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Estás leyendo: Magnus Lindberg: “la orquesta sinfónica es una máquina de escribir perfecta”

El prestigioso compositor finlandés conversó con nuestro medio sobre su labor como compositor en residencia de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, así como de su última composición “EXPO”, estrenada por aquella agrupación en el comienzo de su primera temporada con el joven Alan Gilbert al mando.

Este año la Orquesta Filarmónica de Nueva York estrenó a un nuevo director titular, Alan Gilbert, el primer neoyorquino en asumir el puesto. Entre las novedades impulsadas por Gilbert para la temporada 2009-2010 del notable conjunto se encuentra la creación del puesto de compositor en residencia. Esta labor recayó en el compositor finlandés Magnus Linderg (n.1958).

Su última composición “EXPO” fue creada especialmente para el concierto inaugural de la nueva temporada de la Filarmónica de Nueva York y fue bien recibida por el público. Perteneciente a una aventajada generación de músicos de su país, que también comprende a Esa-Pekka Salonen y Kaija Saariaho, Lindberg es uno de los compositores contemporáneos más reconocidos en el mundo entero. En entrevista con Radio Beethoven se refiere a su labor junto a la orquesta norteamericana y reflexiona sobre su estilo compositivo.

 

Cuéntenos sobre “EXPO”, esta nueva pieza que fue compuesta especialmente para la New York Philharmonic.

Alan Gilbert me pidió escribir una pieza para la apertura de la temporada con él como director musical dela Filarmónica. Queríapartir con una obra nueva y acordamos en que debería durar unos diez minutos para que calzara con el programa. También fue mi reencuentro con la agrupación, ya que ellos habían tocado una pieza mía hace unos diez años. Yo quise que esta obra fuera característica de mi estilo y llegue a una partitura donde encontramos música muy rápida y muy lenta. El comienzo de “EXPO” de alguna manera dicta lo que es el resto de la obra, nos da el marco con el cual trabajé. Yo siempre trato en mi música de dar una sensación de direccionalidad, de que algo va a pasar, o de que algo va a cambiar. Así, la música que era rápida pasa a ser lenta y la lenta se vuelve rápida, creando una compleja textura que caracterizala pieza. Tambiénquise que esta obra fuera festiva por la ocasión del comienzo de esta nueva etapa de la orquesta con Alan al mando. Y finalmente debo decir que es una partitura muy virtuosa. La Filarmónica de Nueva York es una orquesta fantástica y lo que ellos pueden conseguir cuando interpretan es extraordinario. Es una agrupación que ha adquirido un sonido totalmente propio y único.

 

Usted ve sus obras como procesos armónicos, lo que es bastante notorio en esta obra. Se notan además ciertos aires franceses en algunos pasajes. Leí que usted conectaba la pieza con la música de Messiaen.

En el comienzo inaugural, mi obra fue seguida por el maravilloso ciclo de Messiaen, “Poemes Pour Mi”, y en la segunda parte del programa se tocóla “SinfoníaFantástica” de Berlioz. Y aun cuando “EXPO” no depende de estas obras maestras, cuando comencé a escribirla quise de alguna manera situarla en el contexto de lo que se iba a tocar, por eso utilicé ciertos acordes a la manera de Messiaen. Pero eso es meramente un asunto del material básico que usé. Cualquiera cosa que ayude a impulsar la creación, sea el concierto, la orquesta o los músicos, está bien. El material con el que uno comienza luego demanda su propio desarrollo y su propio lenguaje. Ahí es cuando el compositor toma el rol de un “director teatral”, donde se enseña a los intérpretes a comportarse en una obra.

 

¿Es el mismo mundo sonoro de obras orquestales más antiguas como “Fresco”, “Cantigas” o “Engine”?

En una manera sí, hay una continuidad. Afortunadamente, las cosas cambian, y uno trata de seguir nuevos caminos y abrir capítulos que no han sido escritos. Pero no puedo abstraerme de mis experiencias pasadas. Existen compositores que lo hacen, y tratan de partir siempre de cero. Para mí eso no funciona, porque yo veo toda mi carrera como un proceso. Afortunadamente hay elementos de mi estilo que siguen presentes, como la sensación de drama, el trabajo con el contraste. Quizás mi lenguaje se ha vuelto menos áspero con los años, pero sigo teniendo una fuerte conexión con la música que escribí cuando comencé a componer.

