*
Estás leyendo: Alejandro Guarello y su disco “virtual”
Alejandro Guarello y su disco “virtual”
Noticias

Alejandro Guarello y su disco “virtual”


Por: - 21 de octubre de 2013

El compositor chileno puso en la web grabaciones en vivo de siete de sus obras. En conversación con Radio Beethoven comentó esta producción sonora y repasó su amplia carrera.

Alejandro Guarello (nacido en Viña del Mar en 1951) es uno de los compositores más reconocidos e interpretados de su generación. Su condición de “cara visible” de la composición chilena se moldeó gracias a que ha ocupado cargos (es actualmente presidente de la SCD y fue director del Instituto de Música UC), y también por ser curador y fundador del Festival de Música Contemporánea UC, que por más de dos décadas ha sido vitrina de la creación musical chilena de la actualidad. Pero ya en la década de los ’80, cuando apenas superaba la treintena, Guarello aparecía con frecuencia en programaciones de conciertos, incluyendo el Teatro Municipal.

Poseedor de una sólida técnica musical, su formación fue marcada por sus estudios con Cirilo Vila en Chile y Franco Donatoni en Italia. De hecho, su partida a Europa marca un antes y un después en su creación, aunque se trata de un músico que constantemente busca nuevas posibilidades dentro de su lenguaje personal. En su carrera ha publicado dos CDs de su música, y ahora acaba de completar un tercero, con la diferencia de que no se trata de un disco físico, sino uno “virtual” que se puede adquirir en la Internet.

Son siete obras grabadas en vivo, tanto en Chile como el extranjero, que resumen la dirección creativa de Guarello en los últimos 20 años. El álbum se titula “Nueva Música de Alejandro Guarello” y se puede conseguir a través de iTunes en este enlace. Se espera que posteriormente el trabajo pueda ser descargable a través de Portaldisc y la Tienda de Música Nacional.

Conversamos con Guarello sobre este nuevo proyecto discográfico y su contenido, además de comentar sobre sus parte de su dilatada carrera creativa y sus próximos proyectos.

 

¿Por qué la decisión de hacer un disco “virtual”?

Porque es más práctico. La situación del mercado de la música, en términos comerciales, y que incluye a la música popular, está cambiando su sistema a plataformas de descargas, streaming, y están las nuevas tecnologías como Spotify, Netflix, o sea, todo eso es lo que pone la música a la disposición de los usuarios y hay que adecuarse a los tiempos. Eso no quita que yo esté en este momento buscando un financiamiento para conseguir una edición física en CD, que sería una edición limitada de colección.

 

Sería interesante comentar las obras una por una. En primer término tenemos “La Bella Datoki”, de 2002, una de las pocas composiciones suyas donde se hace presente el mundo de la electrónica.

Yo tengo distancia con el mundo de la electrónica, y recién en esta pieza utilicé esos medios. Luego lo volvería a hacer en “Talcualtal” del año 2010. Es una combinación de instrumentos y medios electrónicos, y surgió porque fue pensada para un grupo específico de personas. Me refiero a Black Jackets Company, un colectivo de intérpretes y compositores, dirigido por el argentino Juan Carlos Tolosa, y ellos tenían en sus filas a un ingeniero en sonido. Entonces yo trabajé la parte electrónica directamente con él a través de un software llamado Soundspace, que no es muy conocido. Lo importante es que pude hacer lo que quería en la obra, realizar mi visión. En verdad mi problema es con la electrónica pura, pero es bueno probar cosas distintas. En “Talcualtal” la electrónica tenía que ver con la generación de algoritmos para producir secuencias que se integraban al grupo como material compositivo.

 

Luego está “Estrelliano”.

