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Schubert, Franz

Biografías

Schubert, Franz

Nacimiento: Viena, 1797-1-31 Muerte: Viena, 1828-11-19 Nacionalidad: Austriaco

Franz Schubert ha sido el compositor de lieder más notable de la historia de la música y sus logros en ese género influyeron considerablemente las obras maestras que produjo dentro del ámbito instrumental. Estas partituras adoptaron el original estilo desarrollado en sus canciones, un estilo caracterizado por un intenso e inagotable lirismo, un singular sentido de la construcción armónica, una magia especial para ilustrar a través de la música los sentimientos de las palabras y una abundante imaginación para modificar las estructuras de acuerdo a sus necesidades expresivas. Una vez que esos elementos conformaron el lenguaje maduro de Schubert, su música no sólo adquirió más libertad y espontaneidad, sino que también otorgó una mayor trascendencia al enfoque subjetivo y a la idea poética. Pero si hubo oportunidades en que el autor sacrificó el balance y la forma de sus trabajos para desenvolverse en esquemas más flexibles, jamás llegó a prescindir de las estructuras clásicas, y por ello no se le considera como un precursor de lo Romántico, sino más bien como el último en seguir la senda de Haydn, Mozart y Beethoven.

Así como demostró un notable caudal melódico y un interés casi espontáneo por los detalles, Schubert fue un pionero en ciertos aspectos tonales y armónicos que, lamentablemente, no pudieron ejercer mucha influencia sobre los compositores que le siguieron. Por la época en que se hicieron conocidas sus principales obras, tales avances ya formaban parte de un arte musical que se desplazaba por otros rumbos. Sólo las décadas finales del siglo XIX revelaron toda su genialidad a un ámbito más amplio e, inclusive, su estilo encontró seguidores tan eminentes como Brahms, Dvorak, Bruckner y Mahler. Esta mayor difusión de su creación ayudó también a profundizar el poco conocimiento que se tenía de los diversos aspectos de su corta vida, treinta y un años de edad, la que había transcurrido, casi por completo, en la ciudad de Viena. Allí nació en 1797 y estudió hasta 1813; durante un tiempo fue maestro de escuela y luego se relacionó, hasta su muerte en 1828, con una clase media educada, burguesa y bohemia que provocó, gracias a su interés por aprender y cultivar las artes, un fenómeno social vigoroso e importante en esa época. En dichos círculos Schubert pudo disfrutar, por primera y única vez en su vida, de una verdadera admiración por su talento.

Fue también en ese ambiente donde Schubert encontró inspiración y motivación para dar vida a sus primeras obras de madurez, más de doscientas canciones escritas entre 1814 y 1817 que incluyen a títulos como Gretchen am Spinnrade, Rastlose Liebe, Erlkönig, Heidenröslein, Der Wanderer, Ganymed, An die Musik, Der tod und das mädchen y Die forelle. Varias de estas canciones nutrieron, años después, algunas de las obras que marcaron la madurez de Schubert en distintos ámbitos instrumentales, como por ejemplo el Quinteto D.667 La Trucha, la Fantasía D.760 El Caminante o el Cuarteto D.810 La muerte y la doncella. Dos ciclos de canciones también delimitan distintas etapas en el estilo del compositor. Primero fue La Bella Molinera, punto culminante de su evolución en el género gracias a un incomparable balance entre las palabras y la música, una profunda identificación con el mundo y la situación emocional del poeta, así como una expresión del detalle textual más pequeño que confirma su sitial como “dramatista” musical. Luego vino Viaje de Invierno, primera obra de Schubert en que aparece un sentimiento de tragedia y que determina toda una nueva atmósfera dentro de su producción, así como una mayor riqueza armónica y un desarrollo temático más intelectual.

Pero también hubo momentos específicos de su vida que determinaron el curso de una creación. El caso más demostrativo lo presenta la Octava Sinfonía, conocida como Inconclusa e iniciada en octubre de 1822. Muchas teorías se han desarrollado en torno al hecho de que Schubert nunca completara esta sinfonía, pero los argumentos son contradictorios respecto a la evidencia que se tiene. Al parecer, Schubert, un hombre extremadamente sensible, no completó la partitura presionado por eventos personales y el tener conocimiento, solamente un mes después, que había contraído una grave enfermedad venérea. De hecho, este padecimiento le mortificó hasta el fin de su existencia y, un primer signo de su rechazo a este mal, fue deshacerse de la partitura entregando su manuscrito, en su estado incompleto, a Josef Huttenbrenner. A su vez, Josef se lo obsequió a su hermano Anselm y éste lo conservó hasta que, en 1865, se lo entregó al director Johann Herbeck para que estrenara la obra en Viena.

1828 fue el último año de vida de Franz Schubert y su enorme producción en esa etapa da a su muerte un aspecto abrumador y trágico. El continuo pedido de sus editores por trabajos cortos para piano, unido con el deseo de encontrar un mercado en Alemania, puede ser la razón por la que Schubert produjo tantas piezas de este tipo en estos meses. Estas obras son eminentemente líricas y presentan diversos estados de ánimo, siendo dramáticas, meditativas o apasionadas, presagiando el desarrollo más libre que tendrían las formas pianísticas en manos de aquellos compositores del romanticismo. Quizá los mejores ejemplos en este aspecto de su producción lo constituyen sus Momentos Musicales y sus Impromptus. Pero también aparecen en ese período obras tan trascendentes como el ciclo de canciones Canto del Cisne, la Novena Sinfonía o las tres últimas sonatas para piano. Sin duda, se trata de una etapa en el cual el músico se desarrolló enormemente, concibiendo partituras desbordantes de ideas, ampliamente grandiosas y orientadas hacia nuevas direcciones. Y ninguna revelaba signos de declinación a pesar de que su salud se deterioraba progresivamente.

Y si El Canto del Cisne fue un epílogo maestro a la extensa serie de canciones que Schubert habia escrito durante su carrera artística, la Novena Sinfonía marca el más importante aporte del maestro a la literatura orquestal. Conocida como “La Grande”, esta partitura fue objeto de constantes revisiones que, a la postre, le otorgaron un mayor significado melódico: ninguna otra creación de Schubert presenta la imaginación, poesía y ardiente expresión que posee cada melodía de esta sinfonía. Aunque el autor nunca pudo escucharla completa, hay evidencia de que la obra fue ensayada en Viena en 1828, pero por ser considerada excesivamente difícil se le archivó. Una década más tarde, Robert Schumann encontró la partitura entre varios manuscritos que conservaba Ferdinand, hermano de Franz, y la envió a Felix Mendelssohn, quien realizó su estreno en la Gewandhaus de Leipzig el 29 de marzo de 1839. El caso de la Novena Sinfonía es sólo una muestra del destino que sufrió la producción de Schubert, ya que la mayoría no se publicó mientras vivió y gran parte de su música cayó en el olvido poco después de su muerte…

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