 

¿Qué es un compositor en residencia? ¿En qué consiste su labor? En nuestro país no existe tal figura.

Tengo muchas funciones acá. Lo primero consiste en escribir nuevas obras para la orquesta, como “EXPO” para el concierto inaugural, y luego debo escribir otra para fines de junio en un programa que incluirá la Missa Solemnis de Beethoven. Además, la orquesta interpretará otra obras anteriores mías, como el Concierto para Clarinete en un concierto en el Carnegie Hall. Además, hemos fundado un nuevo conjunto llamado The Contact, con miembros dela orquesta. Esuna agrupación de alrededor de 30 miembros, dedicada a la nueva música. Para sus conciertos hay encargos de siete obras nuevas escritas por mí y dos colegas europeos, Marc-André Dalvabie y Matthias Pintscher. Además, cinco compositores norteamericanos muy jóvenes trabajarán con nosotros. Aparte de eso, trabajaré en talleres para compositores en formación, es decir que todavía estudian enla universidad. Paraeso tenemos un convenio con la Universidad de Columbia. Finalmente, participaré en charlas relacionadas con los programas de la orquesta, cada vez que se toque música contemporánea.

 

Usted dijo una vez que su instrumento favorito es la orquesta sinfónica, y es obvio que ha preferido el medio orquestal en las últimas décadas. ¿Cuál es su visión del presente de la orquesta? Hay gente que se queja de que no ha evolucionado desde el romanticismo.

Evidentemente es un “instrumento” que alcanzó su mayor florecimiento en el romanticismo, hace unos 100 años. Desde luego hubo otros compositores que trataron de expandirla aun más, y pienso en Mahler o en Schoenberg en su “Gurrelieder”. Yo siento que la orquesta establecida en el siglo diecinueve no fue algo solamente fortuito. Fue algo que vino de la experiencia con el sonido, es una combinación perfecta de colores. Ahí está el desafío para el compositor, inventar un lenguaje propio al escribir para una orquesta. Para mí, la orquesta sinfónica es como la máquina de escribir perfecta, puedes hacer lo que quieras. Pero hay que cultivar la forma en que se escribe. Por supuesto, si un compositor quiere elementos extras, con instrumentos que no son parte de la orquesta estándar, como instrumentos orientales o latinoamericanos, eso está bien, mientras tenga un significado musical.

 

Hace mucho eran usuales en sus obras los medios electrónicos, pero en los últimos diez años no lo ha ocupado. ¿Ya no son interesantes para usted?

Las últimas obras con electrónica que escrito fueron alrededor de mediados de la década de los ’90. Es algo que simplemente se ha dado así. A mí me sigue interesando la electrónica, pero principalmente el uso de ella en tiempo real. Pero espero tener pronto un proyecto en esa dirección. Es impresionante lo que se puede hacer en nuestros días con una computadora laptop. Hay que encontrar tiempo para conocer las nuevas herramientas y softwares antes de crear una nueva pieza.

 

En varias entrevistas usted ha citado como influencias el trabajo de grupos rock como Pink Floyd o Emerson, Lake & Palmer. ¿En qué medida la música de estas agrupaciones ha afectado su música?

Cuando yo era joven escuchaba mucho esa música. Mi fascinación era con el sorprendente mundo sonoro que conjuntos como esos, del mundo del rock y la música popular, lograban gracias a los estudios de grabación. El escribir para una orquesta sinfónica es de alguna manera como trabajar en un estudio. Es como una gran mesa de mezclas, donde tienes una gran cantidad de canales, y tienes que estar preocupado del sonido, y de “ecualizar” adecuadamente. Yo creo que pensar de esa manera, además de mi propia experiencia al trabajar en estudios de grabación, han sido de gran ayuda cuando escribo para una orquesta sinfónica.

 

Por Álvaro Gallegos M.

14/10/2009

 

 

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