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El compositor hizo una relectura de la obra “Las Brutas” del Premio Nacional Juan Radrigán, en formato de “dramaturgia multimedial” que se podrá ver en el GAM el miércoles 25 de enero. Díaz conversó con Radio Beethoven sobre la gestión de este proyecto, los distintos elementos e influencias que confluyen en su trabajo, y también acerca de su nuevo disco, que incluye composiciones recientes.

Entre la amplia gama de compositores chilenos activos hoy en día, Rafael Díaz (nacido en Santiago en 1965), le otorga una capital importancia al medio, a la sociedad en donde se desenvuelve. En su producción se entrecruzan la inspiración del paisaje chileno, la cultura de los pueblos originarios y la poesía de autores como Jorge Teillier, pero siempre bajo el prisma de un artesano del sonido que adapta estos elementos para hacerlos propios, rindiendo tributo a estos estímulos artísticos.

Ahora, para su más reciente creación, Díaz utilizó como materia prima a una de las obras más emblemáticas de la dramaturgia chilena. Se trata de “Las Brutas” de Juan Radrigán, quien el año pasado recibió el Premio Nacional a las Artes Escénicas. Estrenada en 1980, narra la experiencia de tres hermanas de la etnia coya, en un inhóspito sitio precordillerano en el norte del país, que terminan tomando la radical decisión de aniquilar a sus animales y suicidarse en conjunto.

Díaz unió fuerzas con las diseñadoras e ilustradoras Lorena Pérez, Claudia Valiente y Rocío Troc, para dar vida a su “dramaturgia multimedial”, que se lanzará oficialmente con una exhibición del DVD resultante en el Centro Gabriela Mistral (GAM).

Pero no es la única novedad respecto a Díaz, ya que acaba de publicar un nuevo CD titulado “Canción del Regreso”, que incluye 6 obras, algunas recientes como “Lautaro” y otras más antiguas, como la que le da título al disco. El compositor se refirió a estos proyectos en entrevista con nuestro medio, además de comentar algunas características de su trabajo creativo.

La presentación de “Las Brutas” se realizará el día miércoles 25 de enero a las 19:00 horas, en la Sala A1 del GAM. La entrada es liberada, previo retiro de entradas en el mesón de informaciones del lugar. Los cupos son limitados. A cada uno de los asistentes se le regalará un ejemplar del DVD. El disco “Canción del Regreso”, en tanto, se puede conseguir a través del sello SVR Producciones, al igual que toda la discografía de Díaz.

 

¿Cómo llegaste a “Las Brutas” y por qué decidiste hacer tu propia adaptación?

Vi el montaje que se hizo el año 2007, protagonizado por Claudia di Girólamo, y me encantó la poesía del texto de Radrigán. En mi mente se formó un paralelo entre esta obra y el “Pedro Páramo”, la novela de Juan Rulfo. Sentí mucha música en mi cabeza a medida que oía los parlamentos, aunque en verdad no me gustó ese montaje en particular. Sentí que se podía aplicar una proyección más cercana al radioteatro. Pasó un año, y paseando por Europa se me ocurrió la idea de este proyecto, el plantear “Las Brutas” como si fuera un relato circular.

 

El DVD de “Las Brutas” ofrece las alternativas de una visión de temporalidad lineal y otra aleatoria.

El usuario puede optar por uno de los dos caminos. Originalmente pensé en hacerlo solamente circular y aleatorio, pero me di cuenta que el relato lineal tiene también una cualidad muy bella, el hecho de acercarse a un destino fatal, pero con momento de armonía y resignación. Además que la estructura lineal respeta la visión de Juan Radrigán, y me pareció importante ofrecer esa opción, el poder seguir la historia tal como la planteó su autor. Y la versión circular tiene que ver con el sentido del tiempo de nuestros pueblos originarios, eso se da tanto en los coya, que es la etnia de las tres hermanas de esta historia, como también de los mapuches, que es una cultura que conozco más a fondo.

 

Se nota en tu trabajo una preocupación con el tiempo. Tú lo definiste alguna vez como “el horror de lo sucesivo”.

