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Oratorios ingleses de Haendel
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Oratorios ingleses de Haendel


Por: - 16 de octubre de 2017

A las 22 horas presentamos una selección de estas obras: Baltasar, Hércules, Judas Macabeo, Josué y Salomón.

Lunes 16 de octubre

Baltasar (selección)
Solistas, The English Concert / Trevor Pinnock

Martes 17 de octubre

Hércules (selección)
Solistas, Coro Monteverdi, Solistas Barrocos Ingleses / John Eliot Gardiner

Miércoles 18 de octubre

Judas Macabeo (selección)
Solistas, Coro New College Oxford, The King’s Consort / Robert King

Jueves 19 de octubre

Josué (selección)
Solistas, Coro New College Oxford, The King’s Consort / Robert King

Viernes 20 de octubre

Salomón (selección)
Solistas, Coro Monteverdi, Solistas Barrocos Ingleses / John Eliot Gardiner

Esta semana continuamos presentando una selección de oratorios ingleses de Georg Friedrich Haendel.

Baltasar

El éxito de sus oratorios llevó a Haendel a preparar una ambiciosa temporada en 1744 y 1745, alquiló el King’s Theatre, presentó veinticuatro conciertos con oratorios y estrenó Hércules y Baltasar. Si bien superaban en riqueza musical y visión dramática a casi todo lo escrito antes, estas obras no fueron bien recibidas y la temporada terminó fracasando.

Baltasar fue el último oratorio de Haendel con un libreto de Charles Jennens, el autor de Saúl, Mesías e Israel en Egipto. Una vez más, Jennens incluyó sus creencias religiosas y morales para reivindicar la palabra de los profetas del Antiguo Testamento, agregando a la caída de Babilonia el cumplimiento de la predicción divina aludida en textos griegos.

Haendel caracteriza con particular detalle tanto a los protagonistas como a las naciones: exuberancia para Babilonia, trompetas marciales para Persia y monumentalidad para los hebreos. Asimismo, su descripción de la aparición de la mano de Dios provocó sorpresa en el público de la época por su poder ilustrativo.

Babilonia es asediada por los persas, Baltasar desafía a los esclavos hebreos y al profeta Daniel que predice la liberación de su pueblo. Nitocris lamenta la decadencia moral y le pide a Baltasar más respeto, pero él provoca al dios hebreo con un banquete depravado, donde obliga a beber de los cálices sagrados robados del templo de Jerusalén.

Mientras Ciro desvía el río Eufrates para construir un paso y se dirige a Babilonia, en la fiesta aparece la mano de Dios y escribe algo en el muro. Solamente Daniel lo descifra y anuncia la caída de Baltasar. Nitocris ruega a su hijo que se arrepiente, él no lo hace y se escuchan los soldados persas acercándose.

Cuando Ciro y su ejército entran a palacio, Baltasar intenta defenderse, pero está ebrio y es asesinado. Nitocris se rinde. Ciro le pide que piense en él como un hijo y no como un enemigo. Un coro de judíos cautivos celebra la victoria. El rey persa promete liberarlos, así como reconstruir el templo de Jerusalén.

Hércules

Para la ambiciosa temporada de conciertos que preparó entre 1744 y 1745, que consistía de veinticuatro funciones destinadas solamente a oratorios, Haendel escribió dos nuevas obras, Baltasar y Hércules. A pesar de ser partituras magistrales en contenido dramático y musical, no fueron bien recibidas y su fracaso llevó al autor a cancelar la temporada.

Hércules se estrenó en enero de 1745, en formato de oratorio, pero Haendel describió la obra como “un drama musical”. Su estructura más cercana a la ópera y un contenido que trata el poder destructivo de los celos con un giro irónico aparentemente confundieron al público y eventualmente atentaron contra el éxito de la partitura.

Con libreto de Thomas Broughton, basado en Sófocles y Ovidio, la obra se inicia con el desconsuelo de Deyanira, convencida de que su marido Hércules ha muerto en el campo de batalla. El oráculo indica que el héroe ha muerto, pero su hijo Hilo no lo cree y en el momento en que prepara la búsqueda de su padre, Licas anuncia que su padre ha vuelto.

Entre los prisioneros trae a Yole, una princesa de legendaria belleza. Deyanira sospecha que Hércules le engaña con ella, mientras Hilo le declara su amor y es rechazado. Desea recuperar a su marido y recurre al supuesto poder mágico de la sangre de Neso, centauro vencido por Hércules, y empapa una capa con ella, sin saber que es veneno.

Hércules recibe el regalo y muere. Se realiza su funeral y Deyanira recibe las noticias de una gloriosa recepción dada al héroe en el Olimpo. Descubre que ha sido el instrumento de su muerte y se sumerge en la locura. Este cruel destino infunde piedad en Yole y ella acepta casarse con Hilo.

Judas Macabeo

1745 fue un año complicado para Haendel. La creciente oposición del público operático hacia sus oratorios se unió a una notoria falta de interés entre sus seguidores y un boicot organizado por Lady Margaret Cecil Brown. Esto causó el fracaso económico, y el final anticipado, de una ambiciosa temporada de veinticuatro conciertos con oratorios.

Después de tomar vacaciones para recuperarse de la depresión y el cansancio, inició una nueva obra en el otoño de 1745, el oratorio Judas Macabeo, pero tuvo que interrumpir la creación para preparar una partitura que sería presentada en febrero de 1746, el Oratorio Ocasional, pieza de propaganda para motivar el patriotismo durante la rebelión jacobita.