Es un derivado de una pieza anterior titulada “Estrella”, que fue una pieza de ocasión para mi matrimonio con la flautista Estela Bellomio, de ahí la raíz del nombre, con una r en el medio por la nota re. Esa pieza fue escrita para violín solo y tocada en la ceremonia de mi boda. Posteriormente, para el Encuentro de Compositores que organiza el IMUC, en su versión 2010, se me pidió una obra, y yo tomé “Estrella” y le agregué piano, por eso lo de “Estrelliano”. La parte de violín se mantuvo casi intacta, y el piano aparece aquí interactuando con el violín, como fondo, y también de manera solista.

 

Llama la atención el título de “Turbio”, obra escrita para dos violines.

Eso es una historia personal, que tiene ver con un chiste interno entre yo y unos amigos con los que juego fútbol. Yo estaba trabajando este dúo para los violinistas Isidro Rodríguez y David Núñez, y se me ocurrió, en homenaje a mis amigos, ponerle ese nombre. Y es que la pieza tiene algo raro, es complejo el inicio especialmente, lo que me costó mucho llevarlo a la escritura. Yo soy reacio decirles a los músicos que improvisen. Entonces esta complejidad hace que no se logre apreciar con claridad lo que pasa al comienzo, es algo difuso, “turbio”.

Carátula del álbum “Nueva Música de Alejandro Guarello”

El “Solitario VIII” ocupa un lugar especial, pues fue escrita para el eximio violista Garth Knox, ex miembro del Ensemble InterContemporain y del Cuarteto Arditti.

Es una pieza que está inscrita en la cadena de mi serie de los “Solitarios”, donde la particularidad es que son instrumentos que están presentes en una orquesta. Cuando he escrito para guitarra sola, o piano, o arpa, por ejemplo, no entran en esta serie, son solo instrumentos de orquesta. Aquí yo intento generar polifonías virtuales, más allá de la capacidad de los propios instrumentos. Voy más allá, a través de mecanismos de la percepción, para que se genere una suerte de polifonía “de planos”.

 

En “Cuartempora” usted ocupa un formato instrumental que tiene mucha historia, el cuarteto de cuerdas.

Yo he escrito varias obras para cuarteto de cuerdas, siendo la primera en mis inicios, con las Cuatro Piezas de 1979. Después en 1986 hice una pieza de carácter didáctico, que era un proyecto del Teatro Municipal para hacer música contemporánea para niños. Esa se titula “Elefantasía”, donde los músicos deben actuar y recitar, pero nunca se ha tocado. Luego está “Cuartempora” de 1992, y finalmente hice una obra para el Quatuor Diotima tiulada “Fractande”. En “Cuartempora” el título indica un poco de que se trata, es un cuarteto donde yo trabajo el aspecto temporal, a través de una problemática de velocidades internas. No tiene que ver con el sistema de Elliott Carter, donde las velocidades modulan. Esto es distinto, yo lo hago un poco más simple, generando figuras como sextillos, quintillos, pero superponiéndose y re-articulándose. Entonces no es una manifestación de velocidades, sino más bien intervenir en el discurso interno del cuarteto, por lo que no se oyen muchos tempi superpuestos.

 

También encontramos la pieza para violín, cello y piano “N-Oir-T” de 2005.

Yo había abordado el formato de trío en mi Trío 1982 y lo retomé en esta obra, que originalmente fue pensada para un conjunto canadiense, pero ellos se disolvieron antes que pudieran estrenarla. Finalmente se tocó aquí en Chile en uno de los conciertos del Encuentro de Compositores, esta vez la versión del 2006, por Isidro Rodríguez, Celso López y Luis Alberto Latorre.

 

“Dromo” es quizás la obra que más se ha tocado de todas estas y además ganó un premio.

Sí, curiosamente es así. La escribí para Luis José Recart y su orquesta, que ha cambiado varias veces de nombre. También la ha tocado la Orquesta de Cámara UC y se hizo en Puerto Rico, bajo la dirección de Max Valdés. Este es el caso de una música muy distinta a la que hago habitualmente. Yo trabajé con muchos silencios, lo que es raro en mí. Hay momentos de silencio patentes que irrumpen y forman parte integral de la pieza. Y el final es muy particular, porque el material se va distanciando, disolviendo, y uno entra paulatinamente en el silencio con que acaba la obra.