Eso nace de un problema que empecé a experimentar en mi adolescencia en donde la música fue mi escape. Con esa definición yo me refería al tener que vivir en una cadena de eventos que te impone la vida cotidiana, y que te impide estar al margen. Cuando se llega a adulto-joven uno se da cuenta que esa cadena es pesada, y que lo sucesivo puede ser muy angustiante. Para mí lo es, al menos. La música constituye una forma de borrar el tiempo y amplificar el espacio, y eso es muy bello. Te hace detenerte en un remanso de tiempo, mientras que el vivir en una sucesión permanente agobia. Chesterton alguna vez escribió que “el peso de la realidad es demasiado fuerte como para que un ser humano pueda resistirlo”, y yo estoy de acuerdo con él. Las culturas originarias lograron otra percepción del espacio-tiempo, mientras que nosotros hemos tenido que vivir “de izquierda a derecha”. Las protagonistas de “Las Brutas” vivían en un espacio-tiempo circular, con un destino ineludible.

 

¿Qué te inspira a una aproximación audiovisual? Es interesante notar que en los últimos años otros compositores chilenos como Rolando Cori y Andreas Bodenhofer, han explorado en este ámbito.

Yo buscaba que la imagen aportara al ámbito de la poesía y el sonido como una sinergia, sin caer en la redundancia. Creo que el escenario, la sala de conciertos, el espacio en general para las músicas actuales está en crisis, en decadencia. Pienso que hay que abrir otras instancias para que la participación del auditor sea menos pasiva, que lo involucre. La “institución” del concierto se está cayendo a pedazos. Uno se encuentra con lugares con mala acústica, instrumentos en mal estado, es por eso que yo he querido escapar del “vivo”. También por eso me he preocupado de registrar mi música en discos, incluyendo mi último CD, “Canción del Regreso”.

 

Este es un disco que acaba de salir, con algunas obras tuyas de los últimos años.

Yo intuía de hace un buen tiempo que en algún momento iba a dejar de producir discos, porque me sentía en camino hacia otras manifestaciones, por así decirlo. Pero hay varias obras mías que quedaron en el camino y no alcanzaron a aparecer en los discos anteriores, y pensé que valía la pena que fueran editadas. Las reuní junto a una composición que es un estreno, titulada “Lautaro”. Y es un proyecto muy querido porque está la obra que da nombre al disco, una pieza que significa mucho para mí, porque reúno un discurso de Salvador Allende, con un canto pregonero interpretado por mi padre. Fue muy emotivo juntarlos. Y el título tiene que ver con la pertenencia y la nostalgia por Río Cisnes, la aldea donde crecí en la Región de Aysén.

 

En plena concordancia con esta crisis del ritual del concierto que tú ves, hay un aura teatral en tu trabajo. Recuerdo, por ejemplo, una obra tuya en que los músicos deben apagar la luz de sus atriles al final, o el más reciente estreno de “En el Silencio de la Baja Tarde”, donde la voz solista ocupaba platería mapuche.

Siempre mi música ha tenido una dramaturgia. Y para eso se requiere un determinado espacio, una luminosidad, una situación ambiental que no responde a la realidad de nuestros escenarios. Hay también una situación emocional, psíquica, un valor humano. No puede ser un no-lugar. Y es en el formato multimedial donde encontré la forma de idealizar un espacio. Es virtual, pero al mismo tiempo responde a mis necesidades.

 

Varias de tus obras se catalogan como “radioteatros”. ¿Cómo surgió tu interés por este género?

Cuando era niño y vivía en Río Cisnes, teníamos una radio que se escuchaba en onda corta, no había televisión. Escuchábamos una estación que transmitía desde Puerto Montt, y en la noche en su programación, emitían radioteatros. Ya cuando grande, al iniciarme en el oficio de la composición, mi deseo de contar historias a través de la música, me llevó a este género, donde yo busqué que las palabras fueran la inmanencia de la música, y la música la inmanencia de las palabras. Planteé una integración entre ambos elementos y eso se ve en las obras incluidas en el disco “El Sur Comienza en el Patio de mi Casa”. Son historias para ser oídas, desde la mente del auditor.

 

¿Qué relación ves entre tus radioteatros y los que hizo Leni Alexander en su última etapa creativa?

Yo conocí a Leni, a través de Fernando García. Hablamos de nuestras perspectivas, yo escuché sus obras, y ella escuchó las mías. La verdad es que son visiones diferentes, y eso viene de que pertenecemos a tradiciones diferentes. Ella era judía-alemana, proveniente de una tradición europea, tanto en lo humano como en lo musical. Yo, en cambio, soy sudamericano, provengo de una tradición oral, antes que escrita. Entonces hay un ‘pathos’ muy distintos entre mis radioteatros y los que hizo Leni.

