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Estás leyendo: Pablo Aranda se introduce en los mundos de la electroacústica y lo popular

El músico nacional estrenará su nueva composición “Laquer” en el día final del Festival de Música Contemporánea UC (domingo 20 de noviembre). Además, el último ganador del Premio Altazor, está a cargo de los arreglos del musical chileno “Corazón Mestizo”. Sobre estas dos novedosas incursiones habló el compositor con Radio Beethoven.

Seguramente este año 2011 quedará destacado con lápiz de color en el currículum del compositor chileno Pablo Aranda. En enero, el Viktoria Quartet de Berlín, que lidera el violinista chileno Álvaro Parra, presentó parte de su pieza “Alcrígada”, para cuarteto de cuerdas. Posteriormente recibió el Premio Altazor 2011, en categoría de música “docta”, por su pieza “Parphé II”.

Ahora, Aranda vuelve a la palestra noticiosa por sumergirse en dos mundos que hasta hoy no se asociaban con su figura. Por un lado, el mundo de la electroacústica, en su nueva composición “Laquer”, que se estrena el domingo 20 de noviembre al cierre del Festival de Música Contemporánea; y luego, participa como arreglador y director de músicos en el teatro musical chileno “Corazón Mestizo”, que se estrena el miércoles 30 de noviembre en el Movistar Arena. Esto constituye un acercamiento de Aranda al mundo popular, lo que seguramente sorprenderá a los que están familiarizados con su trabajo. De esto y más, conversamos con él.

Nacido en Quillota en 1960, Aranda estudió en Chile con Andrés Alcalde y Cirilo Vila, y luego se perfeccionó en Alemania con Johannes Fritsch, y en Italia con Franco Donatoni. Al volver a nuestro país se dedicó a la docencia, a la composición, y a la dirección del conjunto Taller de Música Contemporánea UC, que ha servido para la difusión de la música de jóvenes creadores del medio local.

 

En tu nueva pieza “Laquer”, utilizas por primera vez electrónica. Cuéntanos como es que después de tanto años componiendo, decidiste incursionar en este ámbito.

Yo no tenía reparos con la electrónica, pero sí sentía que no me era necesaria. Yo prefería trabajar los sonidos de los instrumentos directamente, y el agregar procesos electrónicos me parecía que era como ponerles un maquillaje innecesario. Acá la electrónica está enfocada en un objeto, que fue construido por la artista visual Ángela Ramírez, y el cual está armado con botellitas de suero, con agua, la que va a caer sobre una superficie, generando un continuo rítmico. Entonces, es un objeto sonoro, y es este elemento el que está apoyado por la electrónica. Esa es la primera función de la electrónica, pero también hay un cuarteto de cuerdas, donde ocupo la primera parte de “Alcrígada”, con una intervención mínima del computador.

 

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Fue inspirado por mis experiencias con el teatro. Es algo visualmente atractivo, en que se ocupa el espacio visual donde tocan los músicos. Son pequeños fragmentos donde lo que toca el Taller de Música Contemporánea UC se topa con lo de las gotas, y también con el material de “Alcrígada”. Por eso escribí en las notas al programa del concierto, que es una pieza fragmentaria, en el sentido de que se van uniendo distintos fragmentos en un todo.

 

¿Crees que esta pieza marcará un antes y un después en tu carrera?

Yo creo que el corte que marca un antes y un después, fue mi experiencia con el teatro, la cual, como te decía recién, fue el punto de partida para “Laquer”. Yo a través del teatro aprendí a tenerle respecto al espacio, y saber que lo escénico, la puesta en escena, es un lenguaje, tal como lo es la música. En el fondo el “espacio” se trabaja, por eso para el estreno de la obra tengo que definir la disposición de los músicos, y del objeto sonoro.

 

En enero, para el estreno de “Alcrígada”,  dijiste que era una composición “work-in-progress”. ¿Cuándo escucharemos la pieza completa?

Originalmente está concebida para narradora y cuarteto. Tengo el fragmento que se estrenó a comienzos de año, más una sección nueva que escribí después. Espero poder estrenarla completa el próximo año dentro de otro proyecto que tengo. Este consiste en hacer, junto al Taller, una serie de conciertos monográficos, dedicados a compositores que nosotros tocamos habitualmente, como Francisco Silva, Cristián Morales-Ossio, Alejandro Guarello, Daniel Osorio, etc. Entre esos, habría un concierto con mi música, y espero tener “Alcrígada” totalmente terminada para entonces.

 

Muchas de tus piezas tienen títulos curiosos, que son como juegos silábicos, donde se evitan nombres con asociaciones semánticas directas.

Eso viene de un temor escondido, de ponerme a mí mismo un pie forzado si es que por ejemplo a una obra la denomino “Duelo”. Es evitar, desde el nombre, una asociación, aplicando un poquito eso de que la música “hable por sí misma”. Puede que haya títulos en que le achunte, y hay otros que son re-fomes (risas). Ahora, te debo decir que en esto no hay ninguna pretensión mayor.

 

Algunos de tus cercanos te definen como alguien muy creyente, de mucha fe. Curiosamente no encontramos música sacra en tu producción.

