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Danzas y dioses
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Danzas y dioses


Por: - 20 de octubre de 2016

Una suite de concierto de “El Ocaso de los Dioses” coronó el debut en el ciclo de conciertos del Municipal del nuevo director residente Pedro-Pablo Prudencio.

La Orquesta Filarmónica de Santiago ofreció lo que fue uno de sus más atractivos conciertos, programáticamente hablando, de la temporada 2016, junto a su nuevo director residente, el maestro chileno-boliviano formado en Alemania Pedro-Pablo Prudencio, quien realizó así su debut en ese cargo en el ciclo de conciertos del rebautizado Municipal de Santiago-Opera Nacional de Chile. El magnetismo de la oferta es que reunía a Mozart, Wagner y Debussy, tres compositores que innovaron, a la vez que ensalzaron el arte de la composición en sus respectivos momentos históricos y geográficos.

La magistral Sinfonía 40 de Mozart se ubicó al inicio, con un enfoque de tintes dramáticos, donde el director enfatizó el espíritu proto-romántico de la música, y construyendo un puente espiritual y musical con lo que esperaba a los auditores más adelante. Sólido trabajo de ensamblaje por parte de Prudencio, pero con quiebres y errores puntuales en algunos músicos ajenos a su responsabilidad. El poco escuchado díptico debussyano “Danza Sacra y Danza Profana”, sirvió para dejar el drama y sumergirnos en un mundo onírico, con esos suaves contornos elusivos tan propios del lenguaje del francés. El arpa solista estuvo a cargo de Alida Fabris, quien reafirma su total solvencia y el ser probablemente uno de los puntos fuertes del contingente humano que conforma la OFS.

Han pasado 20 años desde que se montó en el Municipal la saga de “El Anillo de los Nibelungos” de Wagner, y mientras que hoy el volver a ver esas cuatro impactantes óperas aquí parece un sueño lejano, el teatro nos consoló con una segunda parte dedicada a selecciones orquestales de “El Ocaso de los Dioses”, usualmente considera la más grandiosa de la tetralogía.  El punto climático se halló en la escena final de la obra, la conocida “Inmolación de Brunilda”, con la participación de la soprano Maureen Marambio, quien mostró una vez más su talento y su cercanía con el espíritu de esta música haciendo el mejor uso de su poderosa voz. Antes de este demoledor desenlace, Prudencio y la masa orquestal transitaron sin mayores contratiempos por el viaje de Sigfrido por el Rin, su muerte y la electrizante marcha fúnebre por el héroe caído. Una buena dosis de Wagner luego de tres años de que se montó una ópera del compositor en el recinto, apuntando también a futuras incursiones de la OFS en obras para gran orquesta, como “Así Habló Zarathustra” de Strauss y la Cuarta Sinfonía de Bruckner, que se escucharán en marzo próximo.

 

Álvaro Gallegos M.

19/10/2016

Fotos: Patricio Melo

 

 

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