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Estás leyendo: Uno de los más prestigiosos directores de Israel dirige a la OSCH

Doron Salomon estará al frente del cuerpo estatal en los próximos dos programas que el conjunto realizará en el nuevo Teatro Corpartes. Conversamos con él acerca de las obras de Mozart y Stravinsky que abordará, y su cercana relación con Chile.

Comenzó como guitarrista pero derivó en la dirección orquestal y ahora es una de las batutas más activas y reputadas de su país, Israel. Doron Salomon (nacido en Tel Aviv en 1950), estudió en el Royal College of Music de Londres, y ha estado al frente de numerosas orquestas como invitado, incluyendo la Filarmónica de Israel y la Sinfónica de Jerusalén. Entre 1995 y 2003 fue titular en la Vogtland Philharmonie en Alemania, y entre 2005 y 2013 en la Israel Sinfonietta de la ciudad de Beer-Sheva.

En 2006 comenzó a venir a Chile como director invitado de la Orquesta Sinfónica U.de Concepción, y rápidamente desarrolló una relación cercana con nuestro país. “Cuando sucedió el terremoto, me preguntaron de Concepción si podría venir a dirigirlos cobrando menos”, relata, “les dije que vendría gratis, y conseguimos que la Embajada de Israel costeara mi vuelo”. Salomon sigue siendo un gran apasionado por la guitarra, y por eso le interesa mucho lo que sucede acá en ese ámbito. “Ustedes tienen una importante escuela de guitarra, y grandes músicos como Romilio Orellana y José Antonio Escobar”, comenta con entusiasmo, “además está Javier Contreras que pronto será reconocido a nivel mundial por su trabajo como compositor para el instrumento”.

Ahora Salomon debutará con la Orquesta Sinfónica de Chile en los próximas dos fechas del ciclo que el conjunto realiza en el nuevo Teatro de la Fundación Corpartes (Rosario Norte 660, Las Condes). Los días 27 y 28 de junio (20 hrs), el programa comprende la Sinfonía en Tres Movimientos de Stravinsky y el Concierto para Piano 21 de Mozart, mientras que la Gran Misa en Do Menor mozartiana ocupará los días 4 y 5 de julio (20 hrs). Las entradas se pueden comprar en Daleticket.cl

 

Usted había asistido a conciertos de la Orquesta Sinfónica de Chile, y ahora le toca trabajar con ellos.

Estoy muy emocionado, porque ya tenía una noción de cómo suenan. El estar presente en estos conciertos que he aprovechado de ver en mis viajes, he notado que se trata de una agrupación de alto vuelo. El trabajar con ellos ha sido muy fluido. Puedo pedirles lo que quiera, y ellos responden, no solo técnicamente sino en cuanto al sonido final. Los músicos han sido muy comprensivos, a pesar de que no hablo casi nada de español, pero hemos podido comunicarnos. Son músicos muy motivados y se concentran en el trabajo.

 

En su primer programa el número fuerte es la Sinfonía en Tres Movimientos de Igor Stravinsky, una obra que contiene ecos de “La Consagración de la Primavera”.

Sí, a pesar de la distancia que separa una obra de otra, estamos frente al mismo compositor. No es una partitura fácil y ninguno de los actuales integrantes de la orquesta la había tocado antes. No es tan agresiva como la “Consagración” pero hay pasajes similares. Tiene partes solistas para arpa y piano, que tienen un sabor francés, y a Stravinsky le gustaba mucho lo francés. Comparada con la anterior Sinfonía en Do del propio Stravinsky, es menos neoclásica, en cuanto a que ocupa una orquesta más grande, y sus gestos no son tan abiertamente inspirados en los clásicos. Eso demuestra una flexibilidad por parte del compositor, y nos prueba que el etiquetar etapas de un artista a veces problemático.

 

También de Stravinsky se hará la “Circus Polka”, que muestra una faceta más liviana del compositor.

A diferencia de otras obras cortas y populares de Stravinsky, como el “Ragtime” o el “Scherzo a la Russe”, esta es más como una broma. O una parodia, si se quiere. Se ríe de Offenbach y de las operetas. Está denominada como una “polka para un elefante joven”, y ahí ya hay una contradicción de términos. ¿Una polka para un elefante? Pero en Stravinsky encontramos muchas contradicciones que tienen un sentido de ironía.

 

El Concierto para Piano No.21 de Mozart no necesita mayor presentación.

Mozart es el compositor más difícil de interpretar de todos, en mi opinión. Y no es porque técnicamente sea complicado, sino porque requiere una transparencia donde los músicos se ven muy expuestos. Cada nota, cada frase, todo debe coincidir muy bien. Este concierto se hizo muy conocido por el uso de su segundo movimiento en el film “Elvira Madigan”. Yo he hecho charlas sobre el uso de la música clásica en el cine, es un tema que me interesa, pero pienso que en este caso no encaja. Así que siempre digo que “lamentablemente” este fragmento se hizo famoso de esta manera. Pero su melodía es tan simple, tan delicada, y a la vez tan potente, que es probablemente una de las más grandes melodías jamás escritas.

