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Biografías

Copland, Aaron

Nacimiento: Brooklyn, N.York, 1900-11-14 Muerte: Peekskill, N.York, 1990-12-2 Nacionalidad: Estadounidense

Cuando se habla de “sonido americano”, término que normalmente se asocia con claridad, agudeza y espacio, el primer compositor que viene a la memoria es quien quizás lo concretó. Y no se trata sólo de un estilo referido a los Estados Unidos, ya que su influencia se dejó sentir incluso en la música de varios compositores latinoamericanos.

Aaron Copland desarrolló los fundamentos de este “sonido” a partir del jazz, la vanguardia europea, como así también de las tradiciones folclóricas de su país y otros cercanos. Gracias a este encuentro entre lo abstracto y la inspiración popular, la música de Copland adquirió un sitial tan privilegiado como para afectar a toda una generación; tal fenómeno se vio reforzado con su trascendente actividad como profesor y promotor de muchos artistas, ya fuera dirigiendo en la sala de conciertos o realizando programas de radio y televisión.

Nacido en Brooklyn en 1900, Copland estudió en Nueva York con Karl Goldmark (1917-21) y en París con Nadia Boulanger (1921-24). Mientras en su país conoció la tradición clásica y romántica, en Francia se interesó por el sonido moderno de Stravinsky, Debussy, Prokofiev, Milhaud y Roussel, adquiriendo la confianza técnica suficiente para producir, de vuelta en Nueva York, el que llegó a ser su primer éxito creativo, la Sinfonía para órgano y orquesta.

Luego de este retorno Copland decidió establecer una verdadera música de concierto americana y comenzó por incorporar elementos del jazz en obras como Música para Teatro (la que, curiosamente, nunca fue creada para algo escénico) o el Concierto para Piano. No obstante la favorable acogida lograda por ambas, el autor pronto abandonó el jazz al considerar que su perspectiva emocional era limitada y que ciertamente una música que buscara representar a su país no podía estar sujeta sólo a los moldes jazzísticos.

Una segunda etapa, que algunos denominan “esotérica”, comienza en la carrera de Copland cuando su música adquiere un toque de mayor modernismo siguiendo los estilos que en esa época mostraban Stravinsky, Prokofiev o Milhaud. Aunque obras de este período, como Statements o Short Symphony, se encuentran entre las mejores de Copland, ellas no lograron éxito entre un público agobiado por la Gran Depresión que recién se dejaba sentir sobre su país.

Por esa razón fue que tras escribir estos trabajos abstractos y desafiantes entre fines de los 20 y comienzos de los 30, el autor tomó la decisión de dirigir su arte ya no a una audiencia especializada en música moderna sino al melómano común… “tratando de decir lo que quiero en los términos más simples y directos posibles, pero manteniendo la calidad musical”…

Un componente vital del nuevo acercamiento populista de Copland fue el empleo de material folclórico estadounidense. Así pasó del jazz y de un estilo más austero a las danzas, himnos y canciones de la tradición americana, con un estilo renovado que buscaba aceptación abrazando la esencia del espíritu estadounidense a través de su propia música. Curiosamente Copland recurrió primero a la música folclórica extranjera, con El Salón México de 1936, y luego al mundo de los vaqueros, con los ballets Billy the Kid de 1938 y Rodeo de 1942, todas partituras exitosas a nivel internacional desde un comienzo.

Pero este paso de lo “esóterico” a lo marcadamente populista no significó abandonar los elementos más abstractos de su arte, y como una especie de fusión de los distintos aspectos que hasta entonces habían afectado su estilo, aparecieron obras como El retrato de Lincoln, Primavera en los Apalaches y la Tercera Sinfonía, entre 1942 y 1946.

Es en este encuentro entre inspiración popular y lo abstracto donde descansa, desde entonces, la fama de Copland, no obstante ser la suya una producción que encierra bastantes partituras de una naturaleza más compleja, e incluso severa. De hecho, varios trabajos tardíos del compositor adoptaron un tono “menos accesible”, sobretodo a fines de la década del 60, marcando en cierta medida una conclusión más profunda a su carrera.

Hasta 1972 una prodigiosa actividad lo había llevado a unos sesenta programas de televisión en los Estados Unidos y Europa, a recibir premios de la crítica neoyorquina, la Academia del Cine y honores en instituciones musicales de todo el mundo, incluso de la Universidad de Chile, así como a dirigir y participar en diversas organizaciones artísticas de su país. Sin embargo, con la llegada de los 70 Aaron Copland comenzó a sufrir los primeros síntomas del mal de Alzheimer y producto de ello encontró cada vez más difícil componer. Por esta razón son escasas las partituras surgidas de su pluma desde entonces y hasta el final de su vida en 1990.

Fuentes:Encyclopaedia of 20th Century Music (Paul Griffiths, 1986)

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