 

Un tema recurrente de tu música es el de la nostalgia por el sur de Chile.

Eso es verdad y no lo voy a desconocer como Jorge Teillier (risas). Es nostalgia en el sentido etimológico de la palabra: nos-talgia, dolor por el “nosotros” perdido. Hay un nosotros que se perdió cuando me tocó partir con mi padre al sur, a Río Cisnes. Yo nací en Santiago y volví a los diez años, pero creo que para entonces yo ya estaba formado. La música la aprendí ahí en el sur. Mi pieza tenía un techo de zinc, y llovía toda la noche. Esa fue mi primera experiencia musical, junto con el viento de la zona.

 

Otra característica habitual en tu obra es el uso de la yuxtaposición, como por ejemplo cuando sobrepones un ‘cantus firmus’ de tipo renacentista, con cánticos tomados de los pueblos aborígenes.

Eso también proviene de mis experiencias con el sur, para que veas que mi personalidad nunca escapó de allá. Yo iba en una escuela en donde los días domingo teníamos que ir obligatoriamente a misa. Y también asistían tehuelches de la zona, quienes no prestaban atención al rito de la misa. Entonces, mientras el cura hablaba y rezaba, a veces en latín, yo escuchaba a mis espaldas a los tehuelches hablando una lengua que me pareció maravillosa, y que era pura música para mí. Eran dos culturas, dos espacio-tiempo superpuestos, y eso para un niño de seis años es una experiencia imborrable. Nuestro mundo está compuesto de distintos estratos, vamos cambiando de estratos, pero a veces volvemos al original, y eso para mí es como un “mundo polifónico”. Yo quiero reflejar esa polifonía en mi música.

 

También está presente en tu obra la poesía, a través de poetas como Teillier, Rilke, entre otros, que son los que has ocupado en tus obras.

La poesía yo la necesito como el aire. Si vas a mi casa, en mi velador vas a encontrar tres libros. Uno de Emily Dickinson, otro de Rilke, y uno de Teillier. Los tres tienen algo en común, una suerte de refugio de lo secreto, un querer volver a la infancia. En el caso de Dickinson, es una poetisa secreta, privada, solitaria, enigmática. Es como un alter ego para mí. Yo he tenido como ella, la tentación de aislarme del mundo. Pero la poesía es lo más parecido a la música. Es una destilación de las palabras donde no sobra nada. La música no puede tener “grasa” y la poesía tampoco. Nada sobra, todo es esencial.

 

Compusiste una pieza para piano en homenaje a Rolando Alarcón, una figura quizás subvalorada dentro de la Nueva Canción Chilena. Cuéntanos de esta afinidad.

Es muy cierto eso que dices de que está subvalorado. Yo no sé porque cayó en ese olvido desde que murió. Quizás porque no terminó como mártir. Pero sus canciones y su poesía tienen una gran riqueza. Hay una bellísima pieza, la “Canción de Cuna Negra”, que habla de la amistad de un niño negro con un gallito. Y esta canción me la llevé en una grabación cuando viaje a Europa en el año 2006. En aquel período me tocó estar lejos de mi hijo, que tenía cuatro años, y yo escuchaba la canción de Rolando una y otra vez para acordarme de mi cabro. Fue una experiencia dolorosa estar lejos de él, y así fue como surgió la inspiración para mis “Siete llamadas desde la ‘Canción de Cuna Negra’ de Rolando Alarcón”.

 

¿Piensas seguir explorando el aspecto multimedial o teatral?

Sí, es lo que me inspira a trabajar en este momento. Ahora planeo hacer una obra en la misma línea sobre Pascual Coña, el lonko mapuche, y luego vendría un proyecto sobre la etnia kawéskar, con lo que terminaría un tríptico multimedial. Esto me tiene bien contento, ya que la gente siempre me dice que mi música tiene imágenes, y ahora lo puedo hacer explícito. La música “absoluta”, en su estado más puro, ya la hice, y ahora quiero explorar esta senda, y quizás después de eso me puedo retirar.

 

Álvaro Gallegos M.

18/01/2012

 

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