 

El segundo programa corresponde a la Gran Misa en do menor de Mozart, una obra maestra del repertorio sinfónico-coral.

Ocupa un lugar a la par con el Requiem, y siempre se discute cual de las dos creaciones es mejor. Yo no tomo partido, para mí ambas obras son cumbres de la historia de la música. Recuerdo una frase de un pinto israelí, que decía “en cosa de gustos, mis enemigos siempre tienen la razón”. Significa que depende de cada uno. Para mí es un reto llevar a cabo la Gran Misa, porque lo que dije hace un momento sobre Mozart se multiplica aquí. En Stravinsky si uno toca las notas bien, funciona, pero acá hay que tener una concepción clara.

 

En octubre volverá a Chile para dirigir a la Orquesta Sinfónica U.de Concepción. ¿Puede comentar el programa que hará entonces?

Concepción siempre me deja hacer programas muy atractivos. Además le otorgan importancia a sus propios compositores, lo que me parece fabuloso. Ese concierto comenzará con una obra chilena de estreno, “…Y Todavía Tiene una Pena” de René Silva. Tambipen haré una pieza de Bruno Maderna, un compositor maravilloso, que sé que en Chile no se interpreta mucho, y finalizará con “Aus Italien” de Richard Strauss. Le conté a Zubin Mehta, que para mí es un gran straussiano, que la haría, y me dijo que nunca la había hecho. Es una obra más alegre y chispeante dentro del grupo de sus poemas sinfónicos.

Usted comenzó como guitarrista, ¿cómo se dio el cambio hacia la dirección orquestal?

Yo partí a Londres a estudiar guitarra y composición en el Royal College of Music. Cuando estaba allá me uní a un curso de dirección, y lo tomé para tener una formación musical más completa. Pero sucedió que gané un premio haciendo ese curso, luego gané otro en Israel y finalmente gané el concurso de dirección en Besancon, Francia, y eso llevó a que me empezaran a invitar y llamar de todos lados para dirigir. Tuve que cancelar algunos compromisos como guitarrista, porque me invitaron a giras con orquesta, y como tenía una familia que mantener, acepté.

 

Usted hace dos años lideró en Concepción el estreno mundial de una obra del compositor chileno León Schidlowsky, quien además es ciudadano de Israel.

Fue interesante conocer sobre este compositor, que acá es muy respetado, y que en Tel Aviv es casi vecino mío, pues vivimos relativamente cerca. Su mundo sonoro es fascinante, y a pesar de su complejidad, los músicos de Concepción trabajaron mucho para poder tocarla correctamente. Me gustaría dirigir más obras de él en el futuro.

 

¿Cómo es el medio musical israelí en cuanto a la difusión e interpretación de música actual?

Muy activo. Hay hartos conjuntos dedicados a la música contemporánea. Yo trabajé mucho con un conjunto llamado Musica Viva. Existe un público muy interesado.

 

Chile ha desarrollado una relación podríamos decir cercana con la Filarmónica de Israel, que nos ha visitado en cinco oportunidades. Pero ustedes también tienen la Sinfónica de Jerusalén.

Son dos orquestas con perfiles muy definidos y con un sonido distintivo cada una. Ya que me preguntabas por la música contemporánea, la Sinfónica de Jerusalén programa muchas obras de compositores vivos, y ha encargado a importantes nombres de la creación actual. La Filarmónica de Israel es más tradicional, aunque también le da espacio a los compositores israelíes. Además es una orquesta más numerosa, y con un enfoque europeo.

 

Hace poco se anunció la cancelación de la transmisión en HD de la ópera “The Death of Klinghoffer” de John Adams, parte del ciclo del Met neoyorquino que se emite en teatros de todo el mundo, incluido Chile. Esto debido a protestas de agrupaciones judías que piensan que podría generar sentimientos anti-semitas en todo el orbe. ¿Qué opina usted de este asunto como músico y como judío?

He visto lo que ha salido en los medios, pero no puedo dar una opinión completa ya que no he leído el libreto ni sé como describe los hechos. Sí puedo decir que John Adams es un gran compositor, por lo que me gustaría conocer esta obra. Lo importante es saber cómo trata el tema de este asesinato por parte de terroristas palestinos, cual es el punto de vista, si es que de verdad condena la violencia, o si es que ofrece una visión que puede generar odiosidades. En la misma línea, a mí siempre me preguntan sobre el veto a la interpretación de música de Wagner en Israel. Yo respondo que no debe tocarse porque existe algo irracional que no tiene que ver con Wagner mismo, sino con que ciudadanos israelíes sufrieron tormentos con su música. Si tengo la certeza que en el público hay gente que no duerme en la noche recordando esos hechos asociados a la música de Wagner, yo prefiero no tocar su música. Habrá que esperar todavía unos veinte años todavía para que Wagner se interprete en Israel.

 

Álvaro Gallegos M.

24/06/2014

 

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