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Beethoven, Ludwig van

Biografías

Beethoven, Ludwig van

Nacimiento: Bonn, 1770-12-17 Muerte: Viena, 1827-3-26 Nacionalidad: Alemán

Estudió primero con su padre, Johann, cantante e instrumentista al servicio del Elector de Colonia en Bonn. Luego con C.G.Neefe, organista de la corte. En 1787 viaja a Viena pero debe retornar rápidamente a Bonn al saber que su madre estaba muriendo. Cinco años más tarde está de vuelta y se establece en Viena.

Allí quiere continuar su formación y estudia primero con Haydn, pero el choque de temperamentos lo hace seguir su aprendizaje con Schenk, Albrechtsberger y Salieri. Hata 1794 es sostenido por el Elector en Bonn, pero encuentra patrones entre la aristocracia melómana de Viena y pronto disfruta del éxito como pianista virtuoso, tocando principalmente en casas y palacios.

Su debut en público se produce en 1795, casi al mismo tiempo que aparecen sus primeras publicaciones importantes, los tres tríos con piano Op.1 y las tres sonatas para piano Op.2. Se dice que como pianista Beethoven tenía pasión, brillo y fantasía, así como profundidad de sentimiento.

Naturalmente las sonatas para piano revelan el lado más original del músico. La Sonata Patética pertenece a 1799 y la Sonata Claro de Luna a 1801, ambas representando las más obvias innovaciones en estilo y contenido emocional. Esos años también apreciaron la composición de los primeros tres conciertos para piano, sus primeras dos sinfonías y el grupo de seis cuartetos Op.18.

1802 fue un año de crisis para Beethoven al comprobar que la audición dispar que había notado por algún tiempo era incurable y de seguro empeoraría. Ese otoño, en una villa en las afueras de Viena, Heiligenstadt, escribió un documento tipo testamento, dirigido a sus dos hermanos y describiendo la amargura provocada por su aflicción y sugiriendo que pensaba que la muerte estaba cerca.

Pero Beethoven sobrellevó esto con determinación y entró en una nueva fase creativa, generalmente llamada “el periodo medio”, que se caracterizó por un tono heroico, evidente en la tercera sinfonía (conocida como Eroica y dedicada originalmente a Napoleón), en la quinta sinfonía (donde el sombrío modo del primer movimiento en do menor conduce a un triunfante final) y su ópera Fidelio. Aquí el tema heroico se hace explícito en la historia, en donde (siguiendo la tradición de “ópera de rescate” de la post-revolución francesa) una esposa salva a su marido prisionero de la muerte en manos de sus opresivos enemigos políticos.

Los cuartetos de cuerdas del periodo, publicados con el Op.59, también son heroicos en escala: el primero está concebido con gran amplitud y contiene un sentido de triunfo mientras el intenso Adagio conduce a un jubiloso final basado en una melodía folclórica rusa (a pedido del dedicatario, el conde Razumovsky).

Fidelio, estrenada sin éxito, fue dos veces revisada por Beethoven y sus libretistas, consiguiendo suceso en su versión definitiva de 1814. Aquí aparece más énfasis en la fuerza moral de la historia, que no sólo tiene que ver con libertad y justicia, así como heroísmo, sino también con amor conyugal, y en el carácter de la heroína Leonora, la imagen idealiza de Beethoven de la mujer.

Aunque en su vida no encontró el amor, varias veces estuvo enamorado, usualmente de alumnas aristócratas (muchas de ellas casadas), y si no era rechazado no encontraba la mujer adecuada a sus ideales. Sin embargo, en 1812 escribió una apasionada carta de amor a una “Eterna Amada” (probablemente Antonie Brentano, una mujer de Viena casada con un hombre de negocios de Frankfurt), pero probablemente la carta nunca fue enviada.

Con sus poderosas y expansivas obras de este periodo medio, que incluyen la Sinfonías Sexta (Pastoral), Séptima y Octava, los Conciertos para Piano N°4 y N°5 (Emperador) y el Concierto para Violín, así como varias partituras de cámara y sonatas para piano (tales como Waldstein y Appassionata), Beethoven ganó su sitial como el más grande compositor de su tiempo.

Su carrera como pianista había terminado en 1808 y ese año consideró dejar Viena para tomar un cargo en Alemania, pero tres nobles vieneses se unieron para proporcionarle un ingreso económico seguro y, por ende, Beethoven decidió permanecer allí. Lamentablemente el plan fracasó con las guerras napoleónicas ya que sus patrones sufrieron pérdidas y el valor de la moneda austriaca decayó.

Los años posteriores a 1812 fueron relativamente poco productivos. Parece ser que Beethoven se encontraba seriamente depresivo, por su sordera y la resultante soledad, por el fracaso de sus esperanzas maritales y (desde 1815) por la ansiedad de lograr la custodia de un sobrino, lo que le introdujo en acciones legales. Pero cuando salió de estos problemas comenzó a escribir sus obras más profundas, las que seguramente reflejan algo de lo que había estado sufriendo.

Hay siete sonatas para piano en este “periodo tardío”, incluyendo la turbulenta Hammerklavier Op.106 y la Op.110, ambas con fugas y una escritura mucho más excéntrica de lo que normalmente se piensa para el instrumento. También esta la Gran Misa y la Sinfonía N°9 (Coral) donde el extenso final con variaciones es una musicalización para solistas y coro de la Oda a la Alegría de Schiller.

Y además está el grupo de cuartetos de cuerdas, con música en un nuevo plano de profundidad espiritual, con sus ideas exaltadas, abruptos contrastes e intensidad emocional. El tradicional esquema de cuatro movimientos y las formas convencionales son descartadas a favor de diseños en seis o siete movimientos, algunos fugados, otros cercanos a las variaciones, algunos tipo canción, otros marciales, incluso uno parecido a un preludio coral.

Para Beethoven, el acto de componer siempre había sido una lucha como lo muestran los tortuosos escritos en sus manuscritos, y en estas creaciones tardías, el senido de esfuerzo agonizante es parte de la música.

El gusto musical en Viena había cambiado durante las primeras décadas del siglo 19, el público estaba principalmente interesado en la ópera italiana liviana (especialmente Rossini) y la música de cámara “más fácil”, así como las canciones, se adecuaban al gusto burgués que prevalecía. Pero los vieneses estaban conscientes de la grandeza de Beethoven.

Ellos aplaudieron la Sinfonía Coral aún cuando la consideraron difícil, y si bien quedaron estupefactos por los últimos cuartetos, sintieron su extraordinaria cualidad visionaria. Su reputación se extendía incluso más allá de Viena: la última Misa fue estrenada en San Petersburgo y el encargo inicial que condujo a la Sinfonía Coral provenía de la Sociedad Filarmónica de Londres.

Y cuando murió, a comienzos de 1827, se dice que asistieron 10000 personas a su funeral. Al fin y al cabo Beethoven había llegado a ser una figura pública como ningún compositor lo había sido antes. Y a diferencia de la generación precedente, Beethoven nunca fue un proveedor de música para la nobleza con la que compartía. Y de hecho creó la figura del artista como héroe y del hombre como un ser libre.

Fuente: The New Grove Dictionary of Music and Musicians

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