Haendel volvió al Covent Garden en marzo de 1747, remplazó el sistema de suscripción por el acceso a todo público y obtuvo enorme éxito económico y social: primera vez una misma sala acogió a público de distintos estratos y esa audiencia recibió con entusiasmo el estreno de Judas Macabeo en abril.

Sin aludir de manera directa la situación entre Inglaterra y Escocia, Thomas Morell creó un libreto que ensalzó el espíritu nacional, y como el encargo provino de un hermano de Jorge Segundo, Haendel plasmó una metáfora de la victoria del hermano menor del rey, el duque de Cumberland, sobre las fuerzas rebeldes del príncipe Carlos Eduardo.

El oratorio se inicia con la muerte de Matatías, líder de los judíos contra los seléucidas y su religión pagana. Su hijo Simón trata de restablecer la fe y su hermano Judas Macabeo asume el liderazgo, infundiendo en la gente la búsqueda de libertad y victoria con ayuda del poder de Jehová.

Después de triunfar en una batalla, los judíos pasan de la alegría al lamento al saber que los seléucidas se vengarán. Judas insiste que las religiones falsas deben ser resistidas y los altares paganos destruidos. Una nueva victoria, y las noticias de que Roma intentará aliarse con Judas contra el imperio seléucida, conducen a la celebración final.

Josué

A pesar de algunos fracasos, la década de 1740 trajo consigo la consolidación artística y económica de Haendel en el ámbito del oratorio. Tras abandonar de manera definitiva la composición y producción de óperas, se concentró en el oratorio y profundizó el aspecto dramático, reforzó el rol del coro y recurrió a variados elementos descriptivos.

Entre los oratorios más exitosos estuvo Josué y su cantidad de presentaciones solamente fue superada por Judas Macabeo mientras vivió el autor, una popularidad favorecida por la incorporación del coro “See the conqu’ring hero comes” escrito originalmente para el oratorio Josué en 1747 e incorporado más tarde en Judas Macabeo.

Haendel quiso repetir la fórmula ganadora de Judas Macabeo, de un héroe judío y coros triunfantes, pero Morell condensó las campañas contra Jericó, Hai y los cinco reyes, así como expandió el lado romántico en los roles de Acsa y Otoniel. Si Josué representa al héroe y Caleb al patriarca, Otoniel es el equilibrio entre guerrero y devoto amante.

La rica orquestación realza momentos como la caída de las murallas y la destrucción de Jericó, precedida por una de las marchas más solemnes del autor y seguida de una parte coral no menos impresionante, la detención del sol y la luna a cargo de Josué, así como el triunfal retorno del guerrero tras la batalla.

Mientras los israelitas celebran la conquista de Canaán, un ángel ordena a Josué destruir Jericó. Otoniel y Acsa celebran su amor cuando se inicia el ataque a Jericó. Después del asedio de seis días, las murallas caen y Caleb mata a todos los sobrevivientes, excepto a Rahab, simpatizante de los israelitas.

Sigue la campaña contra Hai. Josué cree que la mala luz afectará la batalla, ordena al sol y la luna que se detengan. Vencen al enemigo pero todavía falta conquistar una ciudad y Caleb ofrece la mano de Acsa a quien someta a Debir. Otoniel lo logra y a su retorno es recibido de manera triunfante, mientras Caleb bendice su matrimonio con Acsa.

Salomón

Después del estreno de Judas Macabeo en 1747, Haendel desarrolló una rutina regular y próspera que incluía la presentación de doce oratorios en la época de Cuaresma de cada año en el Covent Garden. A las reposiciones se sumaron obras nuevas, sobre todo tras el impulso creativo que, entre 1747 y 1748, dio como resultado Joshua, Salomón y Susana.

Aunque se desconoce al libretista de Salomón y Susana, es evidente que ambos tuvieron al mismo autor, ya que recuperaron cierta imaginería natural perdida en los textos de los oratorios precedentes de Thomas Morell. Y a pesar de retener la pompa y el patriotismo, Salomón inició la profundización dramática y filosófica concretada en Teodora y Jefté.

Si Judas Macabeo fue la metáfora del triunfo del duque de Cumberland sobre las fuerzas rebeldes, Salomón pareció reflejar aquella sociedad ideal que Haendel veía en el reinado de Jorge Segundo. Esto generó buenas expectativas en el compositor, pero el estreno del oratorio, en marzo de 1749, no tuvo éxito y la obra solamente se presentó tres veces.

Salomón no sólo tiene la orquesta más grande y los coros ceremoniales más imponentes de todos los oratorios de Haendel, sino también reúne una variedad musical y dramática excepcional de emociones y escenas, retratando desde la sabiduría, la felicidad conyugal y el juicio de Salomón hasta la visita de la reina de Saba o el suntuoso final.

El oratorio se inicia con Salomón y su gente celebrando la consagración del Templo que ha levantado en Jerusalén. El monarca también disfruta de la felicidad marital y promete construir un palacio para su reina. Luego aparece el famoso juicio en que el rey resuelve la disputa de dos prostitutas por un bebé.

Llega la reina de Saba en una visita de estado. El rey y su pueblo la entretienen con una obra teatral sobre la música, la gloria militar, la desesperanza del amante infeliz. Ella se despide sobrecogida y agradece con oro, piedras preciosas, incienso y especias. Al final todos celebran al sabio Salomón y su reinado de paz, felicidad y prosperidad.

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