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Estás leyendo: Titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago habla del nuevo ciclo del conjunto

Inmediatamente después de su éxito con “Carmina Burana”, Konstantin Chudosky dirigirá el segundo concierto de la temporada los días 18 y 19 de marzo, en obras de Haydn, Beethoven y Mendelssohn. En entrevista con nuestra emisora comentó lo que será su año frente a la agrupación del Teatro Municipal de Santiago.

Ya es oficialmente Director Titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago (OFS) del Teatro Municipal de Santiago, y como tal tuvo un exitoso debut con el primer concierto de temporada. Su labor fue calurosamente recibida por el público en tres funciones agotadas del oratorio “Carmina Burana”. Y de su mano se viene un amplio ciclo, donde estará al frente tanto de conciertos sinfónicos, como de ópera y ballet.

En  menos de una semana del concierto inaugural se realizará el segundo programa orquestal de la OFS (lunes 18 y martes 19 de marzo, 19:00 horas), y entre medio de sus ensayos, Chudovsky se dio el tiempo para hablar con Radio Beethoven de este nuevo rol frente al conjunto y comentar los desafíos artísticos que el Municipal le depara para el 2013.

La energía y pasión que demuestra arriba del escenario se mantiene fuera de él, y su entusiasta y apresurada manera de expresarse se condice con su juventud y su amor por la música. Sus anteriores éxitos como invitado en el teatro no son fortuitos si se adentra en el nutrido currículum del músico. Este moscovita fue alumno de dirección de Vladimir Ponkin, Boris Kulikov y de quien es una de las batutas más importantes que han salido de Rusia, Gennadi Rozhdestvensky.

 

En tu debut como titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, trabajaste también con el Coro del Teatro Municipal, ¿Cómo evalúas este concierto inaugural de temporada con “Carmina Burana”?

Fue fantástico. El coro y la orquesta lograron un sonido maravilloso, y pude lograr todo lo que yo quería. Además todos los músicos fueron un gran apoyo y estoy feliz de trabajar con ellos. Y estoy muy contento porque el recibimiento del público fue grandioso.

 

¿Has notado un cambio en la orquesta desde que la dirigiste por primera vez en “Boris Godunov” en 2011?

Es difícil decir eso. Para mí cada concierto, cada función, es un mundo en sí mismo, totalmente aislado del otro, y donde confluyen muchos factores. Es un momento único e irrepetible y no se pueden comparar. La primera vez que vine, e hice el “Boris”, fue maravilloso, y también lo han sido mis otras colaboraciones con la orquesta y el coro.

 

¿Cuáles son tus planes y metas al mando de la orquesta?

Para mí lo más importante es que los músicos amen lo que hagan, y disfruten el trabajo y el hacer música juntos. Luego de eso, se pueden lograr grandes metas. Este es un conjunto muy completo porque reparte su tiempo en óperas, ballets y conciertos sinfónicos y es esencial mantener un equilibrio entre los tres formatos y que los músicos respondan en cualquier repertorio. En lo personal quisiera incluir a compositores chilenos, indagar sobre ellos y presentarlos en el teatro, a su público, el público chileno.

 

Hablemos del repertorio que abordarás en el segundo concierto oficial de la OFS, en primer lugar la Obertura Leonora No.3, luego la Sinfonía “La Despedida” de Haydn, y la Sinfonía No.4 “Italiana” de Mendelssohn que acá se interpreta con mucha frecuencia.

La característica del concierto es que son tres obras maestras muy tradicionales, y por lo mismo son muy conocidas por el público. He estado estudiando una y otra vez las partituras porque cualquier error no sería perdonado por los asistentes que han escuchado estas piezas decanas de veces. Después de hacer “Carmina Burana”, abordar estas obras es todo un desafío porque son muy distintas. Requieren un sonido transparente y una claridad tímbrica, sobre todo en la sinfonía de Haydn, que aunque parezca sencilla debe sonar muy precisa y articulada. En Beethoven y Mendelssohn encontramos una sensibilidad más romántica, pero lo importante es que no se trata de esa fuerza desmedida de “Carmina Burana”.

 

De la sinfonía de Haydn es muy conocido el final, donde los músicos van dejando de tocar, y hay interpretaciones que imitan la intención original del compositor y donde cada ejecutante deja el escenario al terminar su parte.

He pensado mucho en cómo voy a hacer eso. Me gustaría que ese momento sea especial y tengo varias ideas, varias posibilidades. Es fascinante el sentido del humor de Haydn, porque es como si el público viniese al concierto para ver como los músicos se van (risas).

 

Ha llamado mucho la atención tu forma de dirigir, muy energética y sin batuta.

Fíjate que Vladimir Ponkin, que fue mi principal maestro en la dirección, tiene un estilo muy diferente al mío, mucho más calmado. Es algo que en verdad no puedo evitar, yo entrego toda mi pasión cuando estoy al frente de una orquesta. Una vez que dirigí en Viena, un diario habló de “la atlética dirección de Chudovsky”. Quizás cuando sea viejo me relaje más. El gran director ruso Evgeni Mravinsky dirigía con gestos mínimos y lograba un sonido poderoso. No sé si yo llegue a eso, pero lo más importante es el resultado sonoro, más que como un director se mueve en el podio.

 

Este año vas a dirigir tanto conciertos como ópera y ballet, ¿En qué te sientes más cómodo?

En todo. La música es la música y no importa si se está arriba o abajo del escenario, es la misma responsabilidad. Por ejemplo, en junio de este año voy a dirigir “El Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky, y es música que se debe tratar de la misma manera que sus sinfonías.

 

En cuanto a ópera vas a dirigir dos títulos operáticos muy famosos, “El Barbero de Sevilla” de Rossini (junio) y “El Trovador” de Verdi (septiembre).

El “Barbero” la he dirigido bastante así que es una obra que conozco a fondo. Cuando la dirijo suelo dirigirla con un clavecín tocado por mí. Y también hay parte para guitarra, que a veces se suele hacer con arpa. En algunas representaciones yo mismo me he encargado de tocar la guitarra, espero poder hacerlo también aquí. En cuanto a “El Trovador”, voy a dirigirla también en Francia. Es una obra que amo profundamente por la fuerza de la música.

 

Precisamente es una obra donde la música es muy superior al libreto.

Sí, eso es muy divertido. En un rincón de La Scala de Milán donde tiene una botella de vino de mucho valor, y es un premio para que él se pare al frente y pueda narrar todo el argumento de “El Trovador” sin equivocarse. Y creo que nadie se ha ganado la botella. Es verdad que tiene errores, es inverosímil y muy intrincado, pero la música es tan increíble que ha hecho que sea una obra favorita del público.

 

Por razones obvias tienes mucha afinidad con el repertorio ruso. Este año vas a hacer obras de Khachaturian, Shostakovich, Rimsky-Korsakov y Tchaikovsky. ¿Hay alguno de ellos con el que tengas una mayor cercanía?

Aunque es verdad que existe esa cercanía con la música rusa, la verdad es que no tengo un compositor favorito. Mi compositor favorito es el que estoy dirigiendo en el momento. Cuando me toque dirigir el “Barbero”, Rossini va a todo para mí. Uno debe estar en total conexión, totalmente enamorado de lo que va a interpretar.

 

¿Va a ser así también con los compositores chilenos?

Absolutamente. Uno debe estar con todo el corazón puesto en la partitura, y eso transmitírselo a la orquesta.

 

Álvaro Gallegos M.

15/03/2013

 

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