida ha sido diversa. No catalogo la música como “oriental”, “occidental” o “china”, yo simplemente compongo según mis necesidades como artista, ocupando las posibilidades que me ofrece la música. La composición es algo personal, y mis obras son el resultado de un proceso creativo que no tiene que ver con una clasificación cultural.

Toru Takemitsu fue uno de sus mentores, y él logró una atractiva conjunción entre estéticas vanguardistas y la música de su cultura, la japonesa.

Siempre admiré a Toru, especialmente por la experimentación y los riesgos que tomaba en sus obras. Es de notar que su búsqueda sonora la llevó también a la música que compuso para filmes, lo que sin duda me sirvió de inspiración cuando comencé a trabajar en partituras para el cine.

 

Usted también estudió con Chou Wen-Chung, uno de los primeros compositores chinos en lograr la atención del mundo occidental.

El fue también una gran inspiración, pero más filosóficamente que en lo musical. El poseía una visión total de la cultura, por lo que con mi aprendizaje fue mucho más allá de la música. Con él entendí mejor la relación entre el ser humano y las distintas disciplinas artísticas. Además, él fue estudiante y posteriormente secretario de Edgard Varèse, que es otro compositor muy apreciado por mí.

 

¿Todavía explora usted el concepto de ‘música orgánica’ en sus composiciones?

Sí. Mi música se sostiene en dos pilares, por un lado el orgánico, y por otra parte, el aspecto cromático. Lo que busco es integrar ambos en el plano armónico, en como construyo los acordes. La experiencia utilizando elementos como el agua o el papel ha influido en mi manera de concebir la armonía.

¿Qué puede decir del status de la música de tradición escrita en el mundo de hoy? ¿Cómo podemos incrementar el interés en la música de hoy?

Creo que el problema radica en que la gente usa el pasado como regla para medir el lo que sucede hoy. Debemos pensar en el futuro de la música y no en su pasado. El mundo ha cambiado, es diverso. Hay una multiplicidad de músicas, y las vanguardias del siglo XX son ya clásicas, por lo que tampoco sirven como punto de comparación. El resultado de la globalización ha sido que las distintas culturas del mundo se han acercado, se han entremezclado y han convivido. Hay que apuntar a la gente joven para renovar las audiencias, y son ellos los que pueden identificarse con la diversidad que la música ofrece hoy.

 

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Próximamente haré una gira con la Orquesta Nacional Juvenil de Estados Unidos, y enero se estrenará mi Concierto para Contrabajo “Wolf Totem” en Amsterdam, donde dirigiré al a la Orquesta del Concertgebouw. En cuanto a futuras obras, estoy muy interesado en las nuevas tecnologías, como WhatsApp, Facebook, etcétera, y también con el concepto de ‘realidad aumentada’, es decir, todos estos medios asociados con los teléfonos móviles. Quisiera hacer algo en música que esté relacionado.

 

Usted y Lang Lang son mundialmente conocidos, y hay muchos músicos chinos apareciendo todo el tiempo. Parece que China tiene mucho que decir en términos de la tradición musical occidental.

El sushi japonés se vende más en occidente, y la ropa Armani se vende más en China que en Italia. Y probablemente el vino chileno se venda más en China (risas). Como me he expresado antes, el mundo se ha vuelto uno solo. La música proveniente de China puede sonar en cualquier parte, así como el vino de Chile se puede tomar en todo el mundo. Todo el planeta es un solo escenario.

 

Álvaro Gallegos M.

30/12/2014

 

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