 

¿En qué plano se encuentra su trabajo creativo en este momento?

Terminé hace poco un concierto para piano y orquesta, también un encargo del MusikFabrik de Colonia que se estrenaría en 2015, y ya estoy haciendo bocetos para un noveno Solitario, que va a ser para contrabajo, el único instrumento de cuerdas que me faltaba.

 

Este año se cumplen 35 años de su  “Cantata de los Derechos Humanos”, obra que se ha revisitado en distintas ocasiones, siendo la última en 2008 cuando usted mismo la dirigió. ¿Qué opina de que siga siendo valorada?

Me parece fantástico porque es un tema vigente en Chile. Es una obra que cumplió a cabalidad su propósito, que es el de reflexionar en torno a los derechos humanos. Es propiamente una cantata, como las cantatas barrocas, en el hecho de que toma un tema religioso, la historia de Caín y Abel, pero incorporando los textos de Esteban Gumucio que son de una inteligencia y belleza increíbles. La música toma el formato de la “cantata popular”, que es muy algo muy chileno por lo demás, y funciona. Este año se va volver a hacer, con Inti-Illimani “a secas” y el actor José Secall, el día 25 de noviembre en la Catedral de Santiago. Yo mismo la voy a dirigir.

Guarello en 1978

Años después de esa cantata, usted hizo una obra similar, “Desde el Quinto Sol”, que no se ha tocado en nuestro país (se hizo en Francia, y se puede ver y oír en YouTube aquí), ¿Le gustaría que se montara en Chile?

Podría ser. Habla del mundo indígena, y fue encargada para homenajear a Bartolomé de las Casas. El formato es igual a la otra, incluso en instrumentación, y musicalmente el estilo es prácticamente el mismo. Podrían en un futuro hacerse las dos juntas.

 

También usted ha hecho varias obras de música sacra, donde podemos destacar dos misas y dos obras para los aniversario 100 (Salmo 1) y 120 (“In Christi Lumine”) de la Universidad Católica.

Yo no soy necesariamente una persona religiosa, pero si me lo piden o me nace hacer algo en esa dirección, lo hago. El “In Christi Lumine” fue un homenaje en agradecimiento a la universidad, la que me ha permitido trabajar por más de 20 años, mientras que el Salmo 1 fue derechamente un encargo. Todo depende de las circunstancias.

 

Acabamos de hablar de composiciones con voces, pero es sabido que usted durante su carrera cada vez más se fue volviendo suspicaz de la utilización de textos, abogando por la llamada “música absoluta”.

El uso de textos es algo que es “parte del sistema” por así decirlo. Cuando uno estudia composición debe obligatoriamente crear obras con voces, porque es parte de la formación. En el caso de la “Cantata de los Derechos Humanos” sucedió que se trataba de un texto tremendo, me pidieron hacer la música, y yo lo hice con mucho entusiasmo. Pero que yo ande buscando textos es raro. A mí me interesa más el sonido que un mensaje.

 

Es por eso que usted en los títulos de las obras evita la asociación directa con algo concreto.

El auditor de hoy es muy visual. Escucha música y “ve” cosas y se imagina historias. Yo empecé a ir en contra de eso cuando me di cuenta que la música funciona más allá de sistemas, sea dodecafónico, tonalidades o modalidades. Yo quise conscientemente evitar generar en el auditor ese tipo de relaciones extramusicales. Y de ahí mis títulos generalmente hacen alusión a lo que pasa en la pieza desde el plano de la composición. Creo que la última vez que usé un título que significa algo en una pieza instrumental, fue en “Vetro” de 1984, que significa vidrio en italiano. Y eso tenía relación directa con la operación compositiva. Y así se da en muchos de mis títulos, ya que la música debe hablar por sí misma. La música es lo más importante y en cada nueva obra trato de reinventarme.

 

Álvaro Gallegos M.

21/10/2013

 

Comentarios