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30 años de música y cultura en Antofagasta

Antofa 6

La Orquesta Sinfónica de Antofagasta cerró su temporada de la mano del director Fabrizzio De Negri, con un exitoso concierto que demuestra el bueno momento que atraviesa la ciudad nortina en cuanto a oferta cultural y musical.

Fuera de la capital, uno de los proyectos que lleva la delantera en cuanto a oferta cultural y su progreso es el de la Corporación Cultural de Antofagasta. Esta entidad que en 2014 celebró sus 30 años de actividad, mantiene escuelas de ballet, música y bellas artes, además de mantener una activa agenda durante el año, que incluye teatro, música de raíz folkórica, jazz, danza, ópera, conciertos de cámara, y por supuesto, música orquestal a cargo de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta, todo con sede en el Teatro Municipal de Antofagasta.

El desarrollo que ha tenido la ciudad del norte es patente. La urbe crece y los edificios proliferan. La corporación no se ha quedado atrás, ya que ha crecido también su actividad exponencialmente. Según su director, Mauro Robles, el gran hito de las celebraciones de estos 30 años fue la restauración de la fachada del teatro, con un enorme mural realizado por el artista Luis Núñez San Martín. Es el símbolo de la nueva cara que tiene la cultura en un punto del país que tiene mucho que decir en esta materia.

La Orquesta Sinfónica de Antofagasta es un conjunto profesional con una planta de 55 músicos, y como es la realidad de muchas agrupaciones, utiliza extras para adecuarse a las exigencias de distintos repertorios, lo que los ha llevado a asumir desafíos de programación. El pasado 5 de diciembre cerró su temporada junto al director invitado Fabrizzio De Negri, titular de la Banda Sinfónica FACH y también un laborioso compositor. El plato principal de este concierto consistió de música para el cine, en un programa titulado “Hollywood Sinfónico”.

La sala antofagastina se repletó, como era de esperar por la transversalidad y familiaridad que denota este tipo de repertorio, aunque en lo netamente artístico hubo un par de flaquezas que es necesario hacer notar. En primer lugar, las programaciones dedicadas a la música de cine tienden a ser extremadamente fragmentarias, lo que se traduce en un “picoteo” de movimientos, temas y fragmentos, faltando la consistencia. La selección tuvo de todo, desde música de innegable calidad (“El Padrino” de Nino Rota, “Psicosis” de Bernard Herrmann, “Lawrence de Arabia” de Maurice Jarre y “E.T.” de John Williams) a fragmentos de un romanticismo edulcorado (“Africa Mía” de John Barry) o de una insoportable liviandad (“Misión: Imposible” de Lalo Schifrin). Distinto es cuando se hace una suite de concierto de una de esta partituras, ya que la ordenación de movimientos otorga equilibrio formal.

El otro problema fue el uso de proyecciones de video, con escenas de las películas cuya música se interpretaba. Este es un recurso bastante cuestionable. Vale la pena recordar lo que fue la infumable presentación de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Praga hace cuatro años, cuando al aparecer imágenes de películas, los asistentes cuchicheaban tratando de recordar nombres de actores de antaño en vez de concentrarse en la música. Aquí sucedió lo mismo. La gracia de tener música de películas en las salas de concierto es el poder apreciarlas meramente como música, dejando de lado la asociación a los filmes y sus diálogos.

Pero no todo fue hollywoodense en este concierto, ya que la primera parte del programa contempló dos obras propiamente de la sala de conciertos. Se inició con el poema sinfónico “Noche en el Monte Calvo” de Mussorgsky, donde De Negri obtuvo una férrea respuesta por parte de los antofagastinos. Lamentablemente, se proyectó la animación que realizara Disney en su film “Fantasia”, banalizando lo que pudo ser una poderosa apertura.

También se contó en este concierto final con la presencia de dos solistas locales, el clarinetista Marko Santelices y el flautista José Santelices, ambos provenientes de una familia de músicos de la zona. La obra fue el Concertino para flauta, clarinete y cuerdas de Ernest Bloch, una composición que refleja la inclinación neoclásica de este compositor suizo. Pese a no ser una creación deslumbrante, se convirtió en lo más logrado del concierto, gracias a una refinada conducción de De Negri y el dedicado trabajo de las cuerdas nortinas.

Como balance, se puede afirmar que la orquesta antofagastina tiene muchísimo potencial, que viene desde la gestión y llega a la voluntad de asumir retos artísticos. De Negri, por su parte, visto los resultados obtenidos en Mussorsgsky, Bloch y los puntos altos del segmento de cine (como el tema de amor de “El Ataque de los Clones” de John Williams), vuelve a demostrar que es un músico que está para grandes cosas, y que podría abordar repertorios de mayor envergadura. Sería bueno escucharlo en Mahler, Bartók, Varèse, Ives, etcétera, más que en programas que picotean fragmentos.

 

Álvaro Gallegos M.

09/12/2012

 

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