Pienso que si hago evidente mi creencia a través de una obra, tal vez mate algo que debería mantenerse en el plano individual. Yo no quiero ocupar la música para hacer proselitismo religioso. Hay otra razón, y es que la fe es algo que siempre está puesto en crisis, no es algo tan absoluto. Lo que sí creo, es que mi fe se ha trasladado a la música, al creer que es un arte que produce un estado colectivo. La música logra conectarse con el auditor.

 

Qué elementos estéticos ves tú en tu trabajo, que te distingan de otros compositores chilenos que estudiaron con Donatoni, como Alejandro Guarello o Andrés Alcalde.

Hay algo concreto, y es lo que Donatoni llamaba la “figura”. Y para él eso siempre tuvo alcances muy simples, donde son importantes la vitalidad y la elasticidad. Creo que en el lenguaje de Alejandro y Andrés esto se lleva más bien a un plano melódico-rítmico. En la música de ellos, así como también en la de Donatoni, hay un plano rítmico motor. Sólo algunas secciones de mi música tienen eso. Yo traspasé esa elasticidad a un plano polifónico, y más de sonido. Para mí la figura es una estructura sonora, más que una situación motriz rítmica tan evidente.

 

Aparte de Cirilo Vila, que fue uno de tus principales maestros en Chile, ¿Qué compositores nacionales más antiguos te han inspirado?

Tomás Lefever. Algunas de sus piezas como sus cuartetos y sus obras para orquesta me parecen muy atractivas. También le tengo mucha admiración a Alfonso Letelier. Su lenguaje coral es muy bello, y también su trabajo sinfónico, ya que él orquestaba muy bien. Roberto Falabella también, que fue un compositor más fino. En cuanto a música de cámara me gusta mucho lo que hace Juan Allende-Blin. Y además podría mencionar a Fernando García, quien tiene una escritura muy clara.

 

Llevas harto tiempo dirigiendo el Taller de Música de Contemporánea UC. ¿Qué tan importante para ti es ese rol de intérprete?

Después de toda mi formación, ha sido mi “otro” aprendizaje. Cuando empecé a dirigir, fue como volver a aprender. A los intérpretes cada vez los respeto más. El intérprete tiene una visión de la música que es hermosa y práctica, lo que no es algo banal. En el primer ensayo, uno como compositor sabe más de la obra que los intérpretes, pero al tercer ensayo, ellos saben más que uno de la obra.

 

¿Cómo va tu proyecto de composición de una ópera en conjunto con el alemán Caspar Johannes Walter?

Va bastante bien encaminado. Él estuvo acá recién por el tema de la obra “Hellhörig” de Carola Bauckholt, y aprovechamos de tener reuniones al respecto. Él está invitado al Encuentro de Compositores del próximo año, y ahí esperamos mostrar un fragmento de unos diez minutos, para luego, de allí al 2014 presentar la obra completa. Está involucrado el conjunto MusikFabrik de Alemania, más músicos míos de acá y Erik Oña sería el director. La temática central es el lenguaje hablado como sonido. No hay una ilación ni una historia, sino más bien fragmentos literarios.

 

En mayo volviste a dirigir tu pieza ganadora el Altazor, “Parphé II”, en un concierto del Taller, y siendo que es una pieza que evidentemente tiene tu sello, sonó algo más tradicional y menos radical, en comparación a tus trabajos anteriores, o a la música de alumnos tuyos que también se tocó esa noche. ¿Tú lo sientes así?

En cierta medida sí. Puede que sea más blanda, más consonante, más cálida. Yo esperaba que en el momento central, donde hay una situación rítmica que se queda detenida, se diera un momento de tensión formal, no sonora. Pero no resultó de esa manera. Pero sí admito que puede ser una pieza más “clásica”.

 

Ahora se viene el musical chileno “Corazón Mestizo”, donde colaborarás, entre otros, con el tenor Tito Beltrán y la cantante pop Daniela Castillo, lo que también marca una novedad en tu carrera.

Mi participación consiste en trabajar en directamente con Alejandro Pinto, el autor del musical. Yo traspasé las canciones, las escribí en piano, y les di forma armónica.  Yo me involucré en este proyecto porque cuando escuché las canciones de Alejandro… ¡Las encontré tan lindas! Yo encontré algo desde la propia música. Tú puedes hallar algo en la música popular que te llevar a generar ciertos puentes, lo que al principio puede parecer ser antagónico con lo que hago habitualmente. Si alguien viene, y te muestra canciones que están bien hechas, es la propia música la que te mueve.

 

Finalmente, en la ceremonia del Altazor, criticaste seriamente al proceso de postulación del Fondart. Aprovecha este momento, y di lo que quieras.

Partiría reconociendo, antes de hacer cualquier crítica, que estamos viviendo un momento muy hermoso en Chile, y creo que no deberíamos desaprovecharlo. Hay estudiantes que nos sorprenden. Nunca había habido tantos ensambles. Hay directores, hay salas. A mí me tocó ser jurado en la última versión del Concurso de Composición “Luis Advis”, y creo que los estudiantes están escribiendo muy bien. Si hay antagonismos, pueden echar por tierra todo esto. La crítica es que no nos demos cuenta de lo que tenemos. No hay que luchar por espacios personales en la música, me refiero a eso de que “unos” aparezcan y “otros” no. No podemos echar abajo todo por tonteras personales de ciertos compositores, y algunos círculos académicos.

 

Álvaro Gallegos M.

16/11/